Pandemia, Marginalidad y Organización Comunitaria


Por: Gersán Joseph Garzón gjoseph@gmx.es | Publicado el: 08 abril 2020

El Covid-19 se originó en China, en diciembre. El virus se propaga principalmente de persona a persona, sobre todo mediante gotículas respiratorias que se producen cuando una persona infectada tose o estornuda. Por ello, se ha impuesto el distanciamiento social, como medida de barrera para reducir los contagios.

La cuarentena, una medida necesaria para atajar el virus, ha causado dificultades por la situación de desigualdad, marginalización y pobreza en los países latinoamericanos. En Centroamérica, Panamá y países de Suramérica, se han puesto en práctica diversas medidas de soporte a la población, dependiendo de los recursos del Estado.

En los ámbitos de las ciudades latinoamericanas surgieron barrios populares conocidos como: favelas, villas miserias, tugurios, callampas, barriadas de emergencia, barriadas brujas, que se convirtieron en una expresión cruda de la desigualdad y la exclusión social.

Estos barrios es donde los jóvenes pierden la vida por “ingesta de plomo”. También son barrios donde la exclusión social y la marginalización orillan a los jóvenes, en muchos casos a delinquir, en pandillas y bandas que les ofrecen un sentido de pertenencia, donde la sociedad les falló. En algunos barrios, se intervino y surgieron programas de vivienda social denominados de “renovación urbana”, donde habitan familias pobres que experimentan precariedad, caldo de cultivo para los desertores escolares, jóvenes que sufren de acoso policial y perfilamiento racial, por su condición social, color de piel, o forma de vestir.

Muchas de las llamadas “soluciones de viviendas”, han sido diseñadas obedeciendo al fenómeno de la “gentrificación”, una tendencia de aumento exorbitante del valor de las edificaciones remodeladas, que empuja el cambio de la dinámica urbana de los barrios históricos y el desplazamiento de sus moradores pobres, a la periferia, mediante proyectos como “techos de esperanza”, que no cumplen con las mínimas condiciones de habitabilidad, sin acceso fluido al agua potable. En las actuales circunstancias, muchos de estos ciudadanos no tienen las condiciones para habitar en condiciones dignas, que priorizaron la reducción de los espacios y en muchos casos la calidad de los materiales, amén de la inseguridad y violencia.

La pobreza urbana, la desigualdad y la exclusión social en las ciudades del siglo XXI, implican condiciones ampliadas de precariedad y un recrudecimiento de las desigualdades sociales expresadas en la calidad diferenciada de bienes y servicios de la ciudad según origen socioeconómico y étnico, con el ingrediente adicional del lugar de residencia. Los ciudadanos deben aprender a vivir en un espacio en el que se experimentan todo tipo de riesgos, donde la vida comunitaria experimenta deterioro y adelgazamiento de la cohesión social, con la consiguiente escalada de violencia e inseguridad ciudadana. (Ramírez y Ziccardi, 2008).

Beck destaca que: “Con la extensión de los riesgos de la modernización (con la puesta en peligro de la naturaleza, de la salud, de la alimentación, etc.) se relativizan las diferencias y los límites sociales…los riesgos despliegan dentro de su radio de acción y entre los afectados por ellos un efecto igualador.” (Beck: 2006, 52)

Países como la India, han confinado a sus ciudadanos en sus viviendas suponen ya un tercio de la población mundial que según las últimas cifras de la ONU es de 7.800 millones de personas en 2020.  La mayoría de los países que han instaurado estas medidas de confinamiento obligatorio de la población lo han hecho con restricciones de movimiento y con el cierre de algunos comercios no esenciales. Estados Unidos, Italia, China, España, Alemania, Irán, Francia, Reino Unido, figuran como los países con mayores contagios y número de fallecidos.

MEDIDAS IMPLANTADAS POR LA PANDEMIA DE COVID-19

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PAÍS

MEDIDAS DE APOYO

AYUDA ECONÓMICA

EDUCACIÓN

1

 EL SALVADOR

Suspensión de pagos de servicios de energía eléctrica, agua potable, televisión por cable, internet y telefonía.

US$ 300 a 1,5 millones de hogares que consumen menos de 250 kilovatios al mes.

Suspensión de las clases de escuelas y universidades

2

COSTA RICA

Bancos públicos y privados aplicarán la directriz disminuir tasas de interés, extender plazos de crédito y prorrogar pagos.

Reestablecer los servicios suspendidos por morosidad, y generar mecanismos de acuerdos de pago por un plazo de dos meses.

Suspensión de las clases de escuelas y universidades

3

PANAMÁ

Se aplazó la fecha de pago de impuestos hasta el 31 de diciembre.

Flexibilidad en el pago de los servicios públicos.

Reducción en el costo de la energía eléctrica.

US$50 millones de dólares para entregar bonos, que pudieran ser de entre US$75 y US$100, para las personas que vieron afectados. Entrega de bolsas con alimentos para familias de escasos recursos.

Suspensión de las clases de escuelas y universidades.

4

COLOMBIA

Créditos blandos para pequeñas y medianas empresas y devolución del Iva para los colombianos más pobres.

Se ordena reconexión del servicio de agua potable a las familias que estén sin acceso al líquido por falta de pago.

Por dos meses los adultos mayores y beneficiarios del programa Familias en Acción en todo el país recibirán un giro adicional.

Créditos blandos para las pequeñas y medianas empresas y la devolución del impuesto al valor agregado para los colombianos más pobres.

Suspensión de las clases de escuelas y universidades.

5

VENEZUELA

Prohíbe a las compañías privadas de telecomunicaciones la suspensión de servicios por falta de pago.

“Bonos especiales” destinados a trabajadores informales y del sector privado para marzo y abril.

Supresión del pago de alquileres de comercios y vivienda principal durante seis meses.

Suspensión de las clases de escuelas y universidades.

Fuente: Elaboración propia con base en datos de CNN en español

Es evidente que las condiciones de desigualdad reinante, hacen que está pandemia sea especialmente aguda y dejará una marca indeleble en nuestras sociedades, por la inequidad que ya venía sufriendo la región, donde se ven agudizadas por la crisis del covid-19, y por las condiciones estructurales de economías con un altísimo porcentaje de desigualdad, marginalidad y exclusión social, aunados a una limitada respuesta de las medidas económicas de gobiernos para solventar la precariedad económica de miles y miles de familias, empobrecidas históricamente. El tráfico de drogas, la corrupción, la privatización de los activos del Estado, los perversos incentivos fiscales que son la verdadera evasión fiscal, de las élites económicas, el endeudamiento creciente, la malversación de fondos públicos, los contratos directos, el lavado de dinero, el aumento de la pobreza, la violencia y la delincuencia, son las lacras sociales endémicas, que azotan a Latinoamérica.

Wacquant destaca que: “La regulación de las clases populares a través de lo que Pierre Bourdieu llama la mano izquierda del Estado, simbolizada por la educación, la salud, asistencia y la vivienda social, es sustituida por la regulación que realiza la mano derecha (policía, justicia y cárcel), cada vez más activa e inserta en las zonas inferiores del espacio social. La reafirmación obsesiva del derecho a la seguridad, correlativa al abandono del derecho al trabajo, en su antigua forma.” (Wacquant:2010,142)

Todas estas limitantes se ven potencializadas con la actual pandemia del covid-19, lo que constituye una dificultad que deberá ser afrontada, sugerimos nosotros, con la organización comunitaria, la organización barrial, la participación de líderes comunitarios, organizaciones de vecinos, Iglesias  y con la participación de profesionales de las ciencias sociales en apoyo al desarrollo de redes comunitarias, que fortalezcan la cohesión social, apoyadas en profesionales de Trabajo Social, el desarrollo de la planificación de las acciones con la participación de economistas, y los sociólogos, entre otros que fortalezcan las estructuras basadas en las comunidades que conocen su realidad. Esta organización que surge de la dinámica de la propia gente, va coadyuvar en el afrontamiento y  la resiliencia a las nuevas condiciones del contexto de riesgo aprendiendo a manejar la bioseguridad que tendrá que ser uno de los nuevos contenidos de  la educación para la comunidad y la sociedad, en adelante.

El autor, es Doctor y Catedrático Universitario de la facultad de Economía y Miembro del Colegio de Economistas de Panamá


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