BICENTENARIO: Simón Bolívar y sus Maestros


Por: Carlos Aguirre Castillo | Publicado el: 13 octubre 2021

El artículo que aparece a continuación, fue publicado por LA ESTRELLA DE PANAMÁ el domingo 24 de julio de 1988 durante el convulsionado período del noriegato, y nace como producto de una investigación realizada durante la finalización de un seminario que tomé denominado “Bolívar: su pensamiento y su obra”, en el que participaron exponentes nacionales y extranjeros de la talla de Ricaurte Soler y Eduardo Galeano. Pero en vista de que las dos últimas cuartillas contenían material comparativo que contrariaban  el proceder del gran Libertador Simón Bolívar y el de Manuel Antonio Noriega, en esos momentos, y debido a que dicho periódico confrontaba ciertas desavenencias con el gobierno de turno, los directivos decidieron MUTILARLAS, incluyendo también las notas bibliográficas. Jamás condené esta acción por parte del director de uno de los más antiguos y respetados diarios de entera credibilidad de la República de Panamá, precisamente por el peligro que representaban las publicaciones que de una u otra forma adversaban el statu quo del momento. Ellos se disculparon ante mi persona, pero no solamente comprendí su proceder, sino que les mostré mi agradecimiento y admiración por su valentía.

El documento original se me extravió con el pasar de los años por lo que se me hace imposible transcribirlo en su totalidad, pero en virtud de la celebración del BICENTENARIO de la independencia de Panamá de España (1821-2021),  vale la pena presentar la parte más importante de esta publicación a las actuales generaciones, con el fin de que valoren, imiten, y de ser posible emulen el pensamiento bolivariano en la segunda de las tres etapas por la que EL GRAN LIBERTADOR DE LATINOAMÉRICA tuvo que atravesar. A continuación, transcribo totalmente el artículo en función del deterioro que ha sufrido con el tiempo que impide leerlo directamente.

La educación de Simón Bolívar, durante los primeros años, fue muy controvertida y heterogénea debido a una serie de circunstancias históricas t factores económicos-sociales. Como muchos sabemos, Bolívar provenía de una rica familia que, para esa época, había adquirido títulos nobiliarios que podían comprarse fácilmente si se disponía de grandes sumas de dinero. El haber nacido en “Cuna de oro” y bajo una marcada estratificación de clases sociales, contribuyó a que su etapa infantil se desarrollara dentro de un ambiente de mimos y tolerancias que iban más allá de los límites de tolerancia infantil recomendada por psicólogos de las sociedades del presente siglo, que a su vez era propiciada por el sistema de servidumbre existente en la época y, por supuesto, en su propia hacienda, bajo la actitud de reverencia “al pequeño amo”. Esto trajo como consecuencia el distorsionamiento de su carácter que se reflejó a través de la rebeldía, la imperiosidad y la arrogancia, demostrada más tarde tanto a sus primeros maestros como a las demás personas que le rodeaban dentro y fuera de la hacienda de sus padres.

El Gran Libertador tuvo varios maestros que intentaron darle una buena formación intelectual de acuerdo a las últimas innovaciones de la época, entre los cuales podemos mencionar a Car4rasco y Vides, Fray Jesús Nazareno y Zidardia, el presbítero José Antonio Negrete, Fray Francisco de Andújar autorizado por el Marqués de Palacios para crear una academia dentro de la misma hacienda, especialmente para la instrucción de Bolívar), y el ilustre hombre de letras conocido     universalmente, don Andrés Bello,    quien    puso  a  su   disposición  las especialidades de Historia y Literatura. Su vocación era el ejercicio de las armas, pero junto al adiestramiento práctico de los deberes militares aprendía matemáticas, dibujo topográfico, física, historia y muchas otras disciplinas. Sin embargo, poco fue lo que estos grandes hombres pudieron lograr en la educación y formación intelectual del rebelde Simón, pues, casi todos daban inicio a sus labores tratando de meterle inmediatamente los conocimientos académicos sin dar lugar a protesta alguna por parte de éste, y sin tratar de entender, primero, los orígenes de su controvertido carácter y de establecer, en primera instancia, un clima de comprensión y sincera amistad que le permitiese depositar una plena confianza en sus instructores.

Con respecto al más importante de todos sus maestros, su guía y amigo de confianza, Simón Carreño o Simón Rodríguez (como se le llamaría después) o Samuel Robinson (último nombre utilizado), las cosas marcharon totalmente diferentes, ya que este gran maestro sí estableció, en su primer contacto con el pequeño Bolívar, ese clima de comprensión y amistad que él tanto necesitaba. Su método fue radicalmente diferente al utilizado por los maestros anteriores. Su pensamiento e ideología iban más allá de las ideas liberales de la época. Impregnado en los grandes avances y en las nuevas ideas de la ilustración recopiladas por los enciclopedistas, puso en práctica los conocimientos adquiridos, tomando como modelo, principalmente, a Montesquieu con su obra “El espíritu de las leyes”, Maquiavelo y su magna obra “El Príncipe”, pero sobre todo a Juan Jacobo Rousseau y su gran aporte “El Emilio”, cuya obra representó, para Rodríguez, el instrumento de primera mano en la formación integral de la personalidad de Bolívar. Esto se debió a que los protagonistas de la mencionada obra encajaban perfectamente en el problema real a que se enfrentaba el Maestro, de acuerdo a los antecedentes del Libertador.

Liévano Aguirre establece marcadas diferencias entre los maestros anteriores de Bolívar y el método utilizado, en primera instancia, por Simón Rodríguez, cuando nos dice “Le interrogó sobre los juegos y deportes que más les gustaban, sobre sus paseos, comodidades y diversiones, a todo lo cual él respondió con entusiasmo, creándose así una sincera amistad” (1). De esta manera el “Rousseau Americano” empezaba a descubrir a su “Emilio”, y éste, al mismo tiempo, descubría a su maestro y amigo ideal.

Algunos años más tarde, después de la muerte de su querida esposa. Bolívar regresa a Europa. Después de establecerse en París conoce a uno de los sabios más grandes de la Época Moderna, Alejandro Von Humboldt que influye poderosamente en su personalidad ( ya para este tiempo muy formada por Simón Rodríguez), mediante una conversación muy amena sostenida en casa de éste, donde, a petición de Bolívar, Humboldt le explica y le da luz de los grande y hermosa que es nuestra América y de las grandes riquezas que ésta guardaba en su seno, dignas de ser explotadas y administradas por sus propios hijos.

Un año después de su entrevista con Humboldt, Bolívar viajó a Roma, al Monte Sacro, donde sintetiza las experiencias adquiridas y pone de manifiesto la influencia de su gran Maestro, a través de su formación integral, y de Napoleón Bonaparte, quien le sirve de ejemplo con la realización de grandes conquistas europeas (aunque después llegó a diferir de éste debido a sus ansias de poder y gloria), y finalmente de Humboldt, quien, mediante la conversación aludida, pone el sello en las ideas de libertad ya pre-establecidas (sic) en el pensamiento del futuro Libertador. Es aquí, frente a la histórica Roma, donde emite su inmortal juramento, y que según Simón Rodríguez, quien se encontraba junto a él en ese momento, lo expresó en los siguientes términos: “Juro delante de Usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria, que no daré descanso a mi Brazo ni reposo a mi alma hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español” (2). En este momento y en este juramento vemos a un Bolívar transformado, consciente de los problemas que agobiaban a los países latinoamericanos y, específicamente, a su “patria chica”: Venezuela. Sin embargo, esto sólo era el inicio de su transformación real y positiva. Más adelante, Bolívar se irá desprendiendo poco a poco, de las clases privilegiadas para salir al frente de los campesinos, indios y negros libertos o esclavos. Esto ocurre durante la segunda etapa de su transformación personal, y es cuando el Dr. Ricaurte Soler sostiene que en Bolívar “…alcanza su máxima tensión la síntesis y disociación de la cuestión nacional y la cuestión social” (3). En otras palabras, Bolívar pasa del plano de los grupos privilegiados que defienden sus intereses mezquinos, al plano de la defensa de los intereses de carácter social. Y no solamente de los caraqueños, sino de todos los latinoamericanos que en esos momentos soportaban el peso de los vejámenes y la explotación por parte del español peninsular como del mismo criollo terrateniente.

Profesor de historia de la Universidad de Panamá (CRUA)

 

 

 

 

 

 


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