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El Ecole Polytechnique

Por: Mauro Zuñiga | Publicado el: 27 mayo 2026



“Es tal la diferencia en este aspecto entre la situación de hace no más de treinta años y la actual, que mientras en aquellos no tan lejanos días quien quería saber si una persona había recibido una educación superior preguntaba: ¿conoce bien los autores griegos y latinos?, hoy pregunta: ¿está bien en matemáticas, está al corriente de las conquistas de la física, de la química, de la historia natural, en una palabra, de las ciencias positivas y de la observación?”, sostenía el socialista utópico, el conde de Saint-Simón en 1813.

El socialista falseaba la ciencia universal aristotélica cambiando el nombre a ciencias positivas.

La confusión que generaba la fusión entre teología natural y la pretendida ciencia universal capaz de hacerse cargo de todo lo real (absolutismo de la naturaleza), sin restricción alguna (validez de los sentidos), estudiándolo en tanto que algo que es, llevó al equivocado repudio del aristotelismo medieval, renacentista e ilustrado.

Ha sido repudiado, mal interpretado, falseado, y, como un axioma, usado por sus enemigos en el propio acto de negarlo. Todo el progreso intelectual que los seres humanos han conseguido se apoya en sus logros.

El profesor John Herman Randall Jr. sostiene que, aunque los científicos modernos rechazaron a Aristóteles al enfrentarse a las interpretaciones religiosas de su pensamiento, muchos de sus avances científicos conservaron una base aristotélica implícita. Según Randall, aun sin reconocerlo plenamente, estos científicos terminaron desarrollando y aplicando en la práctica varias de las consecuencias contenidas en las teorías aristotélicas.

De la ciencia universal se deducían las auténticas ciencias naturales y exactas, cuya máxima expresión se alcanzó con la metodología newtoniana. También las disciplinas sociales usando la racionalidad como virtud cardinal alcanzaron su pico con los derechos individuales inalienables, el patrón oro clásico y la ley de Say de los mercados libres.

Todo este extraordinario desarrollo, incluyendo el avance científico, el surgimiento de Estados Unidos y la industrialización, constituyó una anomalía histórica. Las ideas que hicieron posibles estos logros ya comenzaban a debilitarse y a desaparecer precisamente en el mismo período en que daban origen a transformaciones tan trascendentales.

“Es sabido que la Ilustración francesa se caracterizó por un entusiasmo general por las ciencias naturales como nunca se había conocido. Voltaire es el padre de aquel culto a Newton, que posteriormente Saint-Simón elevaría a cotas ridículas”, señaló el economista austriaco Friedrich Hayek.

Immanuel Kant fue el mayor responsable de eliminar la metafísica como ciencia universal y Lagrange liberó la mecánica finalmente de todos los conceptos metafísicos y la reformuló en su totalidad sin referencia alguna a las causas últimas, limitándose a describir las leyes por las que se conectan los efectos.

Fue el matemático Condorcet, a finales del siglo XVIII, quien instó a que el método de las ciencias naturales sea el único legítimo en el tratamiento de los problemas de la sociedad, porque “ajeno a nuestra raza estudiaría la sociedad humana del mismo modo que nosotros estudiamos la de los castores o la de las abejas”.

Equiparar al más complejo de los animales, el ser humano, con castores o abejas es consecuencia del abandono de la ciencia universal: el individuo como ser racional comparte con los animales superiores las conciencia sensorial y perceptiva, pero se distingue en la hazaña de ser el único en poseer una conciencia conceptual volitiva.

Y si bien admite que se trata de un ideal inalcanzable, porque “el observador es parte de la sociedad”, exhorta insistentemente a los científicos a “introducir en las ciencias morales la filosofía y el método de las ciencias naturales”.

“Pero para establecer leyes del progreso humano que nos permita predecir el futuro, la historia debe dejar de ser historia de individuos y convertirse en historia de masas, y al mismo tiempo dejar de ser un registro de hechos individuales y basarse en la observación sistemática”, aclaró Hayek, ganador de un premio Nobel en economía.

El propio Condorcet fue víctima de la Revolución francesa, toda vez que sus reformas educativas, a principios del siglo XIX, se concretaron en aquella gran organización institucionalizada y centralizada de la ciencia desarrollada en el Ecole Polytechnique, el modelo imitado por todo el mundo, cuna del nuevo tipo que fue tan importante e influyente a finales del siglo, el especialista técnico al que se le considera ilustrado porque ha pasado por escuelas difíciles, pero que nada o muy poco conoce acerca de la sociedad, su vida, desarrollo, problemas y valores.

“Fue precisamente en este ambiente en el que Saint-Simón concibió algunas de los primeras y más famosos planes para la reorganización de la sociedad, y que fue en la Ecole donde, durante los primeros años de su existencia recibieron su formación Augusto Comte, Prosper Enfantín, Víctor Considérant, y algunos centenares de rusonianos y fourieristas posteriores, seguidos de una legión de reformadores sociales a lo largo del siglo, hasta Georges Sorel”, describía Hayek.

La nueva organización social consistía en que “los fisiólogos echen de su compañía a los filósofos, moralistas y metafísicos, del mismo modo que los astrónomos han echado a los astrólogos y los químicos a los alquimistas”. Los representantes de Dios en la tierra privarían de sus funciones al papa, a los cardenales, a los obispos y a los sacerdotes, ya que estos no comprenden la ciencia divina que Dios les ha confiado y que un día transformará de nuevo la tierra en un paraíso.

“Así se formó toda una generación para la gran reserva de sabiduría social, la única forma en que realmente se transmite la comprensión de los procesos sociales que tuvieron las grandes mentes, la gran literatura de todos los tiempos fue un libro cerrado”, lamentaría Hayek.

Hoy en día ese tecnócrata es un especialista que conoce como nadie su parcela de la realidad, pero, a la vez, se siente ilustrado de opinar sobre los problemas y valores sociales señalando el progreso humano mediante la ingeniería social: asignación arbitraria de recursos y fijación caprichosa de precios, salarios e intereses; el ius positivista: la formulación de normas procedimentales sin contenido sustantivo de justicia, moralidad o conducta humana; el econométrico: la matematización de la

economía reduciendo al animal racional basado en el patrón oro clásico a un ser estadístico en el universo del dinero fiat; y el periodista con sus retratos empíricos o positivistas de la vida diaria.

El autor es Magíster y Docente de la facultad de Comunicación Social

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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