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Un Coctel de Trastornos Hormonales

Por: Irene Castillero |



Las hormonas son un conjunto de sustancias que el cuerpo produce para autorregular su funcionamiento y que son muy parecidas a las grasas. En la actualidad nuestro estilo de vida nos lleva a  buscar la solución más rápida para las distintas actividades del día a día. Antes teníamos tiempo por ejemplo para picar verduras, ahora sin embargo es más sencillo llevarlas listas del supermercado, lo que no representaría ningún problema si no fuera porque en los plásticos en los que se empaca se han encontrado sustancias nocivas que pasan a los alimentos que ingerimos y que se ha demostrado que tienen la capacidad de trastornar nuestras hormonas. Ahora bien, ¿qué consecuencias puede tener un sistema hormonal alterado? Un trastorno hormonal puede generar enfermedades crónicas degenerativas como  la diabetes; y también se ha relacionado con algunos tipos de cáncer como el cáncer de mama.

Sin darnos cuenta, estamos rodeados de sustancias de uso diario que son perjudiciales a la salud y que incorporamos a nuestro cuerpo ya sea porque los ingerimos, los respiramos o los tocamos. Uno de los primeros tipos de sustancias estudiadas y que tienen un efecto nocivo sobre nuestro sistema hormonal son los compuestos orgánicos persistentes, como su nombre lo indica son muy estables y pueden demorar años en descomponerse, además son muy afines a las grasas lo que implica que pueden acumularse en nuestro cuerpo, el ejemplo más común es el DDT, cuyo uso agrícola fue prohibido en Panamá en el año 1997, sin embargo aún podría encontrarse en el tejido graso de muchas personas. Estudios en España han confirmado la presencia de esta sustancia en las placentas, lo que supone una exposición del feto desde etapas tempranas y vitales de su desarrollo, lo que podría desencadenar en enfermedades a edades más avanzadas.

Los compuestos persistentes no son la única fuente de sustancias que trastornan las hormonas (mejor conocidas como disruptores endocrinos, D.E.) y a las que estamos expuestos a diario. Podemos encontrar DE en detergentes, cosméticos, plásticos y hasta en la forma en la que preparamos nuestros alimentos. Aunque podríamos decir que los niveles a los que nos exponemos son bajos, la suma de todas las exposiciones puede ser acumulativa ya sea aditiva o sinérgica (una dosis cóctel) y los trastornos hormonales pueden afectar tanto a mujeres como a hombres.

Los compuestos perfluorados que son muy comunes en los utensilios de cocina antiadherentes están siendo reemplazados poco a poco ya que se ha demostrado su capacidad de trastorno hormonal pues tienen la facilidad de pasar a nuestros alimentos al ser cocinados en estas superficies, y ser acumulados por ingestión.

Por otro lado un cosmético, puede tener más de cincuenta compuestos en su etiqueta pero nombrados de manera especializada por lo que no es tan sencillo identificar si contiene algún componente nocivo, los más conocidos en la actualidad son la familia de los parabenos que tienen demostrada actividad  disruptora endocrina, pero también pueden encontrarse otras sustancias bromadas o ftalatos igualmente activas como DE.

Otra fuente de DE son los aparatos electrónicos que incorporan en su estructura compuestos bromados como retardadores de la llama (BFR por sus siglas en inglés, bromine flame retardant) y que también generan alteraciones hormonales,  entre ellos el más utilizado es el  PBDE (Poli Bromo Difenil Éter).

La buena noticia: con las correctas medidas podemos disminuir la exposición a estas sustancias. En cuanto a los alimentos podríamos elevar la calidad de los mismos practicando agricultura orgánica y  tratando en la medida de lo posible implementar huertos caseros. Debemos tratar de disminuir el embalaje, no solo por cuestiones ambientales y ecológicas sino también por nuestra salud, volver a hacer las compras con bolsos de tela reutilizables, preferir el vidrio y  disminuir la cantidad de plástico en contacto con nuestros alimentos es un buen inicio.

El apoyo a las investigaciones científicas que tienen como fin  comprobar el efecto de las diferentes sustancias con las que estamos en contacto diario así como las investigaciones que buscan remediar o prevenir estos efectos también es importante. La FACINET junto con El Instituto Especializado de Análisis de la Universidad de Panamá (IEA - UP), Universidad de Granada, España y SENACYT, están trabajando en un proyecto para colectar datos sobre los niveles de en nuestra población más sensible: las mujeres en su último trimestre de embarazo y durante la lactancia. Conocer nuestra situación en particular puede permitir diseñar y/o mejorar normativas para disminuir el efecto a la larga de estas sustancias en la población panameña.

La autora es MSc y profesora del Departamento de Química Analítica

 


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