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"Más que un error del pasado": 59 mujeres se gradúan en el Centro Femenino de Rehabilitación, forjando la libertad a través de la educación

Por: Itzel Campos | Publicado el: 18 noviembre 2025 | Fotografía: Cortesía




En un acto cargado de una emoción que trascendía las palabras, 59 mujeres cambiaron para siempre la narrativa de sus vidas. No fue en un auditorio convencional, sino entre los muros que una vez simbolizaron su encierro, donde hoy se vistieron con el honor toga y birrete. Son las nuevas graduadas de la extensión universitaria del Centro Regional Universitario de San Miguel, un anexo académico ubicado dentro del Centro Femenino de Rehabilitación (CEFERE), un proyecto que, durante 12 años, ha demostrado que la educación es la herramienta más poderosa para la reinserción social.

La ceremonia, celebrada este jueves, fue más que una graduación; fue una colectiva y simbólica liberación. La oradora principal, Mireya Noriega Cabrera, quien ostenta el índice académico más alto de la promoción, articuló con elocuencia el sentimiento de miles: “Hoy nos quitamos la vestidura de privadas y ex privadas de libertad… y nos revestimos de manera honorable con una nueva: la de mujeres profesionales”.

Un Sueño Hecho Realidad con Nombres Propios

Noriega no solo habló en nombre de sus compañeras, sino que rindió un sentido homenaje a los arquitectos de este “sueño hecho realidad”. Desde su génesis, mencionó a pioneros como el profesor Gilberto, las licenciadas Sharon Díaz y Sonia Villarreal, el doctor Luis Acosta y el doctor Gustavo García Paredes, quien impulsó el primer anexo universitario.

Con un aplauso cerrado y lágrimas en los ojos, las graduadas reconocieron la labor de su “padre académico”, el profesor José, a quien describieron como su defensor “a capa y espada”, un hombre cuyo “coraje y gran corazón” las impulsó desde el primer día hasta la meta final.

Pero el agradecimiento más sentido fue para los profesores y profesoras que, “valientemente, ingresaron dentro del penal a llevarnos lo más valioso que se le puede dar a un ser humano: la educación. Aun así, más allá de ello, su cariño, confianza y respeto”.

No una Fábrica de Profesionales, sino un Núcleo de Fuerzas Espirituales

El discurso de Noriega estuvo impregnado de la filosofía social que guía a la Universidad de Panamá. Citando al maestro Octavio Méndez Pereira, recordó que la alma máter no debe ser “una fábrica de profesionales egoístas”, sino “un núcleo de fuerzas espirituales” que forme hombres y mujeres “justos, comprensivos y coherentes”.

Bajo esta corriente de pensamiento, las 569 mujeres recibieron sus títulos —en licenciaturas y carreras técnicas—, que no son solo pergaminos, sino documentos “impregnados con un alto sentido social, académico y cultural”. Estos títulos son el fruto de programas innovadores forjados casi en su totalidad dentro del penal, como la Unidad de Investigación, proyectos de reciclaje, el club de lectura “Princesitas Soñadoras” y congresos científicos que demostraron que el conocimiento no conoce de rejas.

Un Modelo que Pide Crecimiento y Demuestra su Valor

La oradora destacó el invaluable apoyo de la Universidad de Panamá, que durante más de una década exoneró los costos de matrículas, créditos académicos, certificaciones y, crucialmente, la grabación de más de 80 grados. Esta inversión argumentó, es “la más provechosa a corto, mediano y largo plazo” para el país.

Ante las autoridades universitarias y nacionales presentes, incluyendo representantes del Ministerio de Gobierno, se hizo un llamado explícito: solicitar al Gobierno Nacional nuevas instalaciones para el Centro Regional Universitario de San Miguel, apostando así por la expansión de un modelo que ha probado su éxito.

Un Mensaje Final: El Arma del Conocimiento

Dirigiéndose directamente a sus “hermanas de batalla”, Noriega pintó un vívido retrato de la realidad carcelaria: un mundo de recursos escasos, depresión, ansiedad y dedos señaladores, donde “es más fácil elegir lo fácil”. Les agradeció por “decidir marcar la diferencia” y demostrar que “la vida tiene infinitos nuevos comienzos”.

“La única diferencia entre nosotras y ustedes es el nombre del título que hoy portamos”, afirmó, en una de las frases más contundentes de la jornada. "Úsalo como tu arma y no te detengas”.

La ceremonia culminó con una petición de la oradora: que todas sus compañeras se pusieran de pie en señal de respeto y agradecimiento a la Universidad de Panamá. Un mar de mujeres de pie, profesionales, libres en mente y espíritu, fue la imagen final que resumió doce años de una lucha titánica: la que se gana no con fuerza bruta, sino con los libros, la perseverancia y la fe inquebrantable en la capacidad de redención del ser humano.

 


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