Los rankings universitarios: herramientas para el cambio y la excelencia
“Los rankings son una oportunidad para celebrar la excelencia, evaluar el progreso e inspirar la innovación”, afirma la Dra. Alison Lloyd, rectora adjunta de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong, en un reportaje de Anton John Crace publicado en QS Insights. Esta afirmación refleja el espíritu de una discusión creciente sobre el papel que desempeñan las clasificaciones universitarias en el contexto de la educación superior global.
Inicialmente diseñados para orientar a los estudiantes en la elección de sus universidades, los QS World University Rankings se han transformado en herramientas clave para gobiernos, empleadores e instituciones. Como señala Crace, “las conversaciones en torno a los rankings han evolucionado” y ahora incluyen temas como el impacto de la investigación, los resultados laborales, la sostenibilidad y la reputación académica internacional.
Uno de los artífices de este cambio es Ben Sowter, vicepresidente sénior de QS, quien indica que las clasificaciones fueron concebidas como una forma de atraer estudiantes, pero con el tiempo evolucionaron en respuesta al creciente interés de universidades e instituciones por mejorar su posicionamiento. Crace explica cómo Sowter describe esta evolución como una relación simbiótica: “A medida que los estudiantes comenzaron a usar los rankings, las universidades comenzaron a interesarse más en ellos también”.
Un ejemplo concreto de este proceso es el de la Universidad UCSI en Malasia. El artículo de Crace detalla cómo esta institución, al notar la disminución de estudiantes locales, recurrió a los rankings para redefinir su estrategia institucional. Bajo la guía de Ts. Nur Zahdi Aldin, comenzaron a invertir en investigación, atraer personal internacional y apoyar estudios de doctorado, lo que finalmente les permitió ingresar en la clasificación global de QS en 2019.
En otras regiones, los rankings son utilizados como herramientas internas de análisis estratégico. En el caso de la Universidad de San José de Beirut (USJ), Crace relata que la institución ha creado comités que trabajan durante todo el año analizando indicadores y resultados, no solo para mejorar su posicionamiento, sino para tomar decisiones informadas que fortalezcan la calidad educativa y la innovación institucional. Ursala El Hage, una de las responsables del proceso, lo resume así: “Considero el ranking como una herramienta, no como un objetivo en sí mismo”.
El reportaje también recoge opiniones críticas que llaman a una reflexión más profunda sobre las limitaciones de estas clasificaciones. Jingwen Mu, directora de Planificación Estratégica en la Universidad Bautista de Hong Kong y experta en metodologías de ranking, se define como una “amiga crítica” del sistema. Crace cita su preocupación por el hecho de que muchas universidades celebran sus resultados sin entender del todo qué los compone. Para ella, “el dinamismo de las clasificaciones depende de que las personas las comprendan realmente”.
Otra voz destacada en el reportaje es la de Dave Amor, consultor británico, quien alerta sobre el riesgo de que los rankings fomenten desigualdades estructurales y una competencia que puede afectar negativamente a instituciones emergentes. Según Amor, citado por Crace, “sería ideal que las clasificaciones ofrecieran información más útil, adaptada a las verdaderas necesidades de los estudiantes”.
Anton John Crace concluye que, si bien los rankings no son perfectos, tienen un valor innegable. Citando al propio Ben Sowter, señala: “Todos los modelos son erróneos, pero algunos son útiles”. Esa utilidad —afirma— reside en su capacidad para estimular la reflexión, la mejora continua y la transformación del sistema educativo global.
Para la Universidad de Panamá, el análisis de estas perspectivas es clave para continuar su camino hacia la excelencia académica. Comprender los indicadores, metodologías y limitaciones de los rankings es esencial no solo para mejorar su posicionamiento internacional, sino para garantizar una formación pertinente, de calidad y con impacto social. Porque, como bien señala Crace en su artículo, “cuando hablamos de rankings, hablamos también de cambiar el mundo”.


