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El Cine Universitario

Por: Gricelda Castillo Escobar* | Publicado el: 01 diciembre 2016



La inteligencia humana, hasta ahora, pareciera no tener límites en su creatividad, inventiva y capacidad para proyectar y materializar concretando técnicamente, los que dé inicio, a lo largo de la historia, en su momento, originalmente parecieron, incluso desafueros de la imaginación y en los que quedan incluidas tanto las ideas como los procesos y sus respectivos productos en la corporeidad material de las que son dotados. 

En relación con ello, así como evolutivamente nuestro magnífico cerebro y la cooperación nos condujeron a la invención de esa perfecta herramienta de la comunicación humana, que es el lenguaje, el ejercicio evolutivo y milenario de innovar, nos llevó a crear ese otro  maravilloso instrumento, que nació mudo, pero que por su crecimiento y desarrollo, hoy ha alcanzado carácter comunicante audiovisual universal. Nos referimos, técnicamente, a la fotografía en movimiento y a los establecimientos para proyectarla. En su conjunto, hablamos del cine. 

Comúnmente, nos referimos a estas proyecciones no por su nombre técnico y más bien, en su corporeidad material, de manera formal fueron nombradas «películas» y así las llamamos. Por obra de los avances científicos, en la actualidad, podemos disponer de ellas en la televisión, en los teléfonos celulares, en los aipads y tabletas y en otros medios como las computadoras y hasta en relojes portátiles. Todos, herramientas sofisticadas de nuestro tiempo digital. 

Pero de entre todos esos medios a nuestra disposición, es el cine, como instalación originalmente creada para tal fin,  el modo al que las multitudes aún privilegian para ver y oír películas «de cine». 

Creado originalmente con fines recreativos, alcanzó, según era perfeccionado, progresivamente, estatus de negocio hasta asentarse firmemente como industria lucrativa. No obstante, esa condición de mercancía, no obró en desmedro de múltiples virtudes que hasta el presente, hacen merecedora de toda suerte de admiración a la cinematografía hasta el punto de ostentar hoy, legítimamente, el nombre de «El séptimo arte» y que en imagen real como en animación, mudo o sonoro, masivo o de arte, corporativo o independiente, igual que el resto de las artes, el cine se divide también en géneros: lo hay de drama, comedia, acción, histórico, documental, aventura, ecológico, terror, ciencia ficción, romántico, musical, de catástrofe, melodrama, fantasía, suspenso, policiaco, científico, bíblico, bélico, del oeste, erótico y hasta pornográfico. 

Hecho este prolegómeno, queremos realzar una de las virtudes cinematográficas, como es la de «mostrar» con versatilidad géneros y temas de los que habremos de extraer, como valor agregado a su valor intrínseco de recrear, una mayor utilidad y que, desde nuestra condición como docentes, pensamos que ha sido poco valorada al no considerarla una herramienta didáctica de valor indiscutible, en el propósito de apoyarnos en ella y efectuar el traspaso de ese apoyo en su mejor interés a nuestros discentes, para afinar sus competencias en materia de aprender, identificar, comparar, evaluar, discutir a profundidad y consolidar nuevo conocimiento sobre temas específicos programáticos de sus contenidos curriculares,  eficaz y eficientemente. 

Captar los temas, discutir y discurrir e interpretar asertivamente estos recursos audiovisuales que constituyen las películas, dentro del cine y fuera del aula,  son complementarios. Deja un grato sabor a los estudiantes la experiencia de  parangonar su propio esfuerzo cognitivo desempeñado en el salón de clases, con lo visto, escuchado y aprendido en el cine. 

Así visto, no se trata de cine-debate y, en todo caso, se trata de que nuestros estudiantes se vean abocados a la reflexión, al análisis y a la síntesis de cómo fueron, cómo son o cómo pudieran llegar a ser las cosas, en relación con el o los temas expuestos en una película, en confrontación o coincidencia, tanto con el discurso académico recibido en el aula, como con el terreno de la realidad.

Estimular el desarrollo de la reflexión a partir de la imagen audiovisual sabemos que no es inducir a tomar la imagen como una fiel copia de la realidad pero el observador sí puede construir o reconstruir, desde los parámetros que les proporcionamos académicamente, elementos complementarios con los que perfeccionar y consolidar conceptos y elevar el alcance de las explicaciones dadas por el docente, no por incomprensibles, sino porque el cine, así visto, tiene poder como transformador de la realidad para el que aprende.

Afortunadamente, visionaria como ha sido desde su temprana existencia, nuestra amada Universidad de Panamá, cuenta con el Cine Universitario, disponible para propios y para la comunidad y hasta para el cuerpo diplomático sito en nuestro país, que en esta instalación, ha llevado a cabo eventos exquisitos y exitosos, en algunos de los cuales hemos participado.

Por nuestra parte, a lo largo de nuestra vida docente, hemos hecho uso de todas las oportunidades posibles, año con año, semestre con semestre, para enriquecer a nuestros jóvenes pupilos con experiencias cinematográficas, funcionando como herramientas didácticas para temas de Antropología Física, Prehistoria, Cultura, Antropología Social, Antropología y Urbanismo, Biotecnología, Etnografía, Historia, Antropología y Globalización, Antropología y salud y otros cursos en relación con los cuales han debido ver y examinar filmes científico-documentales como El origen del hombre, La cacería del megalocero, Los últimos días de Pompeya, Amor primitivo, El Continente en Llamas, El señor de Las moscas, Nueva Guinea, isla de los caníbales, etc. Y otros filmes que no por provenir del circuito comercial, carecen de méritos didácticos, como Gladiador, Robocop I, Inteligencia artificial, El último samurai, Danza con lobos, El día después de mañana, La misión, Apocalipto, El Padrino I y II, La amistad, Ciudad difusa, El jardinero fiel, Los dioses deben estar locos, First Contac, Parque Jurásico, Alguien voló sobre el Nido del Cuko, Diarios de motocicleta y tantas otras, didácticamente útiles a nuestros objetivos académicos, que en un rasgo de vanidad y osadía, temerariamente, los antropólogos ocasionalmente pensamos, que de haberlas  producido nosotros, no habrían podido quedar mejores de lo que son.

Finalmente, para cerrar este artículo, considero no solo obligado, sino que apropiado, el reconocer y agradecer a la ñora directora, la licenciada Ludis Cárdenas y al equipo técnico, la paciencia, diligencia, esmero, puntualidad y cordialidad con que en cada oportunidad, sin oponernos obstáculos por los días y horarios en que hemos recurrido a esta dependencia, nuestros estudiantes y quien suscribe, como gente de nuestro tiempo, hemos logrado extraer y abstraernos de tan preciosa tecnología de nuestro época, algo de lo mejor que las películas, en su diversidad,  pueden aportar a quienes anhelan aprender, ya que hemos podido hacerlo allí, en El Cine Universitario. 

*La autora es docente del Departamento de Historia y Escuela de Antropología de la Facultad de Humanidades.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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