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Una revisión aristotélica de la mecánica cuántica

Por: Mauro Zúñiga Saavedra | Publicado el: 02 marzo 2026



“La medición es la identificación de una relación, una relación cuantitativa establecida por medio de un estándar que sirve como unidad. Los entes (y sus acciones) se miden mediante sus atributos (longitud, peso, velocidad, etc.) y el estándar de medición es una unidad concretamente especificada que representa el atributo apropiado. En consecuencia, se mide la longitud en centímetros, metros y kilómetros, el peso en kilos, la velocidad al medir la distancia recorrida en un tiempo dado, etc.”, enseña la filósofa objetivista Ayn Rand.

Vale la pena aclarar que tales mediciones precisas y exactas son absolutamente contextuales porque vivimos dentro del universo, no existe lo sobrenatural como creen los idealistas y racionalistas. Desde Descartes, pero sobre todo Kant, los científicos se han ido alejando de los primeros principios causas y efectos universalmente válidos o leyes universales y necesarias del aristotelismo.

Introducida la entropía por Rudlof Clausius en el contexto de la termodinámica como una medida del desorden o irreversibilidad en los procesos físicos hasta que Ludwig Boltzmann proporcionara una explicación estadística – probabilística de este concepto. La entropía es la medida del número de configuraciones microscópicas que dan lugar al mismo estado macroscópico, es decir, del grado de desorden en el sistema.

“Los requerimientos de un estándar de medición son: que represente el atributo adecuado, que sea fácilmente percibida por el individuo, y que, una vez elegido, permanezca inmutable y absoluto dondequiera que se le use”, dicta Rand.

Todas las posibles maneras en que las partículas individuales de un sistema (como átomos o moléculas) pueden organizarse, moviéndose y distribuyéndose en un espacio determinado sin cambiar el estado macroscópico general que observamos (temperatura, la presión o volumen de un sistema) son medidas por la entropía, cuya unidad de medida es el julio por kelvin que representa cuánta energía dispersa o desorden hay en el sistema por cada kelvin de temperatura.

“La medición consiste en relacionar una unidad fácilmente perceptible con cantidades más grandes o más chicas, y luego cantidades infinitamente mayores o menores, que no sean directamente perceptibles por el hombre. (El término infinitamente se utiliza aquí en su sentido matemático, no metafísico)”, explica Rand.

Perceptiblemente las primeras mediciones se realizan en los estados macroscópicos (temperatura, presión, volumen), y luego en los microscópicos a través de la entropía. “El científico puede percibir la longitud de un metro en forma directa, pero no puede hacer lo mismo con diez kilómetros. Al establecer la relación entre metros y kilómetros es capaz de entender la magnitud de cualquier distancia sobre la Tierra y al establecer la relación entre kilómetros y años – luz, las distancias entre galaxias”.

De la misma forma, al establecer la relación entre julio con kelvin se pudo medir cuánta energía dispersa o desorden hay en el sistema por cada kelvin de temperatura.

Después de descubrir que existe un límite en la cantidad de energía que puede convertirse en trabajo útil en un ciclo térmico, Sadi Carnot introdujo la idea de irreversibilidad y de la pérdida de energía utilizable en forma de calor. Este descubrimiento no pudo contradecir el vasto conocimiento que se había alcanzado sobre la eficiencia de la máquina térmica. Fue Rudolf Clausius en 1865 quien introdujo el término entropía al formular la segunda ley de la termodinámica: en cualquier proceso aislado, la entropía tiende a aumentar o mantenerse constante.

Sin embargo, ya influenciado por el binomio fenomenal – noumenal de Immanuel Kant, Ludwig Boltzmann amplió el concepto de entropía al proponer una interpretación estadística anulando la cognición al usar conceptos a priori.

Los primeros desarrollos en termodinámica fueron observaciones empíricas de los sistemas físicos, realmente en el absolutismo de la realidad, aunque los filósofos científicos creían en la dicotomía analítica cartesiana – sintética hobbeana.

“La teoría analítica sintética declara que existe una división fundamental en el conocimiento humano, que separa las proposiciones o verdades en dos tipos mutuamente excluyentes y conjuntamente exhaustivo. Se asevera que estos tipos difieren en sus orígenes, en sus referentes, en su estado cognitivo y en los medios por los cuales son validados”, explica el objetivista Leonard Piekoff

Al introducir una interpretación estadística de la entropía (conocimiento tautológico), Boltzmann incorpora un componente conceptual que podría considerarse a priori en el sentido kantiano frenando el avance de la ampliación del concepto de entropía universalmente válido que se venía desarrollando desde inicios del siglo XIX. Siguiendo a Kant, propuso una estructura matemática y probabilística para entender la entropía, pero que no depende de la experiencia específica de un sistema.

La teoría “alcanzó verdadera prominencia e influencia duradera a partir del momento que fue defendida por filósofos modernos tales como Hobbes, Leibniz, Hume y Kant. Fue Kant quien dio a la teoría el nombre por el cual hoy se le conoce”, revela Piekoff.

Esta estructura matemática es inmune a la validez de los sentidos como axioma de la ciencia universal capaz de ocuparse de todo lo real, sin restricción alguna, del ser en cuanto al ser y los atributos que le pertenecen de Aristóteles y representó la base que daría impulso a la mecánica cuántica a partir de los trabajos de Max Planck.

La entropía es una idea que combina elementos a priori (la ley matemática y probabilística de Boltzmann) con elementos a posteriori (las observaciones de Carnot y Clausius sobre la irreversibilidad de los sistemas térmicos), que le permite al científico prescindir del aristotelismo y emitir juicios sintéticos a priori “universalmente válidos” en una falacia del concepto robado.

Cuando Boltzmann declara que axiomas son una cuestión de decisión arbitraria  y procede a inventar conceptos complejos y secundarios para que le sirven de supuestos axiomas (de los microestados y macroestados, probabilístico, ecuación de Boltzmann e irreversibilidad)  a sus supuestos razonamientos, uno puede observar que sus declaraciones implican y dependen de “existencia”, “conciencia” e “identidad”, conceptos (axiomáticos) que profesa negar, pero que introduce de contrabando en sus argumentos, en forma de conceptos robados que rechazan.

“Un concepto axiomático es la identificación de un hecho primario de la realidad que no puede ser analizado, es decir, que no puede ser reducido a otros hechos o separado en partes componentes. Se halla implícito en todos los hechos y en todo conocimiento. Es lo fundamentalmente dado y directamente percibido o experimentado, que no requiere prueba ni explicación, pero sobre lo que descansan todas las pruebas y explicaciones”, indica Rand.

Según Kant, los científicos ilustrados venían emitiendo juicios analíticos que “no pueden negarse sin incurrir en contradicción, son de tipo aclaratorio o explicativo, como máximo permiten precisar un concepto, no aportan conocimiento nuevo, son a priori”, según Joan Solé, y juicios sintéticos: “se pueden negar sin que haya contradicción. Añaden conocimiento nuevo, por los que también se les llama extensivos”. Ninguno de estos juicios se da en los que Kant consideraba la “máxima certeza que ha alcanzado el espíritu humano”, la matemática y la ciencia física.

Al negar la metafísica como ciencia, al creer que “no puede ofrecer nada demasiado convincente”, Kant Dixit inventa sus propios “axiomas”: los juicios sintéticos a priori, las categorías del entendimiento, el espacio y el tiempo como intuiciones puras y los principios del entendimiento puro cometiendo el más perjudicial error filosófico de la historia universal porque filósofos, teólogos, intelectuales y científicos de “prestigio” corrieron en masa a presenciar el giro Copérnico en la filosofía, olvidándose de los restos de Aristóteles, que venía siendo malinterpretado, falseado y repudiado en la Ilustración mediante la dicotomía analítica sintética.

El juicio sintético a priori “es aquel cuyo valor de verdad se determina con independencia de la experiencia y que no es meramente analítico, sino que añade conocimiento nuevo acerca de la realidad. Kant nos dice que estos juicios se dan en las matemáticas y en la física o ciencia natural”, explica Solé.

Boltzmann se olvida de la experiencia directa de todos los microestados posibles como venían trabajando sus predecesores y la reemplaza por un marco teórico analítico “a priori” necesario para “interpretar” el comportamiento de los gases y sistemas físicos admitiendo explícitamente que la comprensión mental de los hechos de la realidad o conocimiento no se logra por la experiencia del filósofo científico nacido tabula rasa en el absolutismo de la naturaleza, sino a través de ecuaciones matemáticas repletas de conceptos a priori en el universo de Kant.

Este “axioma” de Boltzmann que sostiene todo su razonamiento científico permite que la entropía sea “cuantificada” proporcionando una “comprensión fundamental” de los procesos irreversibles y el equilibrio en sistemas termodinámicos.

De la segunda ley de la termodinámica se deduce un corolario: “la entropía de un sistema aumenta con el número de microestados posibles”, del cual se infiere que “un sistema aislado tiende naturalmente hacia el estado de mayor entropía posible” y así van deduciendo proposiciones a partir de axiomas arbitrarios, una sobre otra en tétricos tratados, en la medida que la comunidad científica los va aceptando como “universalmente válidos” hasta que la controversia que generan termina imponiendo la parte que cuente con el mayor apoyo de científicos, como ocurrió en la Conferencia de Solvay entre 1927-1930, donde salió favorecida la interpretación de Copenhague sobre la más realista postura de Albert Einstein.

Los “axiomas” de Boltzmann fueron inicialmente ignorados o rechazados por Max Planck, el padre de la mecánica cuántica, quien quería ampliar el rango de aplicación de las magnitudes macroscópicas (volumen, presión, temperatura) a sistemas que implicasen procesos electroquímicos, reacciones químicas y transiciones de fase. “Sus modelos eran científicos como Helmholtz o Clausius”, aclara Sánchez Ron.

Planck manifestaba el deseo, la convicción en la filosofía natural: “la interpretación estadística que Boltzmann había hecho de la entropía no figuraba, en modo alguno, entre sus planteamientos, él buscaba leyes que se verificasen siempre, normas absolutas, no probabilistas”, agrega Sánchez Ron.

El uso de axiomas arbitrarios en la mecánica cuántica llegó a su clímax con la célebre frase del premio Nobel de Física, Richard Feynman: “si crees que entiendes la mecánica cuántica es que no entiendes la mecánica cuántica”.

Hoy en día los científicos, aunque sean una minoría aún, están despertando del rumbo que está tomando esta área de la física, tal como lo expresa el físico Lee Smolin en su libro “La revolución inconclusa de Einstein: en busca de lo que yace más allá de lo cuántico”. “La mecánica cuántica es incorrecta”, señaló en una entrevista a BBC Mundo.

Su libro parte de la idea de que Einstein se dio cuenta de que la física cuántica contradice la física newtoniana, y por eso entendió que había que lograr una teoría revolucionaria. Para Smolin, el problema de la mecánica cuántica es que está basada en conceptos y principios equivocados.

No hay dicotomía entre la filosofía y los factores especializados (ciencias particulares). Si los conceptos filosóficos están equivocados (conceptos a priori y a posteriori) también los estarán los conceptos y principios que rigen las ciencias particulares, y la mecánica cuántica no escapa a esta realidad. Urge la restauración universitaria del aristotelismo y neo aristotelismo.

El autor es Magíster en Periodismo Económico y Docente de la Facultad de Comunicación Social

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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