Fitofármacos en Panamá: lo natural también necesita control
En Panamá, el uso de productos de origen vegetal forma parte de la vida diaria. Muchas personas recurren a ellos con la idea de que, por ser naturales, son seguros. Un fitofármaco no es simplemente una planta ni un preparado casero. Se trata de un producto elaborado a partir de materias primas vegetales, pero que ha sido procesado bajo condiciones controladas. Esto significa que pasa por procesos de calidad, evaluación y verificación antes de llegar al consumidor. En otras palabras, es un producto que busca ofrecer mayor seguridad que aquellos preparados sin control.
Este aspecto es importante porque uno de los principales problemas de los productos naturales es la variabilidad. No todas las plantas tienen la misma composición, ni todos los preparados contienen la misma cantidad de componentes. Según la Organización Mundial de la Salud, uno de los grandes retos en el uso de productos herbales es precisamente garantizar su calidad y consistencia. Por ello, los paÃses han desarrollado normativas que permitan regular estos productos y proteger a la población. En Panamá, este proceso de regulación se fortaleció con la aprobación de la Ley 419 de 2024, que establece el marco legal para los medicamentos y otros productos de interés sanitario. Esta ley reconoce la necesidad de controlar todos los productos que puedan tener un impacto en la salud, incluyendo aquellos de origen vegetal .
Posteriormente, el Decreto Ejecutivo No. 27 de 2024 desarrolló los detalles de esta ley, estableciendo cómo deben evaluarse, registrarse y supervisarse estos productos en el paÃs . Este decreto es clave porque define los procedimientos que deben seguir las empresas para poder comercializar un producto, incluyendo los fitofármacos. Uno de los puntos más importantes que establecen estas normas es la obligación de contar con un registro sanitario. Esto significa que ningún fitofármaco puede venderse legalmente sin haber sido evaluado previamente por las autoridades. Este proceso busca garantizar que el producto cumpla con estándares mÃnimos de calidad y que no represente un riesgo para la salud.
Además, la ley y su reglamento también exigen controles en la fabricación. Esto incluye aspectos como la limpieza de los procesos, la calidad de las materias primas y la consistencia del producto final. En términos sencillos, se trata de asegurar que lo que la persona consume sea siempre lo mismo, sin variaciones que puedan afectar su seguridad. Otro aspecto importante es la vigilancia posterior a su comercialización. Las autoridades sanitarias, tienen la responsabilidad de supervisar estos productos incluso después de que están en el mercado. Esto permite detectar problemas, retirar productos si es necesario y proteger a la población.
Este tipo de regulación no es exclusivo de Panamá. Organismos como la Administración de Alimentos y Medicamentos en Estados Unidos y la Agencia Europea de Medicamentos en Europa también han establecido lineamientos para el control de productos derivados de plantas. Aunque los enfoques pueden variar, todos coinciden en la necesidad de garantizar la calidad y seguridad. A nivel cientÃfico, el interés por los fitofármacos ha crecido significativamente. Estudios publicados muestran que el uso de productos herbales ha aumentado en todo el mundo, lo que ha impulsado la investigación sobre su composición, efectos y posibles riesgos. Esta evidencia ha sido clave para que los paÃses desarrollen regulaciones más estrictas.
En la práctica, es común encontrar productos de origen vegetal en mercados informales o en redes sociales. Estos productos, en muchos casos, no cuentan con registro sanitario ni han sido evaluados por las autoridades. Esto representa un riesgo, ya que no se conoce su composición ni su calidad.
Por ello, es fundamental que la población aprenda a identificar productos confiables. Verificar si cuentan con registro sanitario, adquirirlos en establecimientos autorizados y consultar con profesionales de la salud son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia. Otro aspecto importante es la información. La educación sobre fitofármacos debe ser una prioridad, tanto en el ámbito académico como en la comunidad. Comprender qué son estos productos, cómo se regulan y por qué es importante su control permite tomar decisiones más informadas.
En este sentido, Panamá tiene una gran oportunidad. La combinación de su biodiversidad, su desarrollo académico y su marco legal le permite avanzar en el uso responsable de productos de origen vegetal. La clave está en integrar estos elementos y fortalecer la educación de la población. Los fitofármacos representan una evolución en la forma en que se utilizan los recursos naturales. No se trata únicamente de tradición, sino de ciencia, regulación y responsabilidad. El reto ahora es lograr que esta información llegue a toda la población. Entender que lo natural también necesita control es fundamental para evitar riesgos y promover un uso seguro. En un paÃs como Panamá, donde la naturaleza forma parte de nuestra identidad, el conocimiento es la mejor herramienta para cuidar nuestra salud.
El autor es MagÃster y profesora en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Panamá


