Lo Natural también puede engañar: el Riesgo de los Productos Falsificados
En Panamá, hablar de productos falsificados suele llevarnos a pensar en medicamentos, pero pocas veces nos detenemos a considerar que este problema también alcanza a los productos naturales. En un país donde el uso de plantas medicinales, fitofármacos y suplementos dietéticos forman parte de la vida cotidiana, confiar en lo “natural” puede parecer seguro. Sin embargo, esa confianza, cuando no está acompañada de información, puede convertirse en un riesgo silencioso para la salud.
La Organización Mundial de la Salud ha sido clara al definir los productos falsificados como aquellos que se presentan de manera fraudulenta en cuanto a su identidad, composición o procedencia. En palabras sencillas, son productos que aparentan ser algo que no son: pueden contener ingredientes incorrectos, dosis insuficientes o incluso sustancias peligrosas (OMS, 2024; OPS, propuesta regional)
El problema no es menor. Se estima que, en países de ingresos bajos y medios, uno de cada diez medicamentos es falsificado o de baja calidad, lo que evidencia una amenaza global para la salud pública (OMS, 2024). Esto significa que millones de personas podrían estar consumiendo productos que no solo no curan, sino que pueden empeorar su condición. Y aunque estas cifras parezcan lejanas, la realidad es que Panamá no está exenta. Nuestra posición como centro logístico y comercial de la región, sumada al crecimiento del comercio electrónico, facilita la entrada y distribución de estos productos. Basta con recordar operativos recientes en los que se han incautado miles de medicamentos sin registro sanitario, para entender que este no es un problema hipotético, sino una situación real en nuestro país (Minsa, 2022).
Pero hay un punto que merece especial atención: los productos naturales también pueden ser falsificados. Cremas, jarabes, cápsulas de origen vegetal pueden ser alterados o imitados. Esto resulta especialmente preocupante porque muchas personas creen que, por ser naturales, estos productos no representan ningún peligro. La realidad es distinta. Un producto natural falsificado puede no contener el ingrediente vegetal que promete o, peor aún, incluir sustancias no declaradas para aparentar mayor efectividad. En el caso de productos para la piel, esto puede traducirse en irritaciones, alergias o infecciones. En otros casos, el problema es más silencioso: el producto simplemente no funciona, retrasando el tratamiento adecuado (OMS, 2024).
Además, el uso de productos falsificados no solo afecta a nivel individual, sino que también tiene consecuencias para la salud pública. Medicamentos con dosis incorrectas pueden contribuir a la resistencia a grupos importantes de medicamentos como los antimicrobianos, dificultando el tratamiento de infecciones. Al mismo tiempo, estos productos debilitan la confianza en los sistemas de salud y en los profesionales, generando incertidumbre en la población.
¿Por qué siguen circulando estos productos? La respuesta no es simple. Factores como el acceso limitado a medicamentos, los altos costos, la compra en mercados informales y la facilidad de adquirir productos por internet juegan un papel importante. Hoy en día, muchas personas compran sin verificar la procedencia, lo que aumenta el riesgo de adquirir productos falsificados (OMS, 2024). A esto se suma que las redes de falsificación son cada vez más sofisticadas, lo que dificulta su detección. Incluso para profesionales de la salud, puede ser complicado identificar un producto falsificado sin análisis adecuados. Por ello, la vigilancia activa y el monitoreo constante son fundamentales.
Panamá ha dado pasos importantes en este sentido. Las autoridades han fortalecido la fiscalización, incrementado las inspecciones y promovido la cooperación con organismos internacionales como la OPS y la OMS. También se están implementando tecnologías de trazabilidad para verificar la autenticidad de los productos (Minsa, Panamá).
Sin embargo, ninguna estrategia será suficiente si la población no está informada. Comprar en lugares autorizados, desconfiar de precios demasiado bajos y evitar adquirir productos en sitios no verificados son acciones simples que pueden marcar la diferencia. También es importante reportar cualquier reacción adversa o producto sospechoso, ya que esto contribuye a la detección y control del problema. En un país como Panamá, donde lo natural forma parte de la cultura, es necesario cambiar la forma en que percibimos estos productos. Lo natural no siempre es sinónimo de seguro, y mucho menos cuando existe la posibilidad de falsificación. La confianza debe ir acompañada de información.
El verdadero reto no está en dejar de usar productos naturales, sino en aprender a utilizarlos de forma prudente. Elegir productos con registro sanitario, informarse y no sustituir tratamientos médicos son pasos fundamentales. Los productos falsificados, ya sean medicamentos o productos naturales, representan una amenaza silenciosa pero real. Y frente a ello, la mejor herramienta sigue siendo la información. Porque en temas de salud, confiar sin conocer puede salir caro.
En Panamá, las autoridades sanitarias han intensificado en los últimos años las campañas de concientización sobre los riesgos de los medicamentos falsificados, insistiendo en que la población no solo evite comprarlos en sitios no autorizados, sino que también los denuncie. A través de comunicados, operativos y jornadas informativas, el Ministerio de Salud en Panamá ha promovido activamente la farmacovigilancia, recordando que cualquier persona puede reportar productos sospechosos ante la Dirección Nacional de Farmacia y Drogas. Este esfuerzo busca no solo retirar del mercado productos peligrosos, sino también involucrar a la ciudadanía como parte clave en la protección de la salud pública, reforzando la idea de que detectar y reportar a tiempo puede prevenir daños mayores en la población.
La autora es Magíster y profesora en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Panamá


