La Universidad de Panamá: entre el ataque polÃtico y la realidad de una institución en transformación
Bajo el argumento del actual proceso electoral universitario han emergido sectores que, apoyados en planteamientos frágiles y conjeturas, buscan posicionar la idea de que la Universidad de Panamá enfrenta una presunta crisis estructural de gran magnitud, llegando incluso a insinuar posibles escenarios de intervención externa o desaparición. Este tipo de discurso, aunque útil para determinados intereses polÃticos, no se sustenta en evidencias concretas y responde más a una estrategia de descrédito que a un examen riguroso y objetivo de la realidad institucional.
Lejos de describir objetivamente la situación universitaria, estas narrativas buscan erosionar la autonomÃa universitaria y condicionar su papel crÃtico en la sociedad. La evidencia apunta en otra dirección: la Universidad de Panamá, y particularmente su actual rectorÃa, han enfrentado un entorno adverso marcado por limitaciones presupuestarias y presiones externas que intentan debilitar su rol estratégico en el desarrollo nacional.
Sin embargo, los resultados son contundentes. En la última década, la producción cientÃfica ha crecido de manera sostenida, pasando de 54 publicaciones indexadas en Scopus en 2016 a 263 en 2026, reflejando la consolidación de una cultura investigativa robusta. A esto se suma una polÃtica coherente de fortalecimiento académico, evidenciada en más de 300 licencias con sueldo para estudios de postgrado, la incorporación de más de 100 jóvenes al relevo generacional y la realización de 979 concursos a cátedra, elevando significativamente los estándares docentes.
En investigación, los avances son estructurales: creación de grupos de investigación, fortalecimiento de semilleros, aumento sustancial del financiamiento y desarrollo de plataformas de gestión cientÃfica. En el ámbito editorial, la expansión de revistas cientÃficas, su indexación y la creación de sistemas propios de publicación consolidan a la universidad como un referente regional. A nivel internacional, su posicionamiento en rankings y redes académicas reafirma su impacto y reconocimiento.
Frente a estos logros, cabe preguntarse con rigor: ¿de qué crisis se habla? La insistencia en discursos alarmistas no solo distorsiona la realidad, sino que desvÃa la atención de los verdaderos desafÃos: mejorar lo existente, corregir debilidades y profundizar la calidad académica.
Reconocer problemas es parte del crecimiento institucional, pero construir narrativas de colapso es otra cosa. La Universidad de Panamá no es una institución en decadencia, sino una entidad en transformación, sostenida por el trabajo comprometido de su comunidad.
Hoy más que nunca, el paÃs necesita una universidad fuerte, crÃtica y en constante evolución, porque las instituciones no se destruyen para avanzar; se fortalecen con verdad, con evidencia y con liderazgo. Y en ese camino, la historia no absolverá el ruido, sino la responsabilidad de quienes supieron defenderla con altura, convicción y visión de futuro.
La autora es docente universitaria


