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La Televisión y la Disputa entre Identidad y Mercado Global

Por: Roberto Antonio Pinto y Arturo Coley Graham | Publicado el: 21 abril 2026



Pocos medios marcaron la vida cotidiana latinoamericana con tanta fuerza como la televisión. Durante décadas, organizó los horarios domésticos, instaló temas de conversación y definió buena parte de las imágenes con las que amplios sectores sociales aprendieron a mirar el mundo. En ese proceso, no solo difundió entretenimiento: también legitimó estilos de vida, modelos de prestigio y formas de sensibilidad. Dentro de ese escenario, la telenovela ocupó un lugar central, pues fue, al mismo tiempo, emblema de reconocimiento cultural y producto sometido a las reglas del mercado.

La historia latinoamericana de la televisión muestra que este medio fue, a la vez, industria cultural y espacio de reconocimiento simbólico. Fuenzalida Fernández (2001) sostiene que la telenovela llegó a constituirse en el género ficcional propio de América Latina porque estableció una fuerte complicidad cultural con las audiencias y, por ello mismo, garantizó éxito económico tanto en los mercados internos como en los externos. Su fuerza no residió solo en la rentabilidad, sino en su capacidad de conectar con sensibilidades reconocibles. Sin embargo, esa misma potencia quedó sujeta a la lógica de la circulación, la exportación y la competencia por los mercados.

En esa misma línea, Mato (2002) advierte que la industria de la telenovela debe entenderse dentro de un proceso de transnacionalización en el que se articulan economía y cultura. La producción y comercialización de estos relatos no moviliza únicamente empresas y capitales; también pone en circulación imaginarios, valores, modos de representación y referencias identitarias. Por eso, la telenovela no puede verse solo como entretenimiento: también es un terreno en el que se negocian pertenencias y se producen formas de homogeneización cultural.

Panamá no estuvo al margen de ese proceso. Según informa Núñez Naveda (2018), ya en 1956 existía en territorio panameño la señal de la estación estadounidense Armed Forces TV, cuyas transmisiones eran exclusivamente en inglés. Poco después, el 14 de marzo de 1960, comenzó RPC Televisión como la primera televisión abierta “de panameños, para panameños”. En el plano historiográfico, Del Vasto (2007) permite situar ese inicio dentro del desarrollo general de la televisión panameña entre 1960 y 2006. Pero ese nacimiento no fue neutral. Como plantea Vásquez de Ávila (2005), los medios panameños han estado marcados por una fuerte dependencia de influencias externas, especialmente estadounidenses. La televisión panameña nació, así, en diálogo con corrientes venidas de fuera, pero también bajo una relación de dependencia.

Esa dependencia no fue menor. En la trayectoria reconstruida por Del Vasto (2007), la televisión panameña se desarrolló durante años en estrecha relación con modelos, repertorios y referencias procedentes del exterior. La pantalla nacional convivió largo tiempo con una presencia significativa de contenidos extranjeros, mientras la producción local intentaba afirmarse con recursos más limitados. De allí que la televisión panameña funcionara durante décadas como vitrina de repertorios ajenos, aun cuando buscaba construir una voz propia.

Aquí aparece con claridad la dimensión cultural del problema. El imperialismo cultural en televisión no opera únicamente mediante contenidos estadounidenses. También se expresa a través de industrias regionales muy fuertes, como la mexicana, la venezolana, la brasileña o la cubana, en distintos momentos, que lograron insertar sus narrativas, valores afectivos, acentos, modelos de belleza y repertorios morales en otros contextos nacionales. Las telenovelas mexicanas, por ejemplo, no solo se vieron en Panamá: formaron parte de la educación sentimental de varias generaciones. Algo semejante ocurrió con las producciones venezolanas y brasileñas. La televisión abrió así una ventana al continente, pero esa apertura no siempre fue equilibrada.

Esto no significa rechazar toda circulación internacional. América Latina construyó parte de su historia televisiva en diálogo consigo misma. El problema surge cuando el intercambio deja de ser fecundo y se convierte en subordinación; es decir, cuando los contenidos locales pierden centralidad y lo extranjero termina funcionando como medida de calidad, prestigio o modernidad. En Panamá, esa situación fue visible durante mucho tiempo.

No obstante, la historia no termina allí. Vásquez (2012) señala que hacia 2005 la Corporación Medcom, a través de Cable Onda, impulsó canales especializados de producción nacional, entre ellos Eco TV, Cable Onda Sports y Travel Panama. Ese dato permite ver un desplazamiento importante: la pantalla panameña empezó a reclamar espacios más claros para la elaboración propia. Ya no se trataba solo de retransmitir o adaptar, sino de producir desde el país.

Ese cambio merece leerse con atención. Hoy Panamá dispone de mayores posibilidades para producir noticias, entretenimiento, deportes y contenidos culturales con mirada local. Persisten límites económicos e industriales, pero ya no se trata únicamente de recibir “enlatados” ni de depender casi por completo de novelas y programas hechos en otros países. La televisión panameña ha ido construyendo, con dificultad, una presencia más definida de lo nacional.

En definitiva, pensar la televisión desde la disputa entre identidad y mercado global exige una mirada equilibrada. La telenovela latinoamericana fue uno de los grandes aportes culturales de la región, pero también formó parte de circuitos industriales que reorganizaron el gusto de países con menor capacidad de producción. Panamá vivió plenamente esa experiencia. Consumió, aprendió, imitó y adaptó. Pero también ha ido abriendo camino a sus propios contenidos. Allí está hoy la tarea principal: no negar las influencias, sino comprenderlas críticamente para defender una televisión que, además de entretener, sea capaz de reconocerse en su propia pantalla.

Referencias

Del Vasto, C. (2007). Historia de la televisión panameña: 1960–2006. Imprenta Articsa.

Fuenzalida Fernández, V. (2001). La TV como industria cultural en América Latina. https://revistasum.umanizales.edu.co/index.php/escribania/article/download/2961/3713/16179

Mato, D. (2002). La industria de la telenovela: referencias territoriales, mercados y representaciones de identidades transnacionales. Cuadernos de Literatura, 8(15), 138–160. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5228612.pdf

Núñez Naveda, Y. (2018, 14 de marzo). ¿Cómo fue la llegada de la pantalla chica a Panamá? La Estrella de Panamá. https://www.laestrella.com.pa/panama/nacional/como-fue-la-llegada-de-la-pantalla-chica-a-panama-5-XTLE44220

Vásquez, C. I. L. (2012). Sistema de medios de comunicación en Panamá y la configuración de su esfera pública. Centro de Iniciativas Democráticas. https://cidempanama.org/wp-content/uploads/2012/09/Sistema-de-medios-de-comunicacion.pdf

Vásquez de Ávila, V. (2005). Los medios de comunicación social en Panamá: antecedentes, situación y perspectiva hacia el nuevo milenio. Un análisis crítico. Revista de Comunicación de la SEECI, (7), 21–35. https://www.seeci.net/revista/index.php/seeci/article/view/226

Los autores son Roberto Antonio Pinto Rodríguez, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social y profesor de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá, especialista en medios de comunicación y cultura; y Arturo Coley Graham, catedrático de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá y doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, España.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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