Cuando opinar es más fácil que verificar
En Panamá estamos viviendo un tiempo en el que opinar se ha vuelto casi automático. Basta con abrir el teléfono para encontrar personas sentenciando temas complejos en segundos, compartiendo videos, titulares o capturas como si fueran pruebas suficientes. Las redes sociales han hecho más fácil participar, pero también han hecho más fácil hablar sin comprobar. Y ese es uno de los problemas más serios de la conversación pública actual: muchas veces la velocidad le gana a la verdad.
Lo preocupante no es solo que circule información falsa, sino que nos hemos ido acostumbrando a reaccionar antes de pensar. Hoy un contenido puede despertar rabia, miedo o entusiasmo en cuestión de minutos, y esa emoción termina pesando más que los hechos. En ese ambiente, la opinión pública corre el riesgo de construirse no sobre argumentos, sino sobre impulsos. Esa preocupación está muy presente en el debate reciente sobre desinformación en Panamá, donde se insiste en que la inmediatez está desplazando a la ética, la responsabilidad y el contraste de la información (La Estrella de Panamá, 2026).
Lo más delicado es que esta costumbre no se queda en el ámbito digital, sino que termina afectando la convivencia cotidiana. Una acusación apresurada, una interpretación incompleta o una cadena reenviada sin verificación pueden dañar reputaciones, intensificar conflictos y crear climas de sospecha colectiva. En ese sentido, el problema no es solo informativo; es también cultural. Se ha ido instalando la idea de que tener acceso inmediato a un contenido equivale a comprenderlo, cuando en realidad comprender exige tiempo, contexto y disposición a contrastar.
A esto se suma otro elemento preocupante: la degradación del desacuerdo. En muchos espacios digitales ya no se discute para intercambiar razones, sino para exhibir superioridad moral, humillar al otro o reafirmar la pertenencia a un grupo. La consecuencia es grave, porque una democracia necesita debate, pero no cualquier debate: necesita uno mÃnimamente informado, racional y éticamente sostenible. Cuando la conversación pública se vuelve un escenario de reacción permanente, el juicio crÃtico retrocede y el ruido ocupa el lugar del pensamiento.
También se ha vuelto evidente que muchas personas ya no discuten para entender, sino para reaccionar, atacar o confirmar lo que ya pensaban. Eso empobrece la vida democrática, porque una sociedad no se fortalece cuando todos hablan al mismo tiempo, sino cuando existe alguna disposición a escuchar, dudar y verificar. Incluso estudios recientes sobre libertad de expresión en Panamá han mostrado que una parte importante de la población siente miedo de pronunciarse libremente por temor a represalias o exposición pública, lo que revela que el problema no es solo el exceso de ruido, sino también el deterioro del clima de confianza para hablar con serenidad (Forum de Periodistas, 2025).
Por eso, más que celebrar que ahora todos podemos publicar, habrÃa que preguntarnos qué clase de conversación pública estamos alimentando. Porque esto ya se volvió parte de la vida diaria: alguien ve un video de veinte segundos, lee un titular a medias o recibe una cadena en WhatsApp, y enseguida lo da por cierto, lo comenta y lo reenvÃa. Después, si resulta que estaba incompleto o era falso, casi nadie corrige con la misma rapidez con la que acusó. Ahà está el problema. No se trata solo de un error cualquiera; se trata de una costumbre que va dañando la manera en que convivimos, discutimos y entendemos lo que pasa.
Tener voz no garantiza tener criterio. Compartir no es lo mismo que informar, y reaccionar no equivale a comprender. Si seguimos viendo como normal esa práctica de hablar primero y averiguar después, el daño no será solo comunicativo, sino social. Poco a poco dejamos de confiar, dejamos de escuchar y empezamos a movernos más por sospechas que por hechos. Y una sociedad que vive asà termina perdiendo algo muy serio: la capacidad de distinguir entre una opinión responsable y una manipulación disfrazada de verdad.
Referencias:
La Estrella de Panamá. (2026, 10 de febrero). A Ud. Presidente: Combatir la desinformación es una responsabilidad compartida. https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/a-ud-presidente-combatir-la-desinformacion-es-una-responsabilidad-compartida-KH19873898 https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/a-ud-presidente-combatir-la-desinformacion-es-una-responsabilidad-compartida-KH19873898
Forum de Periodistas. (2025, 10 de octubre). Los resultados del primer estudio sobre la libertad de expresión y prensa. https://www.forumdeperiodistas.org/2025/10/10/los-resultados-del-primer-estudio-sobre-la-libertad-de-expresion-y-prensa/
Los autores son Roberto Antonio Pinto RodrÃguez, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social y profesor de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá, especialista en medios de comunicación y cultura; y Arturo Coley Graham, catedrático de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá y doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, España.


