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La organización de datos y la eficiencia en proyectos de ciencia de datos

Por: Fabiola Montero | Publicado el: 08 mayo 2026



La transformación digital ha traído consigo una paradoja que muchos líderes IT conocen bien: las organizaciones generan y almacenan más datos que nunca, pero no necesariamente toman mejores decisiones con ellos. Sistemas transaccionales, plataformas digitales, sensores IoT (Internet de las Cosas) y procesos automatizados producen información de forma continua y, con frecuencia, en formatos desestructurados que nadie definió con claridad ni organizó con propósito analítico. El resultado es un ecosistema complejo donde abundan los datos, pero escasea el conocimiento útil.

El problema de fondo no es la cantidad de información, sino la ausencia de criterios claros sobre su calidad y utilidad. Muchas organizaciones almacenan petabytes de datos bajo la premisa de que podrían resultar valiosos en el futuro, sin distinguir entre activos reales para el análisis e información sin valor analítico. Esto genera entornos desconectados, archivos duplicados con versiones inconsistentes y formatos incompatibles que producen incertidumbre sobre qué fuentes son confiables para entrenar modelos. El desorden no es un problema estético: afecta directamente la confianza en los datos y, por tanto, la calidad de las decisiones que se toman a partir de ellos.

Uno de los efectos más críticos de este desorden es la pérdida de trazabilidad. Cuando los datos se dispersan en múltiples sistemas y entornos en la nube, resulta muy difícil conocer su linaje completo: de dónde vienen, qué transformaciones han sufrido, cuál es su estado de calidad actual y quién es responsable de ellos. Equipos distintos pueden terminar entrenando modelos con cifras contradictorias o información desactualizada sin saberlo. En lugar de acelerar el análisis, el exceso de datos mal gestionados produce modelos frágiles y resultados que no pueden reproducirse ni explicarse con confianza.

A esto se suma un costo operativo que pocas organizaciones miden con precisión: los científicos de datos dedican una proporción significativa de su tiempo a tareas previas al análisis, como localizar fuentes confiables, limpiar inconsistencias y preparar los conjuntos de datos antes de aplicar cualquier técnica de machine learning. Es talento especializado consumido en actividades de bajo valor agregado, que retrasa iniciativas clave y limita la capacidad de la organización para innovar mediante análisis avanzado.

Frente a este escenario, se han ha incorporado prácticas de gobernanza del dato como competencia esencial. Las plataformas de catálogo de datos empresariales, como Alation o Collibra, funcionan como un inventario centralizado que permite a los equipos descubrir qué información existe en la organización y entender su contexto antes de iniciar cualquier proceso de modelado. La gestión del ciclo de vida del dato establece políticas claras que distinguen entre información valiosa y ruido que debe eliminarse, optimizando recursos computacionales y facilitando el cumplimiento de regulaciones como el GDPR, el reglamento europeo que establece los estándares globales para el tratamiento responsable de datos personales. Arquitecturas modernas como Databricks Delta Lake o Snowflake proporcionan entornos controlados donde es posible ejecutar flujos de procesamiento reproducibles sin que los repositorios se conviertan en pantanos de datos inmanejables. Herramientas de validación como Great Expectations permiten definir reglas de calidad y ejecutar pruebas automatizadas durante la preparación de datos para detectar anomalías antes del entrenamiento. Y sistemas de orquestación como Apache Airflow o Prefect garantizan que todo el flujo, desde los datos crudos hasta la ingeniería de características, opere de forma documentada y reproducible.

Sin embargo, ninguna herramienta resuelve por sí sola el problema si el científico de datos no asume un rol activo más allá de lo técnico. Debe colaborar en la definición de estándares de calidad, participar en comités de gobernanza y promover activamente la eliminación de información obsoleta o redundante. Sin ese enfoque transversal, incluso los modelos más sofisticados se construirán sobre bases frágiles.

La acumulación descontrolada de datos rara vez se manifiesta como una crisis inmediata. Su impacto es gradual, silencioso, hasta que los costos de preparación superan el valor generado por los análisis. Para el CIO y el CDO—director de tecnología y director de datos respectivamente— de cualquier organización, anticiparse a ese punto de inflexión es hoy una prioridad estratégica tan importante como elegir la plataforma de IA correcta.

El crecimiento de datos es inevitable en la era digital, pero su desorganización no lo es. Implementar las herramientas adecuadas, definir políticas claras y construir una cultura donde los datos se traten como activos estratégicos permite transformar un entorno caótico en un ecosistema confiable. Solo así el científico de datos puede dedicar su talento a lo que realmente importa: descubrir patrones que generen valor, en lugar de buscar información útil en un mar de datos sin orden ni propósito.

La autora es Profesora de la Facultad de Informática, Electrónica y Comunicación de la Universidad de Panamá

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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