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Plantas medicinales para la piel: una opción natural con respaldo científico

Por: Edith Madrid | Publicado el: 15 mayo 2026



En Panamá, el uso de plantas medicinales forma parte de la vida cotidiana. Desde infusiones hasta aplicaciones directas sobre la piel, muchas personas recurren a lo natural para aliviar molestias. Sin embargo, más allá de la tradición, hoy en día la ciencia ha permitido confirmar que algunas de estas plantas poseen propiedades reales y útiles, especialmente en el cuidado de la piel. Entre ellas destacan la caléndula y la onagra, dos especies ampliamente estudiadas por sus beneficios dermatológicos.

A diferencia de otros remedios caseros que se consumen por vía oral, estas plantas se utilizan principalmente de forma tópica, es decir, aplicadas directamente sobre la piel en forma de cremas, aceites, pomadas o compresas. Este tipo de uso resulta especialmente importante, ya que permite aprovechar sus propiedades sin que actúen directamente en todo el organismo, lo que en muchos casos reduce riesgos y mejora su seguridad.

La caléndula (Calendula officinalis), por ejemplo, es una de las plantas más reconocidas en el ámbito dermatológico. Sus flores, de color amarillo intenso, contienen compuestos activos como flavonoides, carotenoides y triterpenos, los cuales han demostrado tener efectos antiinflamatorios, cicatrizantes y antioxidantes. Esto significa que no solo ayudan a reducir la inflamación de la piel, sino que también favorecen su regeneración.

Diversos estudios han evidenciado que los extractos de caléndula estimulan la formación de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis), un proceso clave en la cicatrización de heridas (Preethi & Kuttan, 2009; Parente et al., 2012). Por esta razón, su uso es común en casos de quemaduras leves, cortaduras, irritaciones, dermatitis del pañal y eczemas. Además, sus propiedades antioxidantes contribuyen a proteger la piel frente a daños causados por factores externos como la radiación solar.

Otra planta de gran interés es la onagra (Oenothera biennis), conocida principalmente por su aceite, que se obtiene de sus semillas. Este aceite es rico en ácidos grasos esenciales, especialmente el ácido linoleico y el ácido gamma-linolénico, los cuales cumplen un papel fundamental en la salud de la piel. Estos compuestos ayudan a mantener la hidratación, mejorar la elasticidad y reducir procesos inflamatorios.

La deficiencia de ácidos grasos esenciales en el organismo puede manifestarse en la piel como sequedad, irritación o dificultad para cicatrizar. En este contexto, el aceite de onagra ha demostrado ser útil en afecciones como dermatitis atópica, psoriasis y acné (Bamford et al., 2013). De hecho, algunos estudios clínicos han señalado que su uso puede reducir la necesidad de medicamentos como antihistamínicos o corticosteroides en ciertos pacientes.

Un aspecto importante a destacar es que tanto la caléndula como la onagra no solo se utilizan en remedios caseros, sino que también forman parte de productos naturales. Estos son productos elaborados a partir de plantas medicinales, pero con procesos estandarizados que garantizan su calidad, seguridad y concentración de principios activos. Es decir, no se trata simplemente de aplicar una planta directamente, sino de utilizar preparados que han sido desarrollados bajo criterios científicos.

En el caso de la caléndula, por ejemplo, se pueden encontrar pomadas, cremas y tinturas con concentraciones específicas que permiten su uso seguro. Organismos como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y la ESCOP (Cooperativa Científica Europea en Fitoterapia) han aprobado su uso tradicional para tratar inflamaciones leves de la piel y favorecer la cicatrización de heridas. Esto demuestra que su eficacia no se basa únicamente en el conocimiento popular, sino también en evidencia científica.

Otro punto clave es entender que estas plantas no sustituyen un tratamiento médico cuando se trata de enfermedades más complejas. Por ejemplo, en casos de infecciones severas, quemaduras profundas o enfermedades crónicas de la piel, es indispensable acudir a un profesional de la salud. Las plantas pueden ser un excelente complemento, pero no deben reemplazar la atención médica.

Además, es importante observar cómo reacciona la piel ante su uso. Si se presentan síntomas como picazón, ardor o enrojecimiento, lo recomendable es suspender el producto y consultar con un especialista. Este tipo de seguimiento forma parte de lo que se conoce como farmacovigilancia, que también aplica para productos naturales y fitofármacos.

La caléndula y la onagra representan dos ejemplos claros de cómo la naturaleza y la ciencia pueden complementarse. Ambas plantas han demostrado tener beneficios reales en el cuidado de la piel, especialmente cuando se utilizan de forma tópica y en preparaciones adecuadas. Su incorporación en fitofármacos ha permitido aprovechar sus propiedades de manera más segura y eficaz.

La autora es Magíster y <docente de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Panamá

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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