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Farmacovigilancia: un compromiso que nos involucra a todos

Por: Edith Madrid | Publicado el: 18 mayo 2026



La farmacovigilancia, aunque muchas veces se percibe como un tema exclusivo de especialistas, es en realidad un componente esencial de la salud pública que debería interesarnos a todos, especialmente en un contexto como el panameño donde el sistema de regulación de medicamentos continúa evolucionando. Aún existe una marcada brecha entre lo que realmente implica la farmacovigilancia y la percepción que tiene la población sobre la seguridad de los medicamentos. Es común que muchas personas asuman que, una vez que un medicamento llega al mercado, su uso es completamente seguro; sin embargo, en realidad este momento marca apenas el inicio de un proceso continuo de vigilancia, monitoreo y evaluación destinado a identificar posibles riesgos en condiciones reales de uso. La farmacovigilancia precisamente se encarga de observar qué ocurre en la vida real, cuando los medicamentos son utilizados por miles o millones de personas con características muy diversas.

En ese sentido, resulta importante entender que ningún medicamento está libre de riesgos, y que las reacciones adversas pueden presentarse incluso cuando se utilizan correctamente. Estas reacciones no siempre son graves, pero su identificación es clave para prevenir daños mayores en la población. Según los datos disponibles, en Panamá, el sistema de farmacovigilancia recibe reportes de sospechas de reacciones adversas que luego deben ser analizadas cuidadosamente, ya que no siempre es posible confirmar de inmediato si el medicamento fue el causante directo. Esto demuestra que la farmacovigilancia no es un proceso automático, sino una labor científica que requiere análisis, experiencia y, sobre todo, información de calidad.

Sin embargo, uno de los aspectos que más llama la atención es la baja cultura de reporte que aún existe. Aunque el sistema permite que médicos, farmacéuticos, enfermeras e incluso pacientes puedan notificar cualquier sospecha, en la práctica, muchas de estas situaciones no se reportan. Esto puede deberse a desconocimiento, falta de tiempo o simplemente a la creencia de que “no es importante”. Pero aquí es donde está uno de los mayores retos: sin reportes, no hay datos; y sin datos, no hay evidencia para tomar decisiones que protejan la salud pública. La farmacovigilancia depende directamente de la participación activa de todos.

Otro punto relevante, es que la farmacovigilancia no se limita únicamente a identificar efectos adversos, sino que también abarca problemas como las fallas terapéuticas, es decir, cuando un medicamento no produce el efecto esperado. Esto puede estar relacionado con múltiples factores, desde el uso inadecuado hasta problemas de calidad del producto. En este sentido, el sistema permite detectar no solo riesgos clínicos, sino también posibles fallas en la cadena de producción, distribución o uso de los medicamentos, lo que amplía su importancia más allá del ámbito clínico.

Además, es fundamental destacar el papel de la información en todo este proceso. No basta con reportar, sino que es necesario reportar bien. La calidad de los datos es determinante para poder establecer relaciones causales y tomar decisiones informadas. De hecho, una parte significativa de los reportes puede resultar no evaluable cuando la información es incompleta, lo que evidencia la necesidad de fortalecer la formación de los profesionales de la salud y la educación de los pacientes en este tema.

Desde una perspectiva más amplia, la farmacovigilancia también refleja el nivel de madurez de un sistema de salud. Un país que invierte en vigilancia postcomercialización demuestra que no solo le interesa aprobar medicamentos, sino también garantizar su seguridad a largo plazo. En nuestro país, los avances en este campo son evidentes, pero aún queda camino por recorrer, especialmente en lo que respecta a la descentralización del sistema y el acceso equitativo a la información en todas las regiones del país.

Por otro lado, es momento de involucrar más activamente a la población en estos procesos. El paciente ya no debe ser visto como un sujeto pasivo, sino como un actor clave en la generación de información. La experiencia del paciente con un medicamento puede aportar datos valiosos que no siempre se observan en los ensayos clínicos. Sin embargo, para lograr esto, es necesario promover campañas educativas que expliquen de manera sencilla qué es la farmacovigilancia y cómo participar en ella.

Finalmente, hablar de farmacovigilancia es hablar de responsabilidad compartida. No es solo tarea de las autoridades o de los profesionales sanitarios, sino de toda la sociedad. Cada reporte cuenta, cada experiencia importa y cada dato puede contribuir a evitar un riesgo mayor. En mi opinión, si realmente queremos un sistema de salud más seguro, debemos dejar de ver la farmacovigilancia como un concepto técnico y empezar a entenderla como un compromiso ciudadano, donde todos tenemos un papel que cumplir.

La autora es Magíster y Profesora de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Panamá.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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