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Las opiniones establecidas

Por: Mauro Zuñiga | Publicado el: 05 junio 2026



La equiparación entre la opinión pública y sufragio universal de las ciencias sociales con los consensos científicos físicos supone una sola cuestión: el abandono de los primeros principios atemporales y ahistóricos universalmente válidos para la conducta humana en sociedad por provisionales, mutables, cínicos, temporales e históricos para la colaboración social.

La opinión pública y el sufragio representan sumatoria de opiniones probables, mientras que los consensos de la ciencia física son el acuerdo general entre los físicos y la comunidad científica sobre las leyes y teorías que mejor explican el comportamiento de la naturaleza material según la evidencia experimental y matemática disponible.

A diferencia de una opinión colectiva o política, el consenso en física depende de resultados observables, mediciones y modelos matemáticos capaces de describir y predecir fenómenos naturales. Sin embargo, ese consenso sigue siendo revisable: nuevas observaciones pueden corregir o ampliar teorías previas, como ocurrió cuando la relatividad corrigió ciertos límites de la física newtoniana sin destruir completamente su utilidad práctica en escalas ordinarias.

“Las ciencias sociales y del comportamiento puede conocer y explicar la conducta humana, pero no pueden orientarla moralmente. Por otro parte, la ética ha mantenido su renuncia a los contenidos a partir del formalismo kantiano. Manifestaciones recientes de formalismo son las éticas procedimentales en las que lo que se discute y establece no son los contenidos morales, sino el procedimiento”, indicó el filósofo Tomás Calvo Martínez.

El abandono gradual del aristotelismo desde la querella de los modernos y los antiguos y sobre todo desde el giro Copérnico a la filosofía de Kant, y la ausencia de una teoría objetiva de los conceptos al negar la metafísica como ciencia universal, ha provocado una ola de irracionalidad en las ciencias particulares, cuya nueva expresión es la ideología de género.

“No son las ciencias especiales las que enseñan al hombre a pensar; es la filosofía la que fundamenta el criterio epistemológico de todas las ciencias especiales. Para entender y recuperar el poder de la filosofía, se debe comenzar por comprender por qué los conceptos y las definiciones no pueden ni deben ser arbitrarios. Para entender esto plenamente, es menester comenzar a entender el motivo por el cual el hombre necesita de una ciencia tal como es la epistemología", explicó la objetivista Ayn Rand.

Las opiniones probables parten de opiniones establecidas por intelectuales, deportistas, periodistas, artistas, cantantes y políticos. “Se diferencian de los hechos de la ciencia física en que son creencias u opiniones que sostienen los individuos; creencias que, como tales, son nuestros datos, independientemente de que sean verdaderos o falsos”, dijo el economista austriaco Friederick Hayek.

“Las opiniones establecidas son denominadas por Aristóteles éndoxa, palabra que se traduce a menudo como opiniones probables. Las opiniones establecidas (aceptadas, probables) son aquellas que, en palabras de Aristóteles, son compartidas “o por todo el mundo, o por la mayoría de la gente, o por los sabios y en el caso de los sabios, bien por todos ellos, bien por la mayoría, bien por los más conocidos y reputados”. Al moverse en el ámbito de las opiniones, la argumentación dialéctica recurrirá a aquellas que gozan de mayor (o más cualificada) aceptación”, señaló Calvo Martínez.

Y, precisamente, una teoría universal de conceptos formados y definidos de manera objetiva teniendo a la racionalidad aristotélica como virtud cardinal cerraría la zanja que existe entre teoría y práctica, ciencias físicas y ciencias sociales, y ética y política.

“De modo análogo, las creencias y las opiniones que inducen regularmente a un conjunto de personas a repetir determinados actos, como, por ejemplo, producir, vender o comprar determinadas cantidades de mercancías, son completamente diferentes de las ideas que esas personas pueden haberse formado acerca del conjunto de la sociedad o del sistema económico al que pertenecen, el cual se constituye por la agregación de todas esas acciones”, explicó Hayek.

Ante el actual panorama de reificación de conceptos colectivos, se requiere primeramente resolver el problema de los universales. La razón implica tres factores: los sentidos, la lógica, y los conceptos. La base metafísica de la lógica (y las reglas de la deducción) fue identificada por Aristóteles. La validez de los sentidos fue establecida por Aristóteles, elaborada por Tomás de Aquino, y completamente aclarada por Ayn Rand. Pero a falta de una teoría objetiva de conceptos, la relación de la razón con la realidad seguía siendo problemática. Hasta que el “problema de los universales” pudiese ser resuelto, la razón estaba siendo vulnerable a los trucos y a los sofismas que siglos de filósofos que odiaban la mente usaban contra ella. Para defender la razón y comprenderla adecuadamente, ese era el problema que tenía que ser resuelto.

La hazaña de resolver ese problema correspondió a la objetivista Rand, aunque su resolución se mantuvo implícita por los aristotélicos a lo largo del medievo, Renacimiento e Ilustración.

“Y entonces me pregunté a mí misma: ¿Qué es lo que hace mi mente en el proceso de usar conceptos? ¿A qué me estoy refiriendo, y cómo aprendo conceptos nuevos? Y en media hora tenía la respuesta. Obviamente, me llevó mucho más tiempo que eso el comprobarla, aplicarla a las diferentes categorías de conceptos, y ver si había alguna excepción. Pero una vez que tuve la respuesta, por su propia lógica, sabía que era esa. Y eso es todo”, explicó Rand cómo resolvió el problema de los universales.

Las escuelas y universidades occidentales palidecen en el uso de conceptos colectivos reificados inmunes al cuestionamiento de quienes se manejan a través de una teoría objetiva de los conceptos. En la medida que han ido abandonando la filosofía aristotélica, se han quedado huérfanos graduando solo técnicos del talento que alcanzan a ver el arbusto de su parcela del conocimiento, pero sin una lógica como el arte de identificación no contradictoria son incapaces de ver el bosque y aceptan sin cuestionar todo lo que se le da.

El autor es Magíster y Docente de la Facultad de Comunicación Social

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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