Cuando hacer lo correcto cuesta más el liderazgo empresarial y corrupción en la contratación pública
En el mundo empresarial suele afirmarse que la competencia impulsa la innovación, la eficiencia y el crecimiento económico. Sin embargo, cuando la corrupción se infiltra en los procesos de contratación pública, las reglas del juego cambian. Las empresas que cumplen la ley, pagan impuestos, mantienen estándares de calidad y promueven una cultura ética se encuentran en desventaja frente a aquellas que recurren al soborno, al tráfico de influencias o a acuerdos irregulares para obtener contratos estatales. En estos escenarios, hacer lo correcto puede parecer más costoso que participar en prácticas cuestionables.
La contratación pública constituye una de las actividades gubernamentales más vulnerables a la corrupción debido al volumen de recursos involucrados, la complejidad de los procedimientos y la estrecha interacción entre funcionarios y empresas privadas (Organisation for Economic Co-operation and Development [OECD], 2011, 2025). Diversos estudios señalan que una proporción significativa de los casos de soborno transnacional tiene relación con la obtención de contratos públicos, lo que demuestra que este fenómeno no es exclusivo de paÃses en desarrollo, sino un desafÃo global (OECD, 2025; United Nations Office on Drugs and Crime [UNODC]).
Ante esta realidad surge una pregunta fundamental: ¿qué papel debe desempeñar el liderazgo empresarial? Durante décadas, algunas organizaciones justificaron prácticas irregulares argumentando que eran necesarias para sobrevivir en mercados altamente competitivos. No obstante, la experiencia demuestra que las empresas que construyen su crecimiento sobre la corrupción terminan enfrentando riesgos legales, financieros y reputacionales que comprometen su sostenibilidad a largo plazo.
El liderazgo empresarial moderno no puede limitarse a la obtención de resultados económicos. Los directivos son responsables de definir la cultura organizacional y establecer los lÃmites éticos dentro de los cuales opera la empresa. La OECD (2025) sostiene que los lÃderes corporativos desempeñan un papel central en la promoción de una cultura de integridad mediante polÃticas de cumplimiento, controles internos, capacitación y mecanismos de denuncia. En otras palabras, la lucha contra la corrupción comienza desde la alta dirección.
Sin embargo, liderar con integridad en contextos donde las prácticas corruptas están normalizadas no es una tarea sencilla. Muchas empresas enfrentan presiones para pagar comisiones indebidas, aceptar favoritismos o participar en procesos diseñados para beneficiar a determinados proveedores. Rechazar estas prácticas puede significar perder contratos importantes, reducir ingresos o incluso quedar excluidas de ciertos mercados. Desde una perspectiva de corto plazo, la decisión de actuar éticamente parece generar costos adicionales.
No obstante, el verdadero liderazgo se pone a prueba precisamente cuando las circunstancias incentivan el comportamiento contrario. Las organizaciones que mantienen principios éticos sólidos envÃan un mensaje claro a sus colaboradores, clientes e inversionistas: la rentabilidad no justifica cualquier medio. Esta postura fortalece la confianza institucional, uno de los activos más valiosos en una economÃa cada vez más orientada hacia la transparencia y la rendición de cuentas.
Además, la corrupción no solo perjudica a las empresas honestas; también afecta a la sociedad en su conjunto. Cuando los contratos públicos son adjudicados por favoritismo y no por mérito, los ciudadanos reciben obras de menor calidad, servicios deficientes y proyectos más costosos. La OECD (2025) advierte que la corrupción en la contratación pública puede generar pérdidas significativas de recursos, deteriorar la confianza en las instituciones y afectar incluso la salud y la seguridad de la población. Por ello, combatir este fenómeno no es únicamente una obligación legal, sino una responsabilidad social compartida entre el sector público y el privado.
En paÃses como Panamá, donde la transparencia y la eficiencia institucional continúan siendo temas de debate público, el sector empresarial tiene la oportunidad de convertirse en un agente de cambio. Esto implica adoptar códigos de ética efectivos, fortalecer los programas de cumplimiento normativo, realizar procesos de debida diligencia sobre socios y proveedores, y establecer mecanismos internos que permitan denunciar irregularidades sin temor a represalias. Estas medidas no eliminan por sà solas la corrupción, pero reducen significativamente los riesgos de participación en prácticas indebidas.
Asimismo, las empresas pueden impulsar acciones colectivas con gremios empresariales, cámaras de comercio y organizaciones de la sociedad civil para promover estándares más altos de transparencia en la contratación pública. La evidencia internacional muestra que la cooperación entre gobiernos y empresas resulta esencial para fortalecer la integridad de los mercados y generar condiciones de competencia más justas (OECD, 2025).
Otro aspecto relevante es comprender que la integridad también genera ventajas competitivas. Cada vez más inversionistas, organismos financieros y clientes valoran criterios relacionados con la gobernanza corporativa, la sostenibilidad y la ética empresarial. Las compañÃas que demuestran un compromiso real con estos principios suelen acceder con mayor facilidad a financiamiento, alianzas estratégicas y oportunidades internacionales. En consecuencia, la integridad deja de ser únicamente una cuestión moral para convertirse en un factor estratégico de competitividad.
La pregunta ya no deberÃa ser cuánto cuesta actuar correctamente, sino cuánto cuesta no hacerlo. Las sanciones económicas, los procesos judiciales, la pérdida de reputación y la desconfianza de los mercados pueden destruir en pocos meses lo que tomó años construir. La historia empresarial está llena de ejemplos donde los beneficios obtenidos mediante prácticas corruptas resultaron insignificantes frente a las consecuencias posteriores.
No podemos olvidar que hacer lo correcto cuesta más, el liderazgo empresarial adquiere una importancia decisiva. Los verdaderos lÃderes no son aquellos que obtienen contratos a cualquier precio, sino quienes son capaces de defender principios éticos incluso cuando ello implica sacrificios inmediatos. En un entorno donde la corrupción continúa representando uno de los principales riesgos para la contratación pública, la integridad no debe considerarse una carga adicional, sino una inversión estratégica en la sostenibilidad de las empresas y en el fortalecimiento de las instituciones democráticas. El desafÃo es grande, pero también lo es la oportunidad de demostrar que los negocios pueden prosperar sin renunciar a sus valores.
La autora es docente en el CRUPE
Referencias (APA 7.ª edición)
- Organisation for Economic Co-operation and Development. (2011). La integridad en la contratación pública: Buenas prácticas de la A a la Z. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/9789264085084-es
- Organisation for Economic Co-operation and Development. (2025). Business integrity. OECD.
- Organisation for Economic Co-operation and Development. (2025). Integrity in public procurement. OECD.
- Organisation for Economic Co-operation and Development. (2025). Linking integrity, business conduct and public procurement. OECD Publishing.
- United Nations Office on Drugs and Crime. (s.f.). Corruption in public procurement. UNODC.
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