¿Quién le paga a la señora Hawes?
Una tarde de enero de 1796, la señora Hawes decide entrar al Banco de Inglaterra para comprar un “cónsul” inglés, quizás el mejor bono jamás emitido en la historia, aprovechando el crecimiento económico de la Inglaterra del siglo de las luces mediante el nuevo mercado de bonos.
“Recibido este día 22 de enero de 1796 de la señora Anna Hawes la suma de ciento y una libra que son la retribución por cien libras. Interés o parte en capital o fondo social de anualidades del cinco por ciento, consolidado el 6 de julio de 1785 transferible al Banco de Inglaterra”, se puede leer en la obra del historiador Niall Ferguson “El triunfo del dinero. Cómo las finanzas mueven el mundo”, que se publicó a finales de la década del 2000 a raíz de la monumental crisis económica internacional.
Dado que pagó 101 libras por un consol inglés de 100 obtenía un rendimiento anual para su inversión de 4.95%, pero en abril de 1796 emergió la figura de Napoleón y con el tiempo el precio del consol bajó hasta un 30%.
Este hecho marcó el inicio de la destrucción del sistema monetario sano, el Patrón oro clásico, que se venía instaurando de forma espontánea en distintas naciones industrializadas para la colaboración social mediante la división del trabajo, como respuesta a la crisis global del siglo XVII por la cantidad de oro y plata introducida en la oferta monetaria, a raíz del descubrimiento de América.
El banquero suizo, Ferdinand Lips, en su obra “Guerras del oro”, describe el avance del patrón oro clásico desde 1664 hasta el estallido de la primera guerra mundial. La primera experiencia con el patrón oro moderno surgió ese año en Gran Bretaña, y se extendió, con algunas interrupciones, más de 250 años, hasta diciembre de 1914.
“En general los precios permanecían estables o ligeramente por debajo del nivel de 1664, con la excepción del periodo de guerras napoleónicas, cuando, en 1813, el nivel de precios se disparó 180 para volver más tarde de nuevo a su valor a largo plazo, 100. En 1914, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, el índice se situó en 91, lo cual significaba que al final estuvo más bajo que 250 años antes. Todo el mundo sabe qué le pasó a la libra después de que abandonara el patrón oro”, explicó.
Lips agregó que “en 1900, aproximadamente cincuenta países tenían un patrón oro, incluyendo todas las naciones industrializadas. Es un hecho interesante que el patrón oro moderno no se planificara en ninguna conferencia internacional ni fuera creado por ningún genio. Llegó solo, de forma natural y espontánea como consecuencia de la experiencia y aprendizaje de la historia. El Reino Unido continuó con el patrón oro en contra de la voluntad de su gobierno. Solo mucho después, las leyes (históricas) convirtieron un patrón oro de facto en un patrón oro sancionado”.
Detrás de todo orden cronológico existe un orden lógico. De no surgir la nefasta figura de Napoleón, en comparación a los Padres Fundadores de Estados Unidos, seguro la señora Hawes cobraría su rendimiento anual, y más ciudadanos comunes imitarían su comportamiento hasta ser introducido su cuerpo teórico que explicara su funcionamiento en las aulas de clases, y Occidente se ahorraría las innecesarias muertes que continuaron en los dos siglos siguientes, principalmente el siglo XX.
Fue, es y será el estatismo neomercantilista que posee el monopolio legal de la fuerza frente a víctimas legalmente desarmadas, la filosofía política que provoca las guerras, y con ello la especulación en los mercados por financiar los conflictos bélicos en nombre de alguna ideología totalitaria de moda y, a la vez, la mayor responsable no solo del asesinato de víctimas honestas, sino de la destrucción de la economía real.
“Observe una de las características más desagradables del mundo actual: la mezcla de las preparaciones frenéticas para la guerra junto con una propaganda histérica por la paz y el hecho de que ambas vienen de la misma fuente, de la misma filosofía política. La filosofía política en quiebra, pero aún dominante de nuestra época es el estatismo”, aclaró la objetivista Ayn Rand.
La encarnación histórica de la libertad monetaria es el patrón oro. La época de su mayor florecimiento no fue por casualidad el siglo XIX, el siglo en el que reinaba la ideología liberal clásica, un siglo de progreso material sin precedentes y de relaciones pacíficas entre las naciones. Desgraciadamente, la libertad monetaria representada por el patrón oro, junto con muchas otras libertades de la era liberal clásica, llegó a su calamitoso fin con la Primera Guerra Mundial.
Además, y no por casualidad, se trataba de la “Guerra para hacer del mundo un lugar seguro para la democracia de masas”, un sistema político que a estas alturas todos hemos aprendido que es el gran enemigo de la libertad en todas sus manifestaciones sociales y económicas.
El reconocimiento de la dignidad y valor del ser humano se comienza a fraguar con los escolásticos de Tomas de Aquino en el siglo XIII y los escolásticos tardíos de Francisco de Victoria, sin dejar de mencionar a los escolásticos protestantes. Todos con una base aristotélica explícita.
Ellos respetaban la unidad alma cuerpo que se traducía en la unidad razón fe en el plano epistemológico teniendo la vida como su valor esencial y en la racionalidad su virtud cardinal. Y fui así que dieron con el descubrimiento científico de las sociedades renacentistas – ilustradas.
“Los estudiantes de la libre empresa normalmente remontan los orígenes del pensamiento pro-mercado al profesor escocés Adam Smith (1723–1790). Esta tendencia a ver a Smith como origen de la economía está reforzada entre los estadounidenses porque su famoso libro “Una investigación de la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones” fue publicado el año de la independencia estadounidense de Gran Bretaña”, sostenía el historiador Llewellyn Rockwell Jr.
Rockwell es consciente que la historia económica de Occidente está mal narrada y contada. “Los fundadores reales de la ciencia económica en realidad escribieron cientos de años antes que Adam Smith. No eran economistas como tales, sino teólogos morales, formados en la tradición de Santo Tomás de Aquino y se los conoce colectivamente como los escolásticos tardíos. Estos hombres, la mayoría de los cuales enseñaron en España, eran al menos tan favorables al libre mercado como la tradición escocesa muy posterior”.
El autor es Magíster y Periodista de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá


