Una mirada a la Inteligencia Artificial, desde la Psicología Clínica
Hace unos meses asistí a un seminario acerca del uso de la Tecnología en la educación y una de las ideas más interesantes fue la siguiente pregunta: ¿qué uso le da a la tecnología en la educación?, había varias opciones y una que llamó la atención fue “ayuda/apoyo, o bien reemplazo o una transformación”. Ciertamente como ciudadano de este siglo es una pregunta pertinente para todos, grandes y chicos, educadores y educandos, padres e hijos, líderes y colaboradores. Todos de alguna manera u otra estamos inmersos en un mundo que avanza segundo a segundo en las tecnologías de información y comunicación, que invitan a aceptarlas, adaptarse, rechazarla o bien hacer un mal uso de estas.
El año pasado escribí un breve artículo referente a cómo las nuevas tecnologías de información y comunicación son parte de nuestra vida diaria, que no es cuestión de satanizarlas sino, más bien, darle un uso responsable, pensado y pertinente las personas involucradas y los objetivos perseguidos. Esto ha ido evolucionando tanto, que diversos estudios recomiendan horas estrictas de uso de dispositivos y pantallas para menores, y en algunos países desarrollados han recomendado retomar el uso de textos impresos, lo cual es un indicador de que se está estudiando la materia y no hay respuestas absolutas. Todo esto plantea la imperiosa necesidad para padres y cuidadores que reconsideren y regulen el ofrecerle o no celulares y tabletas a los menores desde edades muy tempranas.
En este corto artículo me gustaría concentrarme en el uso que se le está dando a estas nuevas herramientas tecnológicas de la comunicación e información, en este caos las inteligencias artificiales, en la educación superior tanto por docentes como estudiantes.
En el campo de la docencia, muy particularmente desde el rol del docente, es valiosa la pregunta inicial ¿qué uso se le está dando a estas tecnologías emergentes: ¿apoyan, reemplazan o transforman? Es preciso resaltar que el buen uso de dichas tecnologías de la comunicación e información conlleva a considerarlas como herramientas de apoyo al proceso académico, jamás permitiendo que reemplace las competencias intelectuales, analíticas, investigativas, creativas y originales tanto del docente como del estudiante.
Aunado a lo anterior, los estudiantes deben estar claros que cualquier producción académica que presenten es una declaración implícita que es de su autoría, producto de sus ideas centrales, que está bajo su responsabilidad, haciendo la salvedad de que la asistencia de alguna inteligencia artificial fue utilizada de manera ética y transparente. Debe tener claro que los trabajos académicos deben ser de su autoría intelectual y, por ende, no debería permitir que la IA sea el autor de su tesis, trabajo final, informe de práctica, de evaluación de un caso, de reporte de avance de la evolución de un paciente. El contenido central de un documento académico debe ser entera producción del autor, de manera que evidencie su manejo, comprensión y aplicación de la temática, no una superficialidad vacía de humanidad. Se puede hacer un buen uso de apoyo y transformación académica en tareas que implican mejorar la gramática, redacción o bien cuestiones de estilos.
Con respecto a esta materia la UNESCO (2021) se pronunció haciendo una declaración de mucho valor para la comunidad científica y académica, planteando que no es un tema de prohibición, sino que deben ser consideradas como herramientas, es decir son un apoyo que debe facilitar los procesos, sin embargo, no es darle el poder y control absoluto de todo el proyecto. Sostuvo que existe una línea que podría guiar su uso en “La Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial (2021), que fue adoptada por 193 Estados Miembros. Panamá está haciendo sus acercamientos a normar el uso de las inteligencias artificiales en diferentes escenarios.
Las bondades que ofrece una IA son innumerables, sin embargo, deberían ser manejadas y utilizadas con “criterio formado” dado que una carencia de las competencias que se están gestionando pudiera representar un alto riesgo de pérdida de control en torno a lo académico, ético, social u otro, y con ello una posible implicancia legal. Son más las fortalezas que las limitaciones que tiene una IA para los entornos académicos, probablemente las posibles “debilidades o limitaciones” corresponderían más al usuario, por el uso que le da a las mismas, muchas veces carente de una alfabetización ética y responsable en la materia.
Cuando se use alguna IA, tanto los profesores como los estudiantes deben indicarlo, mencionando la herramienta empleada, su versión, finalidad y cualquier otro dato pertinente, de manera que sea un texto transparente, de calidad y ética.
En la ciencia de la psicología la IA debe ser vista tanto desde una óptica de mayor amplitud hasta una limitada o específica; en lo general puede apoyar al proporcionar un marco de referencia más vasto, sin embargo, no debería ser la gestora de diagnósticos psicológicos, interpretación de informes técnicos o bien de consideraciones terapéuticas particulares de una persona. Los pacientes requieren ser escuchados (verbal y no verbalmente), vistos como humanos que pueden estar atravesando situaciones personales preocupantes, y frente a esto lo que una IA podría aportar sería limitado.
La tecnología ha evolucionado para quedarse y mejorar cada día, por lo que la cuestión es hacer un uso responsable y ético, que no lleve al detrimento o perdida de aquellas competencias o funciones cognitivas superiores que nos caracterizan como animales evolucionados o bien superiores de la especie.
Bibliografía
- Universidad de Panamá – Estatuto Universitario.
- UNESCO. (2021). Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial.
La autora es Doctora en Psicología Clínica-Psicoterapeuta Certificada y docente universitaria


