Las frustraciones cotidianas de un catedrático universitario: ¿Es más difícil enseñar ahora?
El 19 de mayo del 2026, cumplimos cuarenta (40) años de ejercer como catedrático en la mejor Universidad de Panamá. 1986, será el año de transición de profesor de nivel medio a profesor universitario. Las expectativas de un nuevo escenario profesional, incitó las iniciativas académicas para sucesivamente ir preconfigurando un perfil profesional más profesionalizante hacia la figura de la conducta como profesor comprometido racionalmente, contrario a la convicción inconsciente que se asume en muchos docentes desde la concepción de un maestro por vocación hacia la enseñanza.
Debe quedar claro, que, en nuestra estructura mental, los procesos de sinapsis neuronal y las interconexiones de neurotransmisores, dan a lugar la preconfiguración de un lenguaje cognitivo que justifica nuestra postura desde la profesionalización, construida mesuradamente mediante un proceso evolutivo de formación desde la ciencia, la tecnológica, las artes. Este proceso evolutivo de madurez cognitiva, supera las “creencias” heredadas que por costumbres asumen que para ser maestro se nace con vocación. Nuestro andamiaje cognitivo, por el contrario, concibe que un maestro es las consecuencias en su formación de hechos racionales, en donde la vocación es superada por la profesionalización entendida como un proceso de madurez cognitiva que se transfiere en compromisos conCiente en la conformación de un factum mental con estructuras para el desarrollo del pensamiento con intencionalidades muy bien construidas.
Nuestra configuración mental en cuanto al abordaje de un perfil docente a lo largos de estas cuatro (4) décadas, se enmarco en el compromiso conCiente, consecuencias de formación, lecturas y la reelaboración de nuevas lecturas. Lo que supone que no nací educador, sino, que, me hice un educador mediante un proceso evolutivo de constante preparación en entornos nacionales e internacionales.
Una mirada retroprospectiva, año 1986, para aquel entonces, la realidades sociales, económicas, políticas y educativas, conformaban un contexto nacional muy particular e histórico, la retoma y la consolidación de nuestra soberanía nacional. Esto de por sí, como una plataforma de conciencia de la identidad nacional, generó todo un asidero de proclamas de sentimientos y consecuentemente, desarrollo de nuevas formas de pensar de muchos panameños. La patria boba, se exorcizaba.
Las ilusiones o expectativas de muchos panameños apuntalaban hacia esa correspondencia de logros de aprendizajes como respuestas a lo que se denomino la tercera ola (consúltese Toffler, Alvin. (1992). Así como también, Steve Jobs y Steve Wozniak., la Tercera Revolución Industrial (transición de lo mecánico a lo digital), y Bill Gates y Jeremy Rifkin. Estos referentes y otros de carácter filosófico, pedagógico y neurológico, ejercieron toda una presión en la psique del panameño, que obligo a muchos en incursionar en el espíritu universitario formalizando colegiaturas para el ingreso a las universidades.
Valentín Medina Domínguez, primer decano de la Facultad de Ciencias de la Educación, hombre visionario, promueve ante la gran demanda de estudiantes que concitaban en la década de los ochenta, un modelo de respuesta al cual él denominó, educación de masas, un modelo de abordaje andragógico como respuesta a la masificación de muchos maestros que vieron en la formación universitaria, no sólo una mejora salarial, sino que, además, estructuras de conocimientos para ser más profesional.
Las influencias ejercidas de manera conCiente o no en el contexto de aquel entonces, exigía una dedicación no sólo del profesor, sino, que también, de los estudiantes. Era muy normal, encontrarse con las aulas de clases saturadas, que, por lo regular, muchos estudiantes de no llegar a tiempo se quedaban sin bancas para sentarse viéndose obligados a estar de pie toda la sesión.
Las bibliotecas como espacios de apoyos didácticos eran muy concurridas. Los textos de referencias para ampliar zona de desarrollo conceptual eran limitados, conllevando en desviar recursos económicos de subsistencia, para invertir en fotocopias. Las platicas entre estudiantes en los pasillos o en las aulas, se nutrían de debates o argumentos edificantes. Que decir cuanto se concurría a las cafeterías universitarias. Degustar un menú de estudiantes era casi propio tener como acompañamientos en las mesas o en las continuas, narrativas diversas pero convergentes en estructuras de pensamientos. Pláticas que en muchas veces eran compartidas por profesores y estudiantes en un festín de construcción de nuevas verdades.
La cultura de la lectura en los pasillos, en ferias universitarias o compartidas por profesores advenedizos a los conocimientos, era todo un “bum” de efervescencias académica, que subliminalmente, levantaba pasiones en sus adquisiciones para la biblioteca personal de consulta. Aspectos muy característicos de aquella época, se daba más entusiasmo en la compra de libro a diferencias de la actual generación, con su marcado interés en la compra del dispositivo más caro con la subutilización de las propiedades tecnológicas de su móvil.
Lo cierto, que el antes y el ahora en la dinámica del espíritu universitario, en algunos profesores, estudiantes y administrativos, en el transcurrir, hay desvío no sólo conceptual de lo que implica vida universitaria, sino que, además, las disciplina como proceder en la construcción de mejoras humanas, esta siendo soslayada.
La tesis del conocimiento crítico como respuesta a la ignorancia atrevida, es todo lo contrario. Pareciera ser, que las advertencias de Zygmunt Bauman (2020): Las estructuras sociales, los trabajos y los vínculos se disuelven y cambian antes de consolidarse y las de Ortega y Gasset (1985). La identidad universitaria es volátil. Se deja de convivir desde lo vital por lo trivial. Si antes la técnica estaba al servicio del ser humano; hoy día, es lo contario. Sin embargo, la premisa de algunas consignas del “postmodernismo”, tales como; “lo importante no es ser feliz, sino, ser estúpido (don't worry be stupid)” es una réplica en la cotidianidad de algunos contextos universitarios.
En las interacciones entre profesores, el antes; se suscitaban emociones en la adquisición de trabajos científicos para consolidar o para debatir. Recuerdo con mucha vehemencia un recordado colega; Ernesto Botello, un claro ejemplo de un empedernido advenedizo, casi un adicto en el buen sentido de la palabra hacia la lectura como forma de construcción de nuevos abordajes conceptuales para ser transferido a la dinámica curricular. Era muy propio de él, hacerte como obsequio un libro, pero hábilmente, lo que buscaba era generar una comunidad de lectores con referentes teóricos actualizados.
Hoy día, presentar una identidad de habilidad conceptual, en algunos escenarios de la universidad, no es una fortaleza, más bien, una amenaza. Recurre una frase muy citada por algunos pensadores quienes indican lo siguiente; Hoy día hablar con preeminencia conceptual, es correrse el riesgo de irritar a la ignorancia atrevida, lo que lleva a callarse para no incomodar.
Lo anteriormente matizado, esta dando a lugar, una situación en donde una gran cantidad de profesores carecen de dominios epistemológicos y hasta metacognitivos de su propia disciplina. Así igualmente, escasos círculos de recreadores del conocimiento con actividades de lecturas y debates. Se comparten escritos, libros en comunidades universitarias, y el silencio presenta matices de “pasotismos”. A fin de cuentas, en esa edificación de una estructura conceptual, el espíritu universitario en la vida cotidiana se ve minimizado por no decir, obviado.
No comparto aquella postura que dicen algunos necios, que para qué escribir si a final de cuentas nadie lo lee. Ernesto Sabato (2000), tiene una obra titulada “La resistencia”, sugerente en la premisa para cavilar posturas del tenor siguiente; la única forma de combatir a la sociedad de la ignorancia atrevida es no claudicar en seguir pensando de forma divergente y convergente, plasmando una reconstrucción de ideas en nuevas identidades conceptuales.
Pero, en el conjunto de todos los párrafos previamente esbozados, internamente se generan una sinapsis neuronal que, mediante interconexiones con los neurotransmisores, preconfiguran emergentes inquietudes reflexivas que requieren de aproximaciones conceptuales. Estas serían: ¿Es más difícil enseñar ahora? ¿Qué ha acontecido en ese proceso histórico de las universidades donde el pensar críticamente pierde sentido? ¿Los procesos de transformación social y las emergentes tecnologías generativas contribuyen a profundizar los problemas de vigencia de las universidades? ¿Qué nuevas dinámicas de relaciones entre toda la comunidad universitaria es requerida para generar un escudo de contención?
Tratando de responder a nuestras reflexiones, todas ellas, exigen un desarrollo de asidero conceptual, que en su narrativa vaya configurando una sustentación que las haga entendible y transferible a condiciones individuales de quien la asuma y desee aplicarlas en contextos particulares. En consecuencias, vamos a presentar todo un fundamento teórico-conceptual como fundamentados de las complejidades que presenta cada una y de cómo se le atribuyen características que le dan identidad como respuestas a las dificultades o posibilidades de enseñar para y en una sociedad compleja.
En lo que se refiera a la primera reflexión del conjunto de las otras, nuestra respuesta la localizará al final del cierre de nuestro escrito. Como quiera que sea, nuestra vivencia como profesor catedrático a lo largo de cuarenta (40) años, nos hace reflexionar y mensurar sobre los estilos para enseñar y aprender en una sociedad marcada por procesos de transformaciones científicas, tecnológicas y digitales, que están evidenciando procesos disruptivos en instituciones universitarias. Si escogemos a varios de nuestros colegas y le preguntamos si hoy día es más difícil enseñar, no cabe duda de que reafirmaran que enseñar hoy es más complejo que hace una década. No es que los estudiantes sean menos inteligentes, sino que el entorno educativo, tecnológico y social ha cambiado drásticamente y esta crisis multidimensional de las universidades pasa necesariamente por un proceso histórico.
Reflexión: ¿Qué ha acontecido en ese proceso histórico de las universidades donde el pensar críticamente pierde sentido?
Análisis: Este proceso histórico, de la búsqueda de la verdad al "capitalismo cognitivo" en el sentido del pensamiento crítico en las universidades, no ocurrió de la noche a la mañana; es el resultado de un cambio de paradigma histórico de finales del siglo XX y principios del XXI, de acuerdo con las siguientes explicaciones:
- El proceso histórico: De la búsqueda de la verdad al "capitalismo cognitivo"
- La deriva mercantilista: La universidad nació como un espacio humanista para cultivar el alma, debatir la verdad y cuestionar el statu quo. Sin embargo, la transición hacia el neoliberalismo educativo la transformó en una corporación. Hoy se prioriza la "excelencia métrica" (rankings, número de publicaciones indexadas) por encima del impacto intelectual o social.
- La era de las competencias instrumentales: El conocimiento dejó de ser un fin en sí mismo para convertirse en un producto de consumo. Las instituciones sustituyeron los planes de estudio reflexivos por capacitaciones técnicas rápidas, diseñadas exclusivamente para satisfacer las demandas inmediatas del mercado laboral, lo que algunos autores llaman "ignorancia ilustrada" o analfabetismo político. El estudiante pasó de ser un sujeto crítico a un cliente que adquiere una credencial económica.
- Transformación social e IA generativa: ¿Amenaza de vigencia?
Las mutaciones sociales y la Inteligencia Artificial (IA) generativa sí profundizan drásticamente los problemas de vigencia de la universidad si esta insiste en mantener sus métodos tradicionales:
- Desintermediación del saber: Históricamente, la universidad monopolizaba el acceso al conocimiento especializado. Hoy, herramientas de IA generativa y plataformas de micro credenciales ofrecen respuestas inmediatas y habilidades prácticas sin necesidad de pisar un aula, cuestionando el valor real del costoso título universitario.
- La automatización cognitiva: Al delegar la escritura, el resumen y la programación a la IA, el estudiante corre el riesgo de sufrir una "deuda cognitiva" o atrofia del pensamiento abstracto. Si la universidad sigue evaluando mediante la repetición de datos o ensayos genéricos, estará evaluando la capacidad de una máquina, perdiendo toda relevancia educativa.
- Cultura de la inmediatez: La aceleración social choca frontalmente con los tiempos lentos que requiere el pensamiento crítico (leer, dudar, contrastar, reformular). La universidad lucha por mantener su vigencia en una época que penaliza la profundidad intelectual.
- El escudo de contención: Nuevas dinámicas comunitarias
Para no convertirse en una institución obsoleta, la comunidad universitaria requiere refundar sus relaciones internas bajo un esquema de resistencia compartida:
- Pedagogía de la co-creación (Docente-Estudiante): Romper la jerarquía del "profesor dictador de contenidos". Dado que la IA provee la información, el aula debe convertirse en un laboratorio de cuestionamiento. Profesor y alumno deben co-crear el conocimiento mediante el debate, la verificación del sesgo de los algoritmos y la resolución de problemas reales de sus comunidades.
- Evaluación procesal y dialógica: Desterrar el examen de memoria y el ensayo tradicional (fácilmente falsificables por IA). El escudo exige evaluar el proceso de pensamiento: debates en vivo, defensas orales de proyectos, portafolios de aprendizaje erráticos (donde se premie el error y la corrección) y metodologías basadas en investigación-acción.
- Alianza frente a la burocracia (Docentes-Directivos): La administración universitaria debe dejar de asfixiar a los profesores con formatos de acreditación inútiles. Se necesita un pacto que devuelva el tiempo libre a los docentes para que puedan investigar, diseñar nuevas estrategias didácticas y brindar acompañamiento tutorial afectivo a los estudiantes.
- Alfabetización digital crítica interdisciplinaria: La tecnología no debe prohibirse ni aceptarse ciegamente. Humanistas, científicos y tecnólogos dentro de la universidad deben unirse para enseñar a la comunidad a auditar la (IA), desde una perspectiva ética, social y de derechos humanos.
Reflexión: ¿Los procesos de transformación social y las emergentes tecnologías generativas, contribuyen a profundizar los problemas de vigencia de las universidades?
Análisis: La sociedad de la complejidad en Lipman, M (1999). Edgar Morin (2005). La complejidad de enseñar hoy en las universidades no se debe a un solo factor, sino a las confluencias de tres (3) crisis simultáneas:
1.- Crisis de atención,
2.- Crisis de autoridad y,
3.- Crisis del propósito mismo de la educación superior.
Estas complejidades actuales se pueden analizar desde las siguientes dimensiones interconectadas:
La mutación en la cognición y atención del estudiante
- Cerebros hiperestimulados: Los estudiantes actuales han crecido en un ecosistema digital diseñado para capturar su dopamina en ráfagas de pocos segundos (formatos de video corto). La clase universitaria requiere un esfuerzo de atención sostenida para el cual sus cerebros no están entrenados.
- La cultura del "menor esfuerzo": La inmediatez de los buscadores y las inteligencias artificiales ha acostumbrado a los jóvenes a obtener respuestas sin transitar el proceso incómodo pero necesario de la duda, el error y la investigación profunda.
- Brecha de competencias de base: Los profesores reciben alumnos con graves deficiencias en comprensión lectora, redacción básica y pensamiento abstracto, arrastradas desde la educación secundaria.
- El colapso del modelo de evaluación tradicional
- Obsolescencia del ensayo y el examen memorístico: Durante siglos, evaluar consistía en medir la capacidad de retener información o redactar un texto estructurado. Hoy, la IA generativa realiza ambas tareas en segundos, dejando al profesorado sin herramientas fiables para saber qué aprendió realmente el estudiante.
El rol de policía digital: El docente gasta una enorme cantidad de energía psíquica y tiempo detectando fraudes académicos en lugar de guiar el aprendizaje, lo que genera un desgaste constante y frustración mutua.
La mercantilización y el estudiante-cliente
- Pérdida de la autoridad docente: Las universidades operan bajo lógicas corporativas donde el estudiante es visto como un cliente que paga por un servicio. Esto debilita la posición del profesor, quien a menudo se ve presionado por las autoridades para no reprobar alumnos o para suavizar las exigencias.
- Inflación de calificaciones: Existe una tendencia global a exigir que el docente justifique exhaustivamente por qué pone una mala nota, mientras que las notas altas se aceptan sin cuestionamiento, lo que degrada el rigor académico.
- La paradoja de la utilidad laboral vs. Formación integral.
- Desvalorización de lo humanístico: Vivimos en una sociedad utilitarista que exige habilidades técnicas aplicables de inmediato al mercado de trabajo. Enseñar conceptos teóricos, filosóficos o históricos se vuelve complejo porque el alumno cuestiona constantemente la utilidad práctica e inmediata de ese conocimiento ("¿para qué me sirve esto en mi empleo?").
- Caducidad del conocimiento: Los planes de estudio se aprueban tras largos procesos burocráticos que tardan años. Para cuando el alumno se gradúa, muchas de las herramientas técnicas que aprendió ya son obsoletas debido al ritmo de la tecnología.
- La precarización y asfixia del docente.
- Burocracia administrativa: Los profesores universitarios dedican una porción masiva de su tiempo a llenar formularios de acreditación, planificaciones por competencias y encuestas de satisfacción, restando tiempo vital para la innovación pedagógica y la investigación.
- Condiciones laborales: Una gran parte del cuerpo docente universitario global está compuesto por profesores por horas o adjuntos con salarios bajos y contratos temporales, lo que dificulta un compromiso real a largo plazo con el rediseño de las materias.
Reflexión: ¿Qué nuevas dinámicas de relaciones entre toda la comunidad universitaria es requerida para generar un escudo de contención?
Análisis: Para levantar un verdadero escudo de contención frente a la crisis de sentido, la desatención y la automatización cognitiva, la universidad no puede limitarse a cambiar los reglamentos. Necesita reconfigurar de raíz el tejido de sus relaciones internas. Este escudo se construye sustituyendo las dinámicas verticales, transaccionales y burocráticas por dinámicas basadas en la co-responsabilidad, el diálogo intergeneracional y la resistencia intelectual.
En ese sentido, un verdadero escudo de contención frente a la crisis de sentido del espíritu universitario, se requieren de nuevas relaciones comunicacionales entre los estamentos de la comunidad universitaria para la retoma de nuestra identidad como un centro de estudios superiores líder del país y de la región. Esas relaciones nos vienen sugerida de la siguiente manera:
- Relación Docente - Estudiante: De la transmisión al "Laboratorio Socrático"
- Copilotos del conocimiento: El profesor debe abdicar del rol de "poseedor absoluto del saber" (puesto que la información ya está democratizada y automatizada) para convertirse en un curador crítico y diseñador de experiencias.
- Contratos pedagógicos de honestidad: En lugar de una vigilancia policíaca contra la IA, se requiere una relación de transparencia. Profesor y estudiante pactan explícitamente cuándo, cómo y para qué se usa la tecnología en el aula, asumiendo el estudiante el compromiso ético de su propio proceso de aprendizaje.
- Evaluación dialógica y procesal: Sustituir la entrega solitaria de tareas por la defensa oral, el debate en clase y el co-diseño de proyectos. La relación se estrecha porque el docente evalúa el cómo piensa el estudiante en vivo, no el producto final que entrega en una plataforma.
- Relación Autoridades/Administración - Docentes: De la fiscalización al respaldo institucional
- Desburocratización radical: La administración debe dejar de tratar al profesor como un operario que llena formatos de acreditación y encuestas de calidad. El escudo exige devolverle al docente tiempo libre para pensar, investigar y preparar clases disruptivas.
- Blindaje de la autoridad académica: Las autoridades deben romper la lógica del "estudiante-cliente". Frente a las presiones por la inflación de calificaciones o quejas infundadas por la exigencia académica, la institución debe respaldar el rigor y el criterio del profesorado.
- Soporte psicoemocional real: Los directivos no pueden delegar la crisis de salud mental de los alumnos exclusivamente en los hombros del docente. Se requieren canales institucionales robustos de apoyo psicológico para que el profesor pueda ser un mentor académico y no un terapeuta improvisado.
- Relación Estudiante - Estudiante: De la competencia individual al aprendizaje comunitario
- Comunidades de práctica: Fomentar dinámicas donde los estudiantes de semestres avanzados tutoricen a los de nuevo ingreso. Esto alivia la carga docente y reconstruye el sentido de pertenencia a una comunidad intelectual.
- Proyectos de impacto social real: Sacar a los estudiantes del aislamiento de sus pantallas mediante metodologías de Aprendizaje-Servicio (A+S). Al trabajar juntos para resolver un problema tangible en una comunidad vulnerable o una empresa local, la relación entre pares se humaniza y el conocimiento cobra un sentido utilitario noble.
- Relación entre Pares Docentes: Romper los feudos disciplinares
- Células de innovación interdisciplinar: Los profesores ya no pueden trabajar de forma aislada en sus departamentos. Un profesor de didáctica, uno de investigación y uno de curriculum entre otras unidades académicas, bien pueden aliarse para diseñar estrategias comunes sobre cómo abordar el impacto de las tecnologías generativas en sus respectivas áreas. Integración interdisciplinar y transdisciplinar. No a la fragmentación de las áreas de conocimientos o especialidad. Si a la integración desde lo interdisciplinar y transdiciplinario.
- Comunidades de vulnerabilidad compartida: Espacios institucionales donde los docentes puedan reunirse a compartir sus frustraciones, fracasos didácticos y estrategias exitosas sin temor a ser juzgados o evaluados negativamente por sus pares o superiores. Volver a las reuniones de coordinación o Meeting académico.
El cierre
Reflexión: ¿Es más difícil enseñar ahora?
Análisis: Como tema central del escrito “enseñar es más difícil ahora”, las variables que inciden en el problema objeto de la tesis, están atribuidas al impacto que ha generado las revoluciones digitales, las tecnologías generativas (IA), con las accesibilidades en tiempo y espacio de manera asincrónica, a redes o plataformas con la posibilidad expedida de acceso a la información por parte de la comunidad estudiantil, lo que ha conllevado a una redefinición no consciente de las influencias de estas tecnologías en la transformación de la dinámica humana sobre todo, la relación entre profesor, información-conocimiento-estructuras para pensar. Situación por muchos desconocidos o desatendidas.
Esto trae consigo, a nuestro entender, innovadores principios de procedimientos didácticos en la relación de las comunicaciones interpersonales pertinentes en el aula de clases y las consideraciones de las influencias de emergentes expresiones o manifestaciones de carácter postmodernistas que minan los comportamientos de orden crítico lo que conlleva a que no haya discernimiento para diferenciar lo vital de lo trivial, afectando los motivos para querer estar y no tener que estar. Humberto Zárate, tenía una máxima a saber; “no es lo mismo vivir la universidad que vivir de la universidad”.
En las necesidades de expectativas de calidad de vida de hace cuarenta (40) años, los estudiantes panameños ante una sociedad nacional que demandaba excelentes profesionales, con tal necesidad del país, veían oportunidades. Motivos suficientes para darle sentido y existencia a todo lo que implicaba el espíritu universitario. No obstante, la cultura de lo relativo y el trabajo con la fuerte incidencias de nuevos dispositivos electrónicos, plataformas, redes sociales, tecnologías generativas IA, las complejidades de las sociedades desde lo cultural, social y político y la mediática como instrumento del neuromarketing con el tratamiento de supuestas necesidades de satisfacción todas trabajadas bajos la subconciencia, distorsionó las expectativas estudiantiles y con ella el espíritu universitario. (La teoría de Carl Jung, nos explica su incidencia en el control de la conducta y la creación de necesidades o motivos dentro de una cultura consumista).
Por otro lado, el ausente rigor académico que revestía a los profesores como únicos dueños de la verdad, destacándose no sólo del dominio de su contenido (competencias), sino que también, la elocuencia en el discurso y su calidad para producir textos escritos. La meritocracia sin valor intelectual añadido es un fin en sí mismo sin capacidades creativas para producir. Consecuencias, los actuales momentos y como resultados de esa meritocracia, la comunidad universitaria de muchas universidades está plagada de magister y doctorados con grandes falencias de elocuencias y dominio del lenguaje conceptual o epistemológico de su área de especialidad y con escasa producción intelectual. El Dr. Octavio Méndez Pereira, ya en una visión prospectiva, advertía que “las universidades no debían convertirse en una fábrica de patente de corso”.
Consecuente con el preámbulo del presente escrito y su premisa “¿Es más difícil enseñar ahora?, con las consabidas sustentaciones conceptuales y, sus implicaciones que se explican a lo largo de todo el escrito no quedan otras alternativas, ¡que la de afirmar un Sí!, es más difícil enseñar ahora.
Bibliografía:
Vidra, R. (2025, 28 de enero). Thoughts on 20 years of college teaching. Inside Higher Ed. https://www.insidehighered.com/opinion/views/2025/01/28/thoughts-20-years-college-teaching-opinion
El autor es Magíster y Docente de la Facultad de Ciencias de la Educación.


