Centenario ANEP 2025–2028: una agenda pública para la enfermería panameña
Cumplir cien años no es un dato menor para ninguna organización profesional. En el caso de la Asociación Nacional de Enfermeras de Panamá, el centenario representa algo más que una fecha institucional: es una oportunidad política, ética y sanitaria para preguntarnos qué lugar debe ocupar la enfermería en el país que estamos construyendo.
La ANEP fue fundada el 20 de agosto de 1925 y, de acuerdo con la propia asociación, nació originalmente como Asociación de Enfermeras Graduadas del Hospital Santo Tomás, hasta reorganizarse posteriormente como Asociación Nacional de Enfermeras de Panamá (Asociación Nacional de Enfermeras de Panamá [ANEP], 2024). Ese recorrido no pertenece únicamente a los archivos gremiales. Forma parte de la historia sanitaria de Panamá. Allí están las generaciones que sostuvieron hospitales, campañas de salud pública, formación profesional, servicios comunitarios, salas de parto, unidades críticas, vacunación, educación y acompañamiento humano en los momentos más vulnerables de la vida.
Pero un centenario no debe quedarse en la solemnidad de los actos. Las flores, las placas y los discursos tienen valor simbólico, pero no bastan. La mejor manera de honrar cien años de enfermería organizada es convertir esa memoria en agenda pública. Si la enfermería ha sostenido al país durante un siglo, el país debe responder con políticas capaces de sostener a la enfermería durante los próximos cien años.
Esa es la tesis de este artículo: el Centenario ANEP 2025–2028 debe convertirse en una hoja de ruta nacional para dignificar la profesión, fortalecer la formación, impulsar la investigación, ampliar el liderazgo y mejorar las condiciones laborales. No como una lista de aspiraciones gremiales aisladas, sino como una agenda de salud pública. Porque cuando mejora la enfermería, mejora la capacidad del sistema para cuidar.
Dignidad profesional: el punto de partida
Hablar de dignidad profesional no es hablar de privilegios. Es hablar de reconocimiento justo, condiciones seguras, respeto institucional y participación real en las decisiones que afectan el cuidado. La enfermería no puede seguir siendo nombrada como “columna vertebral del sistema” mientras se le consulta poco, se le sobrecarga mucho y se le exige responder donde otros procesos fallan.
La dignidad empieza por reconocer que el trabajo enfermero no es auxiliar de la salud: es ciencia del cuidado, gestión clínica, educación sanitaria, vigilancia continua, prevención de riesgos y presencia humana. En la Región de las Américas, la OPS ha señalado que la enfermería representa una proporción mayoritaria del personal de salud; para 2025, estimó 7.4 millones de profesionales de enfermería, equivalentes al 63% de la fuerza laboral sanitaria regional (Organización Panamericana de la Salud [OPS], 2025a). Esa magnitud obliga a pensar la enfermería como prioridad estratégica, no como recurso disponible para llenar vacíos.
En Panamá, el perfil de país de recursos humanos para la salud publicado por la OPS reporta que la enfermería constituye una parte sustantiva del personal profesional sanitario y subraya la necesidad de contar con información actualizada para planificar la fuerza laboral (OPS, 2025b). Esta información debe traducirse en decisiones: distribución equitativa, estabilidad, carrera profesional, incentivos para áreas críticas y mecanismos transparentes de retención. La dignidad no se declama; se organiza.
Formación: preparar la enfermería que viene
El segundo eje de la agenda centenaria debe ser la formación. Panamá necesita enfermeras con competencias clínicas, tecnológicas, comunitarias, investigativas y de liderazgo. La formación no puede limitarse a producir egresados; debe preparar profesionales capaces de responder a sistemas de salud más complejos, poblaciones envejecidas, enfermedades crónicas, emergencias sanitarias, salud mental, cambio climático y transformación digital.
La OPS plantea que la educación de recursos humanos para la salud debe vincularse con la disponibilidad, calidad, pertinencia cultural y distribución adecuada del personal, así como con sistemas de evaluación y acreditación de programas formativos (OPS, s. f.). Esta idea debe tomarse en serio. No basta abrir cupos si los campos clínicos están saturados, si la tutoría no está planificada o si la práctica no conversa con las necesidades reales del sistema.
La Organización Mundial de la Salud, en el informe State of the world’s nursing 2025, identifica prioridades relacionadas con educación, empleo, liderazgo y prestación de servicios para fortalecer la fuerza laboral de enfermería (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2025). El mensaje es claro: la formación debe estar conectada con políticas de empleo, desarrollo profesional y liderazgo. Enseñar enfermería no puede ser solo responsabilidad de la universidad; debe ser un pacto entre academia, servicios de salud, gremio y Estado.
Investigación: producir evidencia propia
El tercer eje es la investigación. Panamá necesita más evidencia nacional sobre enfermería: dotación, distribución del tiempo de cuidado, carga laboral, eventos sensibles a enfermería, salud ocupacional, liderazgo, calidad del cuidado, formación clínica, retención y desempeño. Sin datos propios, las decisiones se toman por percepción, presión o urgencia. Y un sistema que decide sin evidencia termina administrando a ciegas.
El lanzamiento del Sistema de Información de Recursos Humanos de Salud por el Ministerio de Salud y la OPS en 2024 abre una puerta importante para fortalecer la gestión y el diseño de políticas basadas en datos (OPS, 2024). Esa herramienta debe convertirse en aliada de la enfermería. No solo para contar cuántas enfermeras hay, sino para entender dónde están, en qué condiciones trabajan, qué competencias poseen, qué brechas existen y qué políticas se necesitan.
Investigar no es un lujo académico. Es una forma de defender mejor al paciente y al personal. La enfermería panameña debe aspirar a publicar, medir, evaluar y proponer. El gremio puede jugar aquí un papel decisivo: promover observatorios, redes de investigación, alianzas con universidades y líneas prioritarias que documenten la realidad nacional. Lo que la profesión no estudia, otros lo interpretan por ella.
Liderazgo: estar donde se decide
El cuarto eje es el liderazgo. La enfermería debe estar en las mesas donde se definen presupuestos, modelos de atención, dotación, calidad, seguridad del paciente, tecnología, formación y salud pública. No basta ser ejecutora de políticas diseñadas sin su voz. Una profesión que permanece cerca del paciente las ve antes: las brechas, las demoras, los riesgos, las necesidades de la familia, las fallas del proceso y las oportunidades de mejora.
La Política sobre el Personal de Salud 2030 de la OPS busca orientar a los Estados en el fortalecimiento de recursos humanos para lograr sistemas resilientes, con énfasis en gobernanza, regulación, equipos interprofesionales, desarrollo de capacidades y mejores condiciones laborales (OPS, 2025c). Esa política ofrece un marco regional que Panamá puede aprovechar para elevar la participación enfermera en la toma de decisiones.
Liderar no significa ocupar cargos por representación simbólica. Significa incidir con argumentos, datos y propuestas. Significa formar cuadros jóvenes, abrir espacios a la investigación, fortalecer vocerías técnicas y dialogar con la ciudadanía. En el centenario, la ANEP tiene la oportunidad de proyectar un liderazgo gremial moderno: firme, propositivo, transparente y orientado al interés público.
Condiciones laborales: cuidar a quienes sostienen el sistema
El quinto eje, inevitable, son las condiciones laborales. No puede haber cuidado seguro sobre agotamiento permanente, incertidumbre contractual, distribución desigual, escasa carrera profesional o recursos insuficientes. La OPS ha advertido que 14 de 39 países de las Américas enfrentan escasez de médicos, enfermeras y parteras, y que la región podría enfrentar un déficit de entre 600,000 y 2 millones de trabajadores de salud para 2030 si no se toman medidas inmediatas (OPS, 2025d). Esa alerta regional debe leerse desde Panamá con responsabilidad.
Las condiciones laborales no son una demanda separada de la calidad asistencial. Son parte de ella. Una enfermera con estabilidad, descanso adecuado, dotación suficiente, formación continua y reconocimiento profesional puede cuidar mejor. Una enfermera que trabaja en déficit permanente termina sosteniendo el sistema con su cuerpo, su tiempo y su desgaste. Eso no es sostenible.
La agenda del centenario debe proponer una conversación nacional sobre carrera sanitaria, dotación segura, incentivos para áreas de difícil cobertura, salud mental ocupacional, conciliación, formación continua remunerada y protección frente a la violencia laboral. No como una lista de reclamos, sino como un programa de fortalecimiento del sistema de salud.
Una hoja de ruta para el país
El Centenario ANEP 2025–2028 debe organizarse como una hoja de ruta verificable. Primero, dignidad profesional: reconocimiento, carrera, participación y respeto. Segundo, formación: calidad académica, campos clínicos planificados y desarrollo continuo. Tercero, investigación: datos nacionales y producción científica enfermera. Cuarto, liderazgo: presencia efectiva en las decisiones. Quinto, condiciones laborales: dotación, estabilidad, seguridad y bienestar.
Esa hoja de ruta debe tener metas, responsables, indicadores y seguimiento público. No basta declarar prioridades; hay que construir mecanismos para cumplirlas. La ANEP puede convocar a universidades, MINSA, CSS, OPS, Asamblea Nacional, asociaciones científicas, estudiantes y ciudadanía a una mesa nacional de enfermería. El centenario ofrece legitimidad histórica; ahora toca convertirla en capacidad política.
De la memoria a la agenda
La enfermería panameña no necesita un centenario decorativo. Necesita un centenario útil. Un centenario que mire atrás con gratitud, pero mire adelante con valentía. La historia honra; la agenda transforma. Si la ANEP ha acompañado al país durante cien años, este es el momento de pedirle al país una respuesta a la altura de esa historia.
Convertir el Centenario ANEP 2025–2028 en agenda pública significa comprender que la enfermería no es un asunto interno del gremio. Es un tema de seguridad sanitaria, equidad territorial, formación profesional, investigación nacional y calidad del cuidado. Panamá debe decidir si quiere celebrar a sus enfermeras solo con palabras o fortalecerlas con políticas. La respuesta marcará no solo el futuro de la profesión, sino la capacidad del país para cuidar mejor.
Referencias Bibliográficas
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La autora es Enfermera panameña, docente universitaria y líder gremial. Se desempeña en la Policlínica Nuevo San Juan de Colón y en la Facultad de Enfermería de la Universidad de Panamá, donde ha impulsado programas de salud, comunitaria y de formación académica. Como dirigente de la Asociación Nacional de Enfermeras de Panamá (ANEP), promueve el fortalecimiento de la profesión y coordina los actos conmemorativos del Centenario 2025–2028, destacándose por su compromiso con la educación, la investigación y la dignificación de la enfermería en Panamá.


