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Docencia y servicio: formar cuidando, cuidar formando

Por: Kitcia Giovana Mendoza Baldonado https://orcid.org/0000-0003-3137-6142; kitciamendoza@gmail.com | Publicado el: 31 julio 2026



El estudiante que llega al campo clínico

La llegada de estudiantes de enfermería a un servicio de salud cambia la dinámica del turno. No porque sean un problema o una interrupción indeseable, es que formar a una nueva generación exige tiempo, intención y acompañamiento. Un estudiante que entra por primera vez a una sala no llega únicamente con uniforme, libreta y objetivos académicos. Llega con expectativas, dudas, conocimientos en construcción y una pregunta silenciosa: “¿Aquí podré aprender a cuidar?”.

Esa pregunta no se responde solo desde el aula. Se responde en el campo clínico, en la forma como se le recibe, en la claridad de los objetivos, en la disposición del tutor, en la coordinación entre universidad y servicio, en el respeto al paciente, en la seguridad de los procedimientos y en la coherencia entre lo que se enseña y lo que se practica. La enfermería se aprende leyendo, sí; pero se consolida mirando, haciendo, preguntando, corrigiendo y reflexionando junto a profesionales que convierten el cuidado cotidiano en experiencia pedagógica.

El problema aparece cuando la práctica clínica se deja a la improvisación. Cuando el servicio no sabe cuántos estudiantes llegarán, qué competencias deben desarrollar, quién los acompañará o qué actividades pueden realizar con seguridad, el aprendizaje se vuelve desigual. Un estudiante puede vivir una experiencia rica y orientadora en una sala, y otro puede pasar horas observando sin guía clara. Esa variabilidad no forma mejor; desgasta al estudiante, tensiona al equipo y debilita el propósito de la docencia clínica.

Por eso, este artículo sostiene una idea central: la relación entre universidad y servicio asistencial debe planificarse como una alianza formativa, no como una visita ocasional de estudiantes al hospital. Formar estudiantes de enfermería requiere tutoría real, campos clínicos organizados, objetivos compartidos y reconocimiento del rol docente de quienes acompañan en la práctica. No se trata de convertir al estudiante en mano de obra ni de verlo como una carga. Se trata de comprender que cada práctica clínica bien conducida es una inversión en la seguridad y calidad del cuidado futuro.

La evidencia internacional respalda esta preocupación. Cant et al. (2021), en una revisión sistemática sobre la evaluación de prácticas clínicas mediante la escala CLES+T, destacan la importancia del entorno clínico de aprendizaje, la supervisión y el rol del docente de enfermería. Zhang et al. (2022) señalan que la experiencia de aprendizaje clínico y la mentoría influyen en la satisfacción del estudiante y en su intención de trabajar como enfermera después de graduarse. En otras palabras, el campo clínico no solo enseña técnicas; también puede afirmar o debilitar la identidad profesional.

Universidad y servicio: una alianza que debe verse en el turno

La universidad tiene la responsabilidad de formar con base científica, ética y humanística. El servicio de salud tiene la responsabilidad de cuidar con seguridad, oportunidad y calidad. A primera vista, parecen misiones distintas; en realidad, están profundamente conectadas. No se puede formar enfermería lejos del cuidado real, y no se puede sostener un sistema de salud sin profesionales bien formados. La universidad necesita al campo clínico, y el campo clínico necesita a la universidad.

Esa alianza, sin embargo, no debe depender de la buena voluntad de unos pocos. Debe expresarse en acuerdos claros: número adecuado de estudiantes por unidad, objetivos de aprendizaje por nivel, criterios de seguridad para procedimientos, roles definidos entre docente, tutor clínico y equipo asistencial, mecanismos de evaluación y espacios de retroalimentación. Cuando esos elementos no están claros, el estudiante queda en medio de dos mundos: la exigencia académica y la presión asistencial.

La OPS plantea que el fortalecimiento de los recursos humanos en salud requiere colaboración entre los sectores de educación y salud, educación basada en competencias y trabajo interprofesional, especialmente en el primer nivel de atención y en sistemas resilientes (Organización Panamericana de la Salud [OPS], 2025). Esa orientación es clave para Panamá. La formación clínica no puede ser vista como un trámite dentro del plan de estudios; debe formar parte de la planificación nacional del talento humano en salud.

El servicio asistencial, por su parte, debe reconocer que acompañar estudiantes requiere condiciones. Un tutor clínico no puede ser simplemente “la enfermera que estaba de turno”. La tutoría demanda capacidad pedagógica, paciencia, criterio, comunicación y tiempo para observar el desempeño del estudiante. Si una profesional debe atender una carga asistencial alta, resolver interrupciones, cumplir registros, responder a familiares y, además, enseñar sin ningún espacio protegido, la tutoría queda reducida a buena intención. Y la buena intención, aunque valiosa, no sustituye la planificación.

Ibrahim et al. (2024) muestran que la percepción de los preceptores sobre la preparación de los estudiantes y sus enfoques de estudio es un elemento importante en la educación clínica. Esto recuerda una realidad sencilla: no basta enviar estudiantes al campo; hay que prepararlos antes de llegar, orientar a quienes los recibirán y alinear expectativas. La práctica clínica empieza antes del primer día en la sala. Empieza en la coordinación, en la inducción y en la claridad de lo que se espera.

Tutoría real: acompañar sin reemplazar el aprendizaje

La tutoría real no consiste en hacerle todo al estudiante ni en dejarlo solo para que “aprenda golpeándose con la realidad”. Ambos extremos dañan la formación. Acompañar significa permitir que el estudiante observe, participe, practique de manera progresiva y reflexione sobre lo que hace. En enfermería, aprender no es repetir mecánicamente un procedimiento. Aprender es comprender por qué se hace, qué riesgos implica, cómo se comunica, qué siente el paciente y cómo se evalúa el resultado.

El tutor clínico cumple una función delicada: abre la puerta del servicio sin renunciar a la seguridad del paciente. Debe decidir qué puede hacer el estudiante, cuándo necesita supervisión directa, qué habilidades debe fortalecer y qué situaciones requieren intervención inmediata. Ese juicio pedagógico y clínico merece reconocimiento institucional. Enseñar en el servicio no es un favor. Es una responsabilidad profesional que debe ser valorada.

La simulación clínica puede apoyar este proceso. Araújo et al. (2025) señalan que la simulación virtual en la educación de enfermería en América Latina y el Caribe puede fortalecer la confianza y la satisfacción de los estudiantes, especialmente desde etapas tempranas de la formación. Esto no reemplaza el campo clínico, pero lo prepara. Un estudiante que practica previamente en escenarios simulados puede llegar al servicio con mayor seguridad inicial, mejor lenguaje técnico y más conciencia del riesgo.

La docencia clínica necesita equilibrio. El estudiante debe tener oportunidades reales de aprendizaje, pero el paciente no puede convertirse en escenario de ensayo sin protección. Por eso, la planificación de prácticas debe integrar criterios de seguridad. No todos los procedimientos son adecuados para todos los niveles. No todos los servicios tienen la misma capacidad de recibir estudiantes al mismo tiempo. No todos los turnos permiten la misma profundidad de tutoría. Decir esto no es cerrar puertas a la formación; es abrirlas con responsabilidad.

El servicio también aprende cuando enseña

Hay una idea que conviene recuperar: cuando un servicio enseña bien, también mejora. La presencia de estudiantes puede estimular preguntas, actualizar conocimientos, revisar rutinas y recordar fundamentos que a veces se vuelven invisibles por la costumbre. Un estudiante que pregunta “¿por qué se hace así?” puede incomodar un momento, pero también puede abrir una conversación necesaria. La docencia clínica, bien organizada, oxigena al servicio.

El riesgo aparece cuando la formación se vive como carga añadida. Si no hay coordinación, el estudiante puede sentirse perdido y el equipo puede sentirse sobreexigido. Allí surgen tensiones que no benefician a nadie. Por eso, el reto no es reducir la presencia estudiantil, sino organizarla mejor. La formación no debe caer sobre el turno como una responsabilidad improvisada. Debe integrarse al funcionamiento del servicio con reglas claras, tiempos definidos y apoyo institucional.

La OMS recuerda que la fuerza laboral de enfermería es indispensable para avanzar hacia la cobertura sanitaria universal y que el informe mundial de enfermería 2025 incluye indicadores sobre educación, práctica avanzada y remuneración, junto con prioridades de política para fortalecer la profesión (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2025). Esta mirada permite entender que la docencia clínica no es un tema menor. Está vinculada con la sostenibilidad del sistema, la retención del talento y la calidad futura del cuidado.

En Panamá, esta discusión tiene valor estratégico. La formación de estudiantes de enfermería no puede depender únicamente del esfuerzo de docentes comprometidos o de enfermeras asistenciales generosas. Debe existir una política clara de articulación entre universidad, campos clínicos e instituciones de salud. Los convenios deben ir más allá de permitir el ingreso de estudiantes; deben definir condiciones para aprender, cuidar y evaluar con calidad.

Propuestas para una práctica clínica mejor organizada

La primera medida es fortalecer la planificación conjunta entre universidad y servicio. Cada rotación debería iniciar con objetivos concretos, número razonable de estudiantes, competencias esperadas, criterios de seguridad y responsables definidos. El servicio debe saber quién llega, para qué llega y qué puede hacer. La universidad debe conocer la capacidad real del campo clínico y no saturarlo.

La segunda medida es reconocer formalmente el rol del tutor clínico. Quien acompaña estudiantes debe recibir inducción pedagógica, tiempo protegido cuando sea posible, criterios de evaluación y reconocimiento institucional. La tutoría no puede ser una tarea invisible. Si queremos formar mejor, debemos cuidar a quienes forman en el campo.

La tercera medida es usar la simulación como puente entre aula y servicio. Antes de llegar a procedimientos de mayor complejidad, los estudiantes deben practicar escenarios clínicos, comunicación con pacientes, seguridad del medicamento, prevención de caídas, higiene de manos y toma de decisiones básicas. La simulación no sustituye el hospital, pero puede reducir la ansiedad y aumentar la preparación inicial.

La cuarta medida es evaluar la experiencia clínica de manera bidireccional. No solo debe evaluarse al estudiante. También debe evaluarse el campo clínico, la tutoría, la comunicación con la universidad y las condiciones de aprendizaje. Instrumentos como CLES+T, usados internacionalmente, recuerdan que el entorno de aprendizaje puede medirse y mejorarse (Cant et al., 2021).

Formar es cuidar el futuro

Docencia y servicio no deben caminar por carriles separados. La universidad forma, el hospital cuida, pero ambos sostienen una misma responsabilidad: garantizar que la próxima generación de enfermeras aprenda con ciencia, ética, seguridad y humanidad. Un campo clínico bien organizado no solo beneficia al estudiante; protege al paciente, respalda al tutor y fortalece al sistema.

Formar estudiantes no es llenar cupos de práctica ni cumplir horas. Es acompañar una identidad profesional en construcción. Es mostrar que el cuidado exige conocimiento, juicio, sensibilidad y disciplina. Es enseñar que cada procedimiento tiene una razón, cada paciente merece respeto y cada decisión clínica debe sostenerse en responsabilidad.

En el camino hacia una enfermería panameña más fuerte, la alianza entre docencia y servicio debe convertirse en prioridad. No como queja por la presencia estudiantil ni como reclamo aislado por falta de personal, sino como una propuesta de país: formar mejor para cuidar mejor. Porque cada estudiante bien acompañado hoy puede ser mañana la enfermera que sostenga, con competencia y humanidad, la seguridad de nuestros pacientes.

Referencias Bibliográficas

Araújo, A. A. C., Santos, E. I., Andrade, S. R., & Oliveira, J. L. C. (2025). Virtual simulation in nursing education in Latin America and the Caribbean: A scoping review. Revista Latino-Americana de Enfermagem, 33, e4285. https://doi.org/10.1590/1518-8345.0000.4285

Cant, R., Ryan, C., & Cooper, S. (2021). Nursing students’ evaluation of clinical practice placements using the Clinical Learning Environment, Supervision and Nurse Teacher scale: A systematic review. Nurse Education Today, 104, 104983. https://doi.org/10.1016/j.nedt.2021.104983

Ibrahim, R., McKenna, L., & Halcomb, E. (2024). A cross-sectional study on nursing preceptors’ perspectives of nursing students’ preparation and approaches to learning in clinical education. BMC Nursing, 23, Article 781. https://doi.org/10.1186/s12912-024-02411-z

Organización Mundial de la Salud. (2025). State of the world’s nursing 2025. Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/publications/i/item/9789240110236

Organización Panamericana de la Salud. (2025). Education of human resources for health. https://www.paho.org/en/topics/education-human-resources-health

Organización Panamericana de la Salud. (s. f.). Nursing and midwifery. https://www.paho.org/en/topics/nursing-and-midwifery

Zhang, J., Shields, L., Ma, B., Yin, Y., Wang, J., Zhang, R., & Hui, X. (2022). The clinical learning environment, supervision and future intention to work as a nurse in nursing students: A cross-sectional and descriptive study. BMC Medical Education, 22, Article 548. https://doi.org/10.1186/s12909-022-03609-y

La autora es enfermera panameña, docente universitaria y líder gremial. Se desempeña en la Policlínica Nuevo San Juan de Colón y en la Facultad de Enfermería de la Universidad de Panamá, donde ha impulsado programas de salud, comunitaria y de formación académica. Como dirigente de la Asociación Nacional de Enfermeras de Panamá (ANEP), promueve el fortalecimiento de la profesión y coordina los actos conmemorativos del Centenario 2025–2028, destacándose por su compromiso con la educación, la investigación y la dignificación de la enfermería en Panamá.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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