La corrupción de cuello pequeño: pequeñas trampas empresariales que también destruyen la economía
Cuando se habla de corrupción, la imagen que normalmente aparece es la de grandes contratos públicos, millones de dólares, funcionarios de alto nivel y empresas multinacionales. Sin embargo, existe otra corrupción mucho menos visible, pero no necesariamente menos dañina: aquella que ocurre en la vida cotidiana, en pequeños negocios, trámites, contrataciones y relaciones comerciales.
Podríamos llamarla “corrupción de cuello pequeño”. No porque sea menos grave, sino porque generalmente involucra cantidades menores de dinero, relaciones más cercanas y decisiones que muchas veces se justifican como simples formas de “resolver”.
En Panamá, este fenómeno merece una discusión particular. El país obtuvo 33 puntos sobre 100 y ocupó la posición 116 de 182 países en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 de Transparencia Internacional. Este indicador mide la percepción de corrupción en el sector público a partir de evaluaciones de expertos y empresarios, por lo que no constituye una medición directa de todos los actos de corrupción existentes en el país (Transparency International, 2026).
La cifra debería preocuparnos, pero también debería llevarnos a mirar más allá de los grandes escándalos. La corrupción no comienza necesariamente con un soborno de millones de dólares. En ocasiones comienza con una pequeña factura alterada, un trámite acelerado mediante un pago indebido, un contrato otorgado por amistad o una venta que deliberadamente no se registra.
En la cultura empresarial y social existe una palabra que puede tener significados muy diferentes: resolver. Resolver puede significar ser creativo, encontrar alternativas, negociar, innovar y adaptarse. Todas estas son capacidades valiosas para un emprendedor.
Pero resolver también puede convertirse en una justificación para saltarse las reglas.
- “Dale algo para que agilice el trámite”.
- “Eso no hace falta declararlo”.
- “Ponemos el contrato a nombre de otra persona”.
- “Yo conozco a alguien que puede ayudarnos”.
- “Todo el mundo lo hace”.
Frases aparentemente pequeñas pueden revelar una problemática mucho mayor: la normalización de conductas que afectan la transparencia y la igualdad de oportunidades.
El problema aparece cuando dejamos de considerar estas acciones como excepciones y comenzamos a convertirlas en una manera habitual de hacer negocios.
Uno de los argumentos más utilizados para minimizar estas conductas es que “nadie sale perjudicado”. Pero casi siempre existe una víctima.
- Si un empresario paga para obtener un permiso antes que los demás, perjudica a quien espera respetando el procedimiento.
- Si una empresa evita deliberadamente determinadas obligaciones, compite con costos artificialmente menores frente a quienes sí cumplen.
- Si alguien consigue un contrato mediante favoritismo, perjudica al empresario que presentó una propuesta posiblemente mejor.
- Si un funcionario recibe un pago para realizar una tarea que debería ejecutar correctamente como parte de su función, todos los ciudadanos terminan pagando el costo de un sistema menos eficiente.
Por eso, la corrupción no debe medirse únicamente por el dinero involucrado. También debe medirse por la distorsión que produce en las reglas del juego.
La realidad económica panameña hace especialmente importante esta discusión. El Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC, 2025) reportó que en septiembre de 2025 la informalidad alcanzó el 43,4 % en el sector terciario y el 62,5 % en el sector secundario. En actividades específicas, la informalidad llegó al 50,7 % en comercio, 57,7 % en hoteles y restaurantes y 68,9 % en construcción.
Estas cifras no significan que las personas que trabajan en la informalidad sean corruptas. Esa sería una conclusión injustificada y profundamente injusta. La informalidad puede estar relacionada con falta de oportunidades laborales, dificultades económicas, ausencia de acceso al crédito o barreras de formalización.
Pero existe una conexión que debemos analizar: cuando la informalidad y el incumplimiento se normalizan, pueden crear un ambiente donde determinadas prácticas irregulares parecen aceptables.
Un pequeño comerciante puede comenzar vendiendo informalmente por necesidad. Otro puede decidir no declarar deliberadamente parte de sus ingresos para aumentar sus ganancias. Otro puede utilizar contactos para evitar una obligación. No todas estas situaciones son iguales desde el punto de vista jurídico, pero todas plantean preguntas sobre la cultura de cumplimiento.
La solución no consiste en criminalizar al pequeño empresario. Consiste en crear condiciones para que la formalidad sea posible y, al mismo tiempo, establecer controles eficaces contra quienes deliberadamente utilizan el incumplimiento para obtener ventajas.
La corrupción de pequeña escala tiene una consecuencia particularmente injusta: castiga al empresario que cumple.
Pensemos en dos pequeños negocios que ofrecen productos similares.
El primero paga sus impuestos, registra sus operaciones, cumple con las obligaciones laborales y mantiene sus permisos al día.
El segundo reduce sus costos ocultando parte de sus operaciones y utilizando mecanismos informales.
El segundo puede ofrecer precios más bajos.
Si el consumidor decide únicamente por precio, el empresario formal puede terminar siendo penalizado por hacer las cosas correctamente.
Aquí aparece uno de los mayores peligros económicos de la corrupción: transforma el cumplimiento en una desventaja competitiva.
Una economía sana debería premiar la productividad, la innovación, la calidad y el servicio. No debería premiar la capacidad de encontrar atajos.
Tal vez la mayor preocupación no sea el monto de una pequeña dádiva, sino la cultura que puede generarse alrededor de ella.
Una persona que acepta pagar para evitar un trámite puede terminar aceptando posteriormente una irregularidad mayor. Una empresa que comienza ocultando una pequeña operación puede encontrar progresivamente mecanismos más sofisticados para esconder sus ingresos. Un funcionario que acepta un pequeño beneficio puede terminar utilizando su posición para favorecer intereses particulares.
No significa que toda pequeña irregularidad inevitablemente conduzca a un gran delito. Pero sí demuestra que la tolerancia social a las pequeñas transgresiones puede debilitar las barreras éticas que deberían impedir comportamientos más graves.
La corrupción se fortalece cuando deja de producir vergüenza y comienza a producir admiración.
- Cuando llamamos “vivo” al que engaña.
- Cuando llamamos “inocente” al que evade.
- Cuando llamamos “contacto” a una influencia indebida.
- Cuando llamamos “negocio” a una operación que perjudica deliberadamente a otros.
Ese cambio de lenguaje también transforma nuestra percepción de la conducta.
La corrupción afecta la confianza, incrementa costos de transacción, puede reducir la eficiencia de las instituciones y distorsiona la competencia. Transparencia Internacional (2026) señala que la corrupción afecta directamente a las personas y se relaciona con problemas como el debilitamiento de las instituciones, la desigualdad y el deterioro de los servicios públicos.
Panamá, además, ha desarrollado instrumentos legales para fortalecer la prevención de delitos financieros y mejorar la transparencia de las estructuras empresariales. La existencia de estos mecanismos es importante, pero su efectividad depende de su aplicación, supervisión y cumplimiento.
La lucha contra la corrupción, por tanto, no puede limitarse a perseguir grandes casos después de que ocurran. También requiere prevenir las pequeñas conductas que deterioran progresivamente la confianza.
También es importante evitar una visión exagerada.
- Negociar un precio no es corrupción.
- Utilizar contactos para conocer oportunidades de negocio no es necesariamente corrupción.
- Buscar asesoría para reducir legalmente una carga tributaria no es corrupción.
- Ser competitivo no es corrupción.
La frontera aparece cuando se utiliza el engaño, el soborno, el abuso de poder, el tráfico de influencias o la violación deliberada de las reglas para obtener una ventaja indebida.
La clave está en preguntarnos:
¿Obtendría la misma ventaja si todos los competidores tuvieran exactamente la misma información y cumplieran las mismas reglas?
Si la respuesta es no, probablemente estamos frente a una práctica que merece ser examinada.
La lucha contra la corrupción no puede depender únicamente de fiscales, jueces, policías o instituciones de control.
- También depende del empresario que decide no pagar un soborno.
- Del funcionario que rechaza un beneficio indebido.
- Del contador que se niega a alterar una cifra.
- Del ciudadano que no utiliza una relación personal para obtener un privilegio.
- Del consumidor que decide respaldar empresas responsables.
- Y de las universidades que forman profesionales capaces de comprender que la ética no es un capítulo decorativo de un curso de administración.
La corrupción de cuello pequeño puede parecer insignificante cuando se observa individualmente. Pero cuando miles de personas la practican, termina convirtiéndose en un problema económico de gran dimensión.
Por eso, Panamá no necesita únicamente combatir la gran corrupción. Necesita construir una cultura en la que las pequeñas trampas dejen de ser vistas como habilidades sociales o empresariales.
Porque una sociedad no se vuelve corrupta de la noche a la mañana.
Se vuelve corrupta cuando comienza a aceptar pequeñas excepciones todos los días.
Y quizá ese sea el verdadero desafío: entender que la economía no solamente se destruye cuando desaparecen millones de dólares; también se deteriora cada vez que una persona descubre que hacer las cosas correctamente parece menos rentable que hacerlas mal.
La verdadera transformación comienza cuando ser honesto deja de parecer ingenuo y vuelve a convertirse en una ventaja.
La autora es docente en el CRUPE
Referencias
Instituto Nacional de Estadística y Censo. (2025). Encuesta de Mercado Laboral, septiembre 2025. Contraloría General de la República de Panamá.
Transparency International. (2026). Índice de Percepción de la Corrupción 2025. Transparency International.
Transparency International. (2026, 10 de febrero). Índice de Percepción de la Corrupción 2025: la corrupción en las Américas perjudica la vida de las personas y exacerba la violencia. Transparency International.


