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Imágenes y memoria visual de Panamá

Por: Roberto Antonio Pinto R. | Publicado el: 25 agosto 2026



Las imágenes antiguas tienen una fuerza que cuesta explicar, pero se siente. Basta mirar una calle de antes, un noticiero de otra época, una transmisión televisiva, una fiesta popular registrada hace décadas o una fotografía familiar para que aparezcan la emoción, la curiosidad y el reconocimiento. La imagen guarda gestos, rostros, movimientos, formas de vestir, maneras de hablar y ambientes que ayudan a comprender cómo era Panamá en distintos momentos de su historia.

Panamá necesita mirar con más atención sus imágenes. En ellas hay una parte esencial de la memoria nacional. No me refiero solo a los grandes hechos políticos ni a los registros oficiales. Pienso también en las imágenes de los pueblos, de los barrios, de los mercados, de las escuelas, de las procesiones, de los carnavales, de los buses, de los programas de televisión y de las noticias que mostraban la vida diaria. Allí aparece una historia profunda, a veces más reveladora que la historia solemne.

Los canales de televisión panameños resguardan un patrimonio visual enorme. SERTV, TVN, Telemetro y otros medios han documentado durante años acontecimientos, personajes, comunidades, festivales, celebraciones y cambios urbanos. Ese material no debería verse solo como archivo interno. Cada cinta, cada nota periodística, cada programa, cada cobertura o cada entrevista antigua puede ayudarnos a entender quiénes fuimos y cómo hemos cambiado.

Cuando uno revisa imágenes televisivas de otras décadas, no solo observa lo que ocurría frente a la cámara. También descubre la estética del momento, la manera de narrar, el lenguaje periodístico, los encuadres, las formas de entrevistar, las voces de los presentadores y la relación entre televisión y sociedad. En esas imágenes está la sencillez de muchos pueblos y la naturalidad de sus celebraciones.

Para quienes trabajamos en comunicación audiovisual, esos archivos tienen un valor inmenso. Permiten estudiar la evolución de la imagen televisiva, pero también la de la cultura panameña. Una grabación antigua de carnaval, por ejemplo, deja ver cómo eran las tunas de calle, qué instrumentos sonaban, cómo cantaban las mujeres, cómo se organizaba la gente en la calle, qué vestuario predominaba y qué relación existía entre la fiesta y la comunidad. Un noticiero viejo puede mostrar cómo era la ciudad, cómo circulaban los diablos rojos, cómo lucía una avenida y cuáles eran las preocupaciones de aquel momento.

La memoria nacional no se construye solo con monumentos. También se construye con imágenes. Un país que no conserva su material audiovisual corre el riesgo de perder una parte de su propia mirada. Porque una cosa es que otros nos describan y otra muy distinta es poder vernos. La imagen establece una relación directa con el pasado. Nos revela detalles que quizá nadie consideró importantes al momento de registrarlos, pero que con el tiempo adquieren un significado enorme.

Por eso hace falta valorar los archivos televisivos, fotográficos y documentales como patrimonio cultural. A menudo se piensa que el patrimonio está únicamente en edificios antiguos, piezas arqueológicas, documentos históricos o expresiones folclóricas reconocidas. Sin embargo, una grabación de televisión también puede ser patrimonio. Un reportaje sobre una comunidad, una entrevista a un músico popular, la transmisión de una fiesta patronal o la cobertura de un evento cultural son testimonios de la vida social panameña.

El problema es que muchos materiales audiovisuales se deterioran, se pierden o quedan guardados sin una clasificación adecuada. Las cintas envejecen, los formatos cambian, los equipos desaparecen y las instituciones no siempre cuentan con políticas claras de conservación. Además, hay archivos privados que permanecen en casas o gavetas familiares sin que sus dueños sepan el valor que tienen. En esas grabaciones puede estar la única imagen de una fiesta, de un personaje, de una calle o de una costumbre que ya no se vive del mismo modo.

Digitalizar es importante, pero no basta. Pasar una imagen a formato digital no equivale a comprenderla. Hace falta contextualizarla, identificar fechas, lugares, personas, temas y condiciones de producción. También hay que facilitar su acceso con fines educativos, culturales e investigativos. Las universidades pueden cumplir un papel decisivo en esta tarea al formar estudiantes capaces de analizar, catalogar y trabajar con archivos audiovisuales de manera responsable.

Mirar imágenes antiguas no debería ser solo un ejercicio de nostalgia. La nostalgia puede ser legítima, pero también superficial si se queda en la emoción. Lo importante es preguntarnos qué dicen esas imágenes. Qué país aparece allí. Qué sectores estaban representados y cuáles no. Cómo se narraba la cultura popular. Qué cambios se observan en la ciudad y en el interior.

En las imágenes de Panamá también late su historia. Una historia hecha de pueblos, calles, fiestas, medios, voces, familias, trabajadores, músicos, artesanos y comunidades. Si no preservamos esos archivos, perdemos una parte de nuestra mirada nacional. Y un país que pierde sus imágenes pierde también una forma de reconocerse en el tiempo.

El autor, Roberto Antonio Pinto Rodríguez, es doctor en Ciencias de la Comunicación Social, profesor de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá y especialista en medios de comunicación y cultura. Ha dedicado parte de su vida a la promoción y preservación del patrimonio cultural panameño, tanto material como inmaterial, a través del audiovisual.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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