Panamá: locaciones cada vez más competitivas para la producción cinematográfica mundial
Panamá posee una riqueza visual que muchas veces los propios panameños no alcanzamos a dimensionar. En un territorio relativamente pequeño conviven una ciudad moderna, zonas históricas, playas, selvas, montañas, pueblos, costas caribeñas, paisajes del Pacífico, caminos rurales, barrios populares, áreas portuarias, arquitectura colonial, infraestructura contemporánea y espacios de gran valor cultural. Esa diversidad convierte al país en un escenario atractivo para la producción audiovisual, tanto nacional como internacional.
Cuando se habla de cine, con frecuencia se piensa primero en actores, directores, cámaras o grandes estudios. Sin embargo, antes de todo eso surge una pregunta básica: ¿dónde ocurre la historia? La locación no es un simple fondo. El lugar donde se filma aporta textura, luz, sonido, movimiento, atmósfera y sentido. Un mismo relato cambia si se desarrolla en una ciudad vertical, una comunidad costera, una calle antigua, una carretera rural o una zona selvática. Por eso, las locaciones forman parte de la narración.
El país cuenta con una ventaja que no todos poseen: la cercanía entre paisajes muy distintos. En pocas horas, una producción puede desplazarse de un ambiente urbano a una playa, de una zona histórica a un espacio natural o de una carretera moderna a un pueblo del interior. Esta posibilidad representa ahorro de tiempo, eficiencia logística y riqueza visual, aspectos de gran importancia para la industria audiovisual.
Estas reflexiones nacen de mi experiencia profesional como comunicador social y coordinador de proyectos audiovisuales en la Comisión Fílmica de Panamá. No pretenden hablar en nombre de la institución ni sustituir su voz oficial. Expreso una perspectiva personal y académica, sustentada en el conocimiento cercano de los esfuerzos realizados para presentar a Panamá ante la industria internacional como un país con verdadero potencial cinematográfico.
La Comisión Fílmica de Panamá cumple una función necesaria: promover el país como destino para producciones audiovisuales, facilitar información, orientar procesos y dar a conocer la diversidad de locaciones disponibles. Bajo la dirección de María Cecilia Arias Garcés, un equipo trabaja para posicionar a Panamá en un mercado altamente competitivo. Esa labor no consiste únicamente en afirmar que el país posee escenarios atractivos; exige presentar condiciones, ventajas, incentivos, posibilidades de rodaje y capacidad de respuesta.
La competencia regional es intensa. Colombia, República Dominicana, Costa Rica y México han avanzado en la atracción de producciones internacionales. Algunos de estos países cuentan con infraestructura consolidada, incentivos sólidos, experiencia técnica y una presencia constante en los mercados audiovisuales. Panamá no puede observar ese panorama con ingenuidad. Para competir, necesita estrategia, profesionalismo y una visión de industria.
Sin embargo, el país tiene argumentos importantes: su posición geográfica, conectividad, diversidad visual, infraestructura hotelera, oferta de servicios, uso del dólar, distancias cortas entre locaciones e incentivos existentes. Además, posee una imagen internacional vinculada al tránsito, el comercio, el Canal, la ciudad moderna y la conexión entre continentes. Esa percepción puede ampliarse al mostrar también la riqueza cultural, natural y humana del territorio.
Atraer producciones internacionales no debe entenderse únicamente como una oportunidad para que Panamá aparezca en pantalla. Su verdadero valor reside en los beneficios que puede generar: empleo, contratación de servicios, hospedaje, transporte, alimentación, alquiler de equipos, gestión de permisos, experiencia técnica, formación profesional y vínculos con la industria. Un rodaje moviliza mucho más que cámaras; activa una cadena de trabajo capaz de beneficiar a diversos sectores.
En ese proceso, la preparación de la mano de obra panameña es fundamental. El crecimiento del país como destino cinematográfico requiere técnicos, asistentes, productores, camarógrafos, sonidistas, directores de arte, maquillistas, vestuaristas, editores, actores, conductores especializados, gestores de locaciones y personal de apoyo capacitado para responder a estándares internacionales. La industria exige puntualidad, disciplina, conocimientos técnicos, capacidad para trabajar en equipo y dominio de los protocolos de producción.
La formación en idiomas también adquiere relevancia. El inglés resulta cada vez más necesario al trabajar con equipos internacionales. Según el origen de las productoras, también pueden abrirse oportunidades para quienes dominen portugués, italiano u otras lenguas. Un profesional que conoce su oficio y puede comunicarse con fluidez amplía sus posibilidades de integrarse a proyectos internacionales.
Este desafío debe interesar especialmente a las universidades, los centros de formación, las escuelas de cine y las facultades de comunicación. El desarrollo de Panamá como territorio cinematográfico no depende únicamente de atraer empresas extranjeras, sino también de preparar talento nacional. Si no formamos a nuestra gente, corremos el riesgo de convertirnos solo en escenario. Panamá no debe conformarse con ser paisaje; debe aspirar a participar activamente en la producción.
El país dispone de locaciones, pero necesita fortalecer su cultura de producción. Esto supone ampliar la formación técnica, conocer los procesos de permisos, organizar archivos de locaciones, garantizar la seguridad en los rodajes, atender profesionalmente a las productoras, mejorar la coordinación institucional y respetar a las comunidades donde se filma. Una buena locación pierde valor si no existe capacidad para gestionarla de manera adecuada.
También es necesario pensar en el cine nacional. La llegada de producciones internacionales puede contribuir al desarrollo del sector, pero no debe desplazar la necesidad de contar nuestras propias historias. Panamá necesita que sus barrios, pueblos, costas, músicas, tradiciones, conflictos, memorias y personajes lleguen a la pantalla desde una mirada panameña. El desarrollo audiovisual debe avanzar en dos direcciones: atraer producciones extranjeras y fortalecer la creación local.
Por eso, afirmar que las locaciones panameñas son cada vez más competitivas no significa hablar solamente de belleza visual. Significa hablar de industria, comunicación, cultura, empleo y formación. Panamá tiene imagen, territorio e historias. El reto consiste en convertir esas ventajas en una política sostenida de desarrollo audiovisual.
Si logramos articular la promoción internacional, los incentivos, la formación técnica y el fortalecimiento del talento local, el país no será visto únicamente como un lugar donde es posible filmar. Será reconocido como un territorio capaz de producir, acompañar y contribuir al cine mundial.
El autor, Roberto Antonio Pinto Rodríguez, es doctor en Ciencias de la Comunicación Social, profesor de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá y especialista en medios de comunicación y cultura. Ha dedicado parte de su vida a la promoción y preservación del patrimonio cultural panameño, tanto material como inmaterial, a través del audiovisual.


