La inteligencia artificial no reemplazará al buen administrador, pero sí al que no quiera aprender
La tecnología, siempre ha despertado el temor de que las máquinas terminarán sustituyendo al ser humano. Con la llegada de la inteligencia artificial (IA), ese temor ha adquirido una nueva dimensión. Hoy una herramienta puede redactar informes, analizar grandes volúmenes de información, elaborar proyecciones, resumir documentos, generar presentaciones, identificar patrones y responder preguntas en cuestión de segundos.
Ante esta realidad, muchos profesionales se preguntan: ¿seguirá siendo necesario el administrador de empresas?
Mi respuesta es sí, pero con una condición: el administrador tendrá que aprender a trabajar con inteligencia artificial.
La verdadera amenaza no es que la IA sustituya al administrador. La amenaza es que un administrador que se niegue a aprender nuevas tecnologías termine siendo menos competitivo que otro profesional que sí sepa utilizarlas.
El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum señala que la inteligencia artificial y el análisis de grandes volúmenes de datos se encuentran entre las competencias de más rápido crecimiento, mientras que el pensamiento analítico, el liderazgo, la flexibilidad y la capacidad de aprendizaje continuo mantienen una importancia fundamental para las organizaciones (World Economic Forum, 2025).
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que administrar una organización significa solamente recopilar información, elaborar informes y tomar decisiones basadas en números. Administrar implica mucho más.
El administrador debe interpretar el entorno, comprender a las personas, negociar, resolver conflictos, establecer prioridades, asumir responsabilidades, comunicar decisiones y enfrentar situaciones en las que no existe una respuesta predeterminada.
La inteligencia artificial como herramienta puede analizar las ventas de una empresa y detectar que determinado producto está perdiendo participación de mercado. Puede incluso sugerir estrategias. Pero la decisión sobre qué hacer con los trabajadores involucrados, cómo comunicar un cambio, cómo negociar con proveedores o cómo equilibrar rentabilidad y responsabilidad social continúa requiriendo criterio humano. Aquí se encuentra una de las principales diferencias entre información y conocimiento, y entre conocimiento y sabiduría gerencial.
La IA puede proporcionar información y apoyar el análisis; el administrador debe convertir esos elementos en decisiones responsables. El National Institute of Standards and Technology (NIST) destaca precisamente la necesidad de definir claramente los roles y responsabilidades humanas cuando las organizaciones utilizan sistemas de IA, incluyendo mecanismos de supervisión y gestión de riesgos (Tabassi, 2023).
El administrador tradicional podía pasar años utilizando los mismos procedimientos, los mismos formatos y las mismas herramientas. Esa realidad está cambiando. Hoy el conocimiento tiene una fecha de actualización cada vez más corta. Lo que un profesional aprendió hace diez años puede seguir siendo importante, pero probablemente no sea suficiente para enfrentar los desafíos actuales.
La transformación digital está modificando las competencias que las empresas buscan. El World Economic Forum (2025) identifica el pensamiento analítico como una de las competencias fundamentales, mientras que la alfabetización tecnológica, la creatividad, la resiliencia y el aprendizaje permanente adquieren una importancia creciente.
Esto plantea una responsabilidad directa para las universidades y para quienes ejercemos la docencia. No basta con enseñar a los futuros administradores las teorías clásicas de la administración, los procesos administrativos, las estructuras organizacionales o las funciones gerenciales. Todo ese conocimiento continúa siendo necesario, pero debe complementarse con competencias digitales.
El administrador del presente debe comprender, al menos, qué puede hacer la IA, qué no puede hacer, cómo utilizarla, cómo verificar sus resultados y cuáles son sus riesgos.
No necesitamos convertir a todos los administradores en programadores. Necesitamos formar administradores capaces de trabajar inteligentemente con la tecnología.
Existe otra manera de observar el problema. La inteligencia artificial puede liberar al administrador de una parte importante de las tareas repetitivas y permitirle concentrarse en actividades de mayor valor.
El tiempo que antes dedicaba a procesar información podría utilizarlo para conversar con sus clientes, desarrollar nuevos productos, capacitar a sus colaboradores, buscar nuevos mercados o diseñar estrategias.
Por tanto, la pregunta no debería ser: “¿La IA me quitará mi trabajo?”
La pregunta correcta debería ser: “¿Cómo puedo utilizar la IA para hacer mejor mi trabajo?”
Ese cambio de perspectiva es fundamental.
La tecnología no necesariamente elimina el trabajo; frecuentemente transforma las tareas que lo componen. El propio World Economic Forum (2025) señala que la transformación tecnológica está generando simultáneamente desplazamiento de algunas funciones y creación de nuevas oportunidades laborales, haciendo indispensable la actualización y reconversión de competencias.
Aceptar la inteligencia artificial no significa entregarle el control absoluto de la organización. Una respuesta generada por IA puede ser convincente y, al mismo tiempo, equivocada. Puede utilizar información incompleta, interpretar incorrectamente un contexto o reproducir sesgos presentes en los datos utilizados para desarrollar los sistemas. Por eso, un administrador que utiliza IA responsablemente debe crear una buena pregunta y si es posible con base de sustentación para obtener mejores resultados.
La gestión responsable de la IA requiere considerar aspectos como confiabilidad, transparencia, aplicabilidad, privacidad y control de sesgos, además de mantener una adecuada participación humana en la toma de decisiones (Tabassi, 2023). En otras palabras, utilizar IA no significa dejar de pensar. El administrador del futuro tendrá que desarrollar una combinación de competencias que antes no necesariamente se consideraban parte del perfil gerencial.
Necesitará conocimientos administrativos y financieros, pero también alfabetización digital, pensamiento crítico, análisis de datos y capacidad para interactuar con sistemas de inteligencia artificial.Pero hay algo todavía más importante: deberá fortalecer precisamente aquellas capacidades que difícilmente pueden reducirse a un algoritmo: liderazgo, empatía, comunicación, negociación, creatividad, ética y juicio profesional.
La OCDE ha advertido que el denominado algorithmic management está modificando la manera en que las organizaciones asignan tareas, supervisan trabajadores y toman decisiones, lo que plantea nuevas necesidades de competencias y también nuevos desafíos para la gestión empresarial (Milanez et al., 2025). Por ello, el administrador no debe competir contra la inteligencia artificial. Debe aprender a utilizarla para trabajar con ella.
Para Panamá, el debate es especialmente relevante; ya que las empresas panameñas, particularmente las micro, pequeñas y medianas empresas, enfrentan desafíos de productividad, competitividad, innovación y transformación digital. En este contexto, la IA puede convertirse en una herramienta importante para mejorar procesos, analizar mercados, fortalecer el servicio al cliente y apoyar la toma de decisiones.
Existe el riesgo de que la brecha tecnológica se transforme en una brecha gerencial. Las empresas que incorporen tecnología sin capacitar a sus trabajadores podrían generar frustración, errores y decisiones de baja calidad. Por el contrario, aquellas que combinen tecnología con formación pueden convertir la IA en una ventaja competitiva. La solución desde nuestro punto de vista, no consiste simplemente en comprar herramientas de inteligencia artificial va más allá hay que formar personas capaces de utilizarlas responsablemente.
Paradójicamente, mientras más tecnología incorporemos a las organizaciones, más importantes pueden llegar a ser las capacidades humanas.
Cuando una herramienta puede generar un informe en segundos, el valor del administrador estará menos en escribir el informe y más en su interpretación.
Cuando un algoritmo pueda identificar tendencias de ventas, el valor estará en decidir qué estrategia adoptar. Cuando una IA pueda generar múltiples alternativas, el administrador tendrá que determinar cuál es ética, viable y conveniente para la organización. Cuando las máquinas puedan procesar millones de datos, alguien tendrá que preguntarse qué significan esos datos para las personas. Ese alguien seguirá siendo el administrador.
La inteligencia artificial no está esperando a que los administradores estén preparados. Ya está transformando las organizaciones. Es por eso que, el debate no debería centrarse únicamente en si la IA reemplazará empleos. También debemos preguntarnos qué profesionales estarán preparados para trabajar en organizaciones donde la IA será una herramienta cotidiana. El administrador que se capacita, experimenta, cuestiona y aprende puede convertir la IA en un poderoso aliado; él que decide ignorarla corre el riesgo de perder productividad, competitividad y relevancia profesional.
La autora es docente en el CRUPE.
Referencias
Milanez, A., Lemmens, A., & Ruggiu, C. (2025). Algorithmic management in the workplace: New evidence from an OECD employer survey (OECD Artificial Intelligence Papers No. 31). OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/287c13c4-en
National Institute of Standards and Technology. (2023). Artificial intelligence risk management framework (AI RMF 1.0) (NIST AI 100-1). U.S. Department of Commerce. https://doi.org/10.6028/NIST.AI.100-1
World Economic Forum. (2025). The future of jobs report 2025. World Economic Forum.


