La contabilidad debería enseñarse antes de que aprendamos a endeudarnos
Aprendemos a leer antes de enfrentarnos a un libro complejo. Aprendemos matemáticas porque necesitamos utilizarlas en diferentes momentos de nuestra vida. También estudiamos ciencias, historia y otras disciplinas que contribuyen a nuestra formación. Sin embargo, existe un conocimiento que puede determinar buena parte de nuestro bienestar económico y que con frecuencia llega demasiado tarde: aprender a administrar el dinero.
Muchas personas conocen el significado de salario, pero no necesariamente comprenden presupuesto. Utilizan tarjetas de crédito, pero desconocen el costo total de una deuda. Adquieren bienes a plazos, pero se concentran en la cuota mensual sin analizar el compromiso financiero completo. Inician emprendimientos, pero no siempre saben diferenciar entre ventas, costos, gastos y ganancias.
En una sociedad donde el crédito forma parte de la vida cotidiana, enseñar contabilidad básica antes de que las personas comiencen a endeudarse debería ser una prioridad educativa.
La vida financiera comienza mucho antes de que una persona tenga conocimientos suficientes para administrarla. Un joven puede obtener su primer empleo, recibir su primer salario y tener acceso a una tarjeta de crédito en un período relativamente corto. También puede adquirir un teléfono, financiar un vehículo, solicitar un préstamo personal o asumir compromisos económicos relacionados con vivienda y educación.
El acceso al crédito ofrece oportunidades, pero también implica responsabilidades. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD, 2023) señala que la alfabetización financiera comprende conocimientos, habilidades, actitudes y comportamientos que permiten tomar decisiones financieras adecuadas y mejorar el bienestar económico.
El problema no está en utilizar crédito. El problema aparece cuando se utiliza sin comprender plenamente sus costos y consecuencias. Uno de los errores más comunes consiste en evaluar una compra únicamente a partir de la cuota mensual.
Una persona puede considerar manejable pagar B/.50 mensuales durante varios años. Sin embargo, la cantidad de cuotas, los intereses, las comisiones y otros costos pueden hacer que el precio final sea considerablemente superior al valor inicial del producto. Aquí aparecen conocimientos contables y financieros fundamentales. El consumidor necesita comprender el valor del dinero en el tiempo, los intereses, los costos financieros y el efecto que una nueva obligación tendrá sobre su presupuesto.
La OECD (2023) incluye el conocimiento de conceptos relacionados con intereses y productos financieros entre los elementos importantes de la alfabetización financiera de los adultos. Aprender estos conceptos después de adquirir una deuda puede ser demasiado tarde. La educación debería anticiparse a la decisión.
La contabilidad ofrece una enseñanza sencilla: los recursos son limitados y deben administrarse. Un presupuesto personal permite organizar los ingresos y distribuirlos entre gastos, obligaciones, ahorro y otros objetivos. No requiere sistemas complejos. Puede comenzar con algo tan sencillo como registrar los ingresos mensuales y clasificar los gastos.
La dificultad aparece cuando no existe una visión completa. Los pequeños gastos diarios pueden acumularse. Las suscripciones pueden pasar inadvertidas. Las compras impulsivas pueden reducir la capacidad de ahorro. Las cuotas de diferentes créditos pueden ocupar una parte considerable de los ingresos. Registrar permite visualizar, Clasificar permite comprender, Presupuestar permite planificar y Controlar permite corregir.
Estos principios, propios de la administración y la contabilidad, también son aplicables a la economía de una familia. La educación financiera no debería comenzar únicamente cuando una persona ingresa a la universidad o consigue su primer empleo. Desde edades tempranas pueden enseñarse conceptos relacionados con ahorro, presupuesto, consumo responsable, costos y planificación. Posteriormente, estos conocimientos pueden profundizarse mediante contenidos sobre crédito, inversión, endeudamiento, impuestos y emprendimiento.
La OECD (2023) ha señalado la importancia de desarrollar capacidades financieras desde la educación, especialmente porque los jóvenes se enfrentan cada vez más temprano a productos y servicios financieros. La universidad también tiene una responsabilidad importante.
No solamente los estudiantes de Contabilidad o Finanzas necesitan comprender estos conceptos. Un estudiante de Ingeniería puede convertirse en emprendedor. Un profesional de la salud puede administrar una clínica. Un docente puede desarrollar un negocio. Un comunicador puede trabajar de manera independiente. La administración de recursos forma parte de numerosas actividades profesionales. La contabilidad no debería presentarse exclusivamente como una disciplina técnica.
Cuando se enseña a registrar ingresos y gastos, también se está enseñando disciplina. Cuando se explica la diferencia entre costo y precio, se está enseñando análisis. Cuando se estudia el endeudamiento, se está enseñando responsabilidad. Cuando se analiza la rentabilidad de un emprendimiento, se está enseñando planificación.
Por eso, enseñar contabilidad básica puede contribuir al desarrollo de ciudadanos más preparados para enfrentar decisiones económicas. No se trata de formar contadores en las escuelas. Se trata de formar personas capaces de comprender los números que afectan sus vidas.
Esta necesidad se vuelve todavía más evidente en el mundo del emprendimiento. Muchas personas comienzan pequeños negocios sin separar sus finanzas personales de las empresariales. Utilizan el dinero de las ventas para cubrir gastos familiares y, posteriormente, consideran que todo el dinero recibido representa ganancias. La situación puede conducir a decisiones equivocadas.
Un negocio necesita conocer sus costos, controlar sus gastos, establecer precios adecuados, manejar inventarios y determinar su rentabilidad. La Federación Internacional de Contadores (IFAC, 2024) destaca la importancia de la gestión financiera para el desempeño y la supervivencia de las pequeñas y medianas empresas. La educación contable puede ayudar al emprendedor a comprender que vender no significa necesariamente ganar y que tener efectivo disponible no significa necesariamente tener rentabilidad.
En Panamá, el crecimiento de los emprendimientos, las micro y pequeñas empresas y el acceso a productos financieros hacen necesario fortalecer las competencias económicas de la población. Las iniciativas de educación y orientación tributaria desarrolladas por la Dirección General de Ingresos también muestran la importancia de acercar conocimientos contables y fiscales a ciudadanos y pequeños empresarios (Ministerio de Economía y Finanzas, 2024).
Una cultura contable más amplia puede contribuir a que los emprendedores comprendan mejor sus obligaciones y gestionen con mayor orden sus actividades económicas. La educación no debe limitarse a explicar cómo cumplir una obligación después de que aparece. También debe preparar a las personas para comprender las consecuencias económicas de sus decisiones antes de asumirlas.
Hoy existen aplicaciones para elaborar presupuestos, controlar gastos, calcular préstamos y registrar ingresos. Estas herramientas facilitan enormemente la gestión financiera.
- Sin embargo, una aplicación no puede sustituir la educación.
- El sistema puede mostrar cuánto se gastó. La persona necesita comprender si ese gasto es sostenible.
- Una plataforma puede calcular una cuota. El usuario necesita comprender el costo total de la obligación.
- Un programa puede generar un reporte. El emprendedor necesita interpretar lo que ese reporte significa.
- La tecnología facilita el proceso, pero el conocimiento permite tomar decisiones.
La educación financiera y contable debería adelantarse a las decisiones económicas importantes. Antes de la primera tarjeta de crédito debería existir una formación básica sobre intereses y endeudamiento. Antes del primer préstamo debería comprenderse la capacidad de pago. Antes de iniciar un emprendimiento deberían conocerse los costos. Antes de establecer un precio deberían calcularse los recursos necesarios para producir. Antes de gastar debería existir un presupuesto.
Esta formación no eliminará todos los errores financieros, pero puede reducir decisiones tomadas por desconocimiento. La educación tiene precisamente esa función: preparar antes de enfrentar una situación real.
Durante demasiado tiempo hemos enseñado a las personas a buscar ingresos sin dedicar suficiente atención a la administración de esos ingresos. Hemos hablado de empleo, emprendimiento y consumo sin incorporar siempre los conocimientos necesarios para comprender sus consecuencias económicas. La contabilidad puede ayudar a cerrar esa brecha. No hace falta que todos aprendan a elaborar estados financieros complejos. Hace falta que todos comprendan conceptos esenciales para administrar sus recursos.
La contabilidad debería enseñarse antes de que aprendamos a endeudarnos porque las decisiones financieras tienen consecuencias mucho antes de que tengamos la experiencia necesaria para comprenderlas.
Enseñar contabilidad para la vida no significa convertir las aulas en oficinas contables.
Significa preparar a las nuevas generaciones para comprender el valor de sus recursos, reconocer los costos de sus decisiones y planificar con mayor responsabilidad su futuro. Porque una deuda puede durar años. Una buena educación también puede hacerlo.
Referencias
International Federation of Accountants. (2024). Performance and financial management: Key factors for small- and medium-sized entities’ survival in a volatile environment. IFAC.
Ministerio de Economía y Finanzas. (2024). DGI celebra el primer Foro de Ciudadanía Tributaria. Gobierno de Panamá.
Organisation for Economic Co-operation and Development. (2023). OECD/INFE 2023 international survey of adult financial literacy. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/56003a32-en
World Bank. (2022). The Global Findex Database 2021: Financial inclusion, digital payments, and resilience in the age of COVID-19. World Bank. https://doi.org/10.1596/978-1-4648-1897-4


