Pasajes sobre la vida y obra del erudito Octavio Méndez Pereira


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El pasado 14 de agosto se cumplieron 62 años del fallecimiento del ilustre doctor Octavio Méndez Pereira1. Reconociendo atinadamente que existe una amplia historia y biografía sobre la figura de este catedrático e intelectual (sin pretender desconocer otros aspectos y acontecimientos importantes realizados de este gran maestro elocuente del pensamiento crítico), me permito, entonces, repasar algunos pasajes y aspectos valiosos sobre la vida, obra y legado histórico de quien fue un erudito, el fundador y primer rector de la Universidad de Panamá2

Este ilustre maestro, que también fue historiador, diplomático, novelista y ensayista panameño, y el segundo hijo del matrimonio de don Joaquín Méndez y Doña Micaela Pereira, nació un 30 de agosto de 1887, en el distrito de Aguadulce, provincia de Coclé; y quien, además, estará próximo a cumplir los 129 años de su natalicio, realizó estudios primarios en su provincia natal, luego se trasladó a la ciudad de Panamá para proseguir estudios secundarios en la Escuela Normal de Varones, existente en aquella época. 

Méndez Pereira, al de obtener en 1907 el título de Maestro en aquel centro educativo, regentado por hermanos Cristianos, gracias a una beca concedida por el Gobierno panameño de aquel entonces y por sus altas calificaciones, ingresó en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde obtuvo el grado académico de Profesor de Estado con especialización en castellano, en 1912.  Estando en Chile, realizó también estudios en Derecho, Comercio y Arte; como complementos para el desarrollo de su vida como educador e intelectual. 

Vale desatacar que, estando en este país sureño, participó en diversos círculos literarios, fue asiduo colaborador de los diarios El Mercurio y el Diario Ilustrado; además, fundó y fue redactor de la Revista Andina.  Representó a Panamá ante el Tercer Congreso Internacional de Estudiantes, realizado en 1912, con sede en Lima, Perú, donde fue electo vicepresidente de aquel cónclave estudiantil. 

Este insigne "Forjador de juventudes", formó parte de los primeros profesores del Instituto Nacional, quien junto a una pléyade de ilustres intelectuales nacionales y extranjeros, hicieron del Nido de Águilas, el más importante centro de enseñanza del paísrecinto escolar que se ha convertido en la cuna de generaciones de forjadores del Estado nacional, de las luchas por la soberanía y la dignidad nacionalista en el contexto de la instauración de la Zona del Canal como enclave colonial impuesto por los norteamericanos, que permeaba todos los ámbitos de la vida panameña. 

El doctor Jorge Illueca y ex presidente de la República, en 1976, en su Artículo titulado Méndez Pereira: símbolo de superación nacionalista, lo describió como un gran humanista y con una alta moral nacionalista, al resaltar que; Cuando la patria vagaba por las calles sin maestro, Méndez Pereira la tomó de la mano y la inició en la búsqueda de su propio futuro. Su palabra fue como el agua lustral que abría horizontes de esperanzas. Las nuevas generaciones istmeñas encontraron en él al humanista preclaro que educaba con la acción moral de la prédica pura y con el estímulo del ejemplo edificante. El numen optimista de su filosofía panameñísima nutrió la infancia de la nacionalidad.  

Octavio Méndez Pereira fue también rector del Instituto Nacional, y desde allí organizó las primeras Asambleas Pedagógicas y dirigió la Revista de Instrucción Pública, como documento orientador y de formación a la intelectualidad educativa; fue un impulsor en los foros de formación y actualización docente, que reunían a educadores de todo el país para debatir e intercambiar sobre los diversos problemas y experiencias en torno a la educación, la enseñanza y el aprendizaje, en beneficio del pueblo panameño, concebido por él como: El ideal que consistía en preparar a los hombres para trabajar unidos y con eficiencia por el bien individual y el bien colectivo. 

Como educador y como político visionario, siempre fue un crítico ante las injusticias y las desigualdades sociales existentes en su época. Fue por su naturaleza pedagógica un defensor incansable en cuanto a la educación y al derecho del pueblo a educarse y a trabajar la tierra; y en esa misma línea de su pensamiento crítico, fue un fuerte calificador frente al rejuego de la política impositiva y electorera en aquellos años, en función de los derechos ciudadanos. Esto se rescata en aquellas frases de su pensamiento cuando expresó que: «De qué le sirve al pueblo que se le conceda en lo escrito el derecho a la educación, si la miseria industrial del país le impide acudir a instruirse con la seguridad vital que para ello se necesita? o ¿De qué le sirve el derecho al voto si no se le permite votar por otra persona que la que le impone quien le facilita los medios de subsistencia? Y de la misma manera, ¿De qué le sirve que se proclame la tierra para el que trabaja, si no se le ofrecen los medios y la educación para que trabaje efectivamente?».  

En esa misma dirección, manifestó también que, quienes pretendieran administrar el Estado, no podían ser uno improvisados o individuos impuestos por el clientelismo electoral cuando dijo:«Hombre de Estado solo puede serlo quien posee en grado superior el arte y la ciencia política. Quien posea únicamente los resortes ordinarios del gobierno y la habilidad técnica o rutinaria para aplicar aquellas, podrá ser un funcionario o un administrador, pero no un estadista».  

A nuestro entender, el doctor Méndez Pereira tuvo una clara concepción ideológica en el plano del debate político y de las ideas, en función del comportamiento de los dirigentes políticos de la época, los cuales los describió como «Dueños absolutos del poder» o «Los caciques políticos» . Y es aquí donde vale resaltar aquella expresión elocuente que utilizó al referirse a estos en su momento: «Son precisamente los dueños del poder, los caciques políticos, los que ven con malos ojos la formación de partidos ideológicos o la renovación de los existentes. Son ellos también los que todavía quieren renovar ciertos tabúes asustadores y los que acuden a las coacciones, a las amenazas y al engaño para conquistar adeptos, que no pueden conquistar con la atracción de las ideas y los programas. Olvidan ellos que la política no  es un comercio ni un Trust para perseguir fines puramente electorales y posiciones rentadas, sino algo más elevado que implica la acertada dirección de los negocios públicos en beneficio de la colectividad nacional». Hoy, podemos decir que lo expresado por Méndez Pereira mantiene vigencia, ya que ese comportamiento y actitud en los políticos actuales en nada parece haber cambiado. 

Se identificó siempre con la cultura como el instrumento fundamental en el desarrollo de la conciencia, de la dignidad y del intelecto en los ciudadanos, cuando expresó en su momento que, «La cultura no puede constituir, como muchos quisieran, un privilegio o una distinción, sino un instrumento esencial en la vida del hombre y un fuerte lazo entre los miembros de la comunidad social», Ya que, «De nada sirve la cultura, de nada serviría la libertad, de nada serviría la justicia, si antes no se ha alcanzado la dignidad integral humana por una reorientación moral  e intelectual que nos lleve a vivir en paz, en solidaridad, en seguridad, en democracia y comprensión con los demás hombres».

En este contexto, el maestro Méndez Pereira atribuyó siempre ese valor cultural, es carácter nacional, popular, crítico y creativo a la universidad que se abría paso en un país que en aquellas décadas, apenas poblaba el medio millón de habitantes, con un enclave colonial instaurado por los Estados Unidos,  con decenas de bases militares, que en el contexto geopolítico y bélico de la Segunda Guerra Mundial cubrieron todo el territorio del país con sus miles de soldados fuertemente armados; lo cual mediatizaba la soberanía nacional y amenazaba la frágil existencia del Estado panameño.  

A razón de esa realidad, aquel Discurso de Inauguración de la Universidad de Panamá en 1935, expresó claramente su pensamiento nacionalista cuando dijo: «Lo he creído con fe inquebrantable, en las naciones débiles y pequeñas como la nuestra, sobre las cuales se ciernen los nubarrones del imperialismo, la cultura general, la ciencia e investigación significan, más que ninguna otra, autonomía, personalidad y libertad efectivas. Por eso consideré siempre una obra del más elevado patriotismo la creación y formación de nuestra Universidad. Ella constituirá, por derecho propio -ya lo había dicho antes- por su suficiencia y por solidaridad internacional en la cultura, el más avanzado vigía de nuestro pueblo y el más fuerte, consciente y eficaz de nuestro destino».  

Comprendió, además, que la universidad sería el recinto para expresar y desenvolver las energías latentes del patriotismo, donde además se estimularían las capacidades creadoras e innovadoras para la acción. La concibió este claustro del saber, como el epicentro cultural del pueblo panameño, claramente registrado en aquel fragmento de su discurso alusivo a la Misión de la Universidad y de la Cultura de 1953 que a la letra dice: «Yo he querido, desde que la concebí, y lo he dicho repetidas veces que la Universidad de Panamá, llegué a ser esto, la casa de la cultura del pueblo, la antena de sus afanes, dolores, alegrías y esperanzas, la fragua encendida de nuestro destino, el centro de estudio de los problemas panameños, la atalaya y fortaleza de nuestras libertades, la fuente de rebeldías sanas y de serenidad espiritual de los jóvenes por su recia contextura moral e intelectual, pueden emprender la obra de nuestra regeneración».  

El propósito central de Méndez Pereira siempre fue democratizar la educación universitaria, lograr que las clases populares y más humildes ingresaran a la universidad estatal para formarlos como los educadores, médicos, abogados, administradores de empresas públicas y privadas, humanistas en la sociología, la filosofía, la historia, los veterinarios, odontólogos, ingenieros, arquitectos, agrónomos, científicos, y muchos otros más profesionales idóneos y capacitados para el futuro y el desarrollo naciente de nuestro país. 

El maestro y «Forjador de Juventudes», en su momento señaló que: «La educación es el más fructífero y el más trascendental de los servicios del Estado». En ese sentido impulsó una universidad popular impregnada en lo cultural, en lo académico, científico, con conciencia crítica, democrática, igualitaria, política, y participativa, con visión futurista, de carácter social, solidario, tolerante, libre, autocrítica y autónoma; donde se formasen integralmente los hombres y mujeres con principios, valores éticos, morales, patrióticos y nacionalistas. Una universidad constituida como el epicentro del análisis y de la orientación frente a los grandes debates sobre de los problemas y acontecimientos nacionales e internacionales.  

En su honor y reconocimiento a ese gran aporte, a su legado histórico, nacionalista y académico; el Campus Central de la Universidad de Panamá lleva su nombre. Y el Concejo Académico de nuestra máxima casa de estudios en el 2014, aprobó la creación institucional del Premio Nacional de Literatura Octavio Méndez Pereira, en los 5 géneros literarios (poesía, cuento, novela, teatro y ensayo). Existe, además, el Monumento en hormigón dedicado a Octavio Méndez Pereira, del autor Estanislao Arias Peña (QEPD) ubicado a un costado de la Biblioteca Interamericana Simón Bolívar. También existe La Orden Municipal Octavio Méndez Pereira, del Consejo Municipal de Panamá, que reconoce a los educadores de larga trayectoria al servicio de los estudiantes de todo el país.    

Cabe destacar, además, que en el trayecto de su carrera diplomática llegó a ser Ministro Plenipotenciario en los países de Chile, Francia y Gran Bretaña, y también representó al país en la Sociedad de Naciones y en la Organización de Naciones Unidas en el año de 1946. Fue también Presidente de la Academia Panameña de la Historia y miembro fundador de la Academia de la Lengua.  Además escribió numerosas obras de gran calidad e interés académico como: Historia de Iberoamérica, Cervantes y el Quijote apócrifo, Parnaso panameño publicado en 1916. Por sus cualidades literarias, se le consideró como uno de los más eminentes cervantófilos hispanoamericanos. 

En esa dimensión literaria, Méndez Pereira fue admirador y difusor de las obras de José Martí, Sor Juana Inés de la Cruz, José Toribio Medina, Víctor Hugo, Rubén Darío, José Santos Chocano, y la poetisa panameña Amelia Denis de Icaza.  

Han pasado 81 años, desde la creación de la Universidad de Panamá, mediante Decreto Ejecutivo N° 29, del 29 de mayo de 1935, bajo la administración del entonces Presidente de la República Harmodio Árias Madrid. Esta gran obra que Octavio Méndez Pereira impulsó y que otorgó a la educación nacional, como pedestal importante en el conocimiento, ha demostrado en el transcurrir de las décadas (pese a las adversidades políticas, mediáticas y económicas), que sigue siendo el recinto superior de la formación académica e integral del pueblo panameño, sigue siendo aquel espacio del debate y de las ideas, del pensamiento crítico, el arte, la ciencia y la cultura, con sentido nacional y con sentido universal.

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Octavio Méndez Pereira, nació un 30 de agosto de 1887 y falleció, el 14 de agosto de 1954.

Fue el primer Rector de la Universidad de Panamá desde su creación, en 1935, hasta que falleció, salvo dos interrupciones relativamente breves, motivadas políticamente, al comenzar las décadas de 1940, (la primera), y de 1950, después.

 

*Publicista y Comunicador Social, con especialidad en Docencia Superior.

 

 


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