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El binomio fenomenal – noumenal

Por: Mauro Zuñiga | Publicado el: 27 julio 2026



Si observamos a la distancia humo no sería la auténtica realidad, sino el potencial fuego que lo produce y que no estamos percibiendo, según el filósofo Immanuel Kant, quien sostenía que solo tenemos intuiciones sensibles y no intelectuales. Solo podemos imaginar o sospechar que el fuego produce el humo, pero no podemos conocer la naturaleza de lo que lo produce, aunque la razón por su lógica interna aspira a una unidad mayor del conocimiento por el “uso regulatorio de las ideas”.

El humo sería el mundo fenomenal y el fuego el mundo noumenal, la auténtica realidad que no podemos conocer, las cosas en sí. No percibimos las cosas tal como son porque, según Kant, poseemos un sistema automático de filtros en la conciencia denominados “categorías” y “formas de percepción”.

De igual forma, podemos imaginar lo que dos o más personas conversan a la distancia, pero no podemos conocer la naturaleza de lo que dicen, sentando las bases para el sufragio universal moderno al violentar los postkantianos la advertencia de Kant que no podían descubrir la esencia del noúmeno.

“Los posteriores filósofos idealistas alemanes (Fitche, Schelling y Hegel) desestimaron la advertencia de Kant sobre la imposibilidad de experimentar intuiciones intelectuales y de conocer el noúmeno; con ello se les abrieron de par en par amplias puertas hacia la arbitrariedad más absoluta, y acabaron hablando de espíritus universales que se despliegan en la historia y otras cosas que se pusieron muy de moda”, aclaró el intérprete kantiano Joan Solé.

Aristóteles había establecido que la metafísica consistía en una fusión entre teología natural como primer motor inmóvil y una pretendida ciencia universal capaz de ocuparse de todo lo real (absolutismo de la naturaleza) sin restricción alguna (validez de los sentidos como axioma) del ser en cuanto al ser y los atributos que le pertenecen; Tomás de Aquino agregó la teología revelada a la unidad alma cuerpo, pero a partir del siglo XIV los voluntaristas y nominalistas rompen con la unidad y conservan las creencias sobrenaturales suprasensibles en contraposición al pecaminoso mundo secular.

Kant demuele esta metafísica dogmática en la “Dialéctica trascendental” porque “no es posible como saber científico objetivo aplicado a las realidades suprasensibles porque el conocimiento solo puede existir cuando parte de la experiencia sensible (mundo fenomenal), y eso porque solo tenemos intuiciones sensibles registradas en el espacio y en el tiempo, no intuiciones intelectuales de objetos extrasensibles”, indicó Solé.

“Metafísica para Kant tiene dos significados: por una parte, pseudociencia referida a entidades suprasensibles; por otra, examen del conocimiento a priori, es decir, criticismo trascendental. La sección titulada Dialéctica trascendental derriba todas las pretensiones ilegítimas que la metafísica dogmática tenía de ser un conocimiento sólido”, agregó.

Kant niega que la metafísica sea una ciencia desmeritando los remanentes esfuerzos de los aristotélicos de seguir perfeccionando una teoría realista de los universales y preparando el camino de la modernidad sin una teoría objetiva de los conceptos como requisito “sine qua non” para desarrollar un lenguaje matemático en las ciencias particulares.

“El hombre que cerró la puerta de la filosofía a la razón fue Immanuel Kant. En todos sus aspectos fundamentales, la filosofía de Kant es exactamente lo opuesto a Objetivismo”, advertía Ayn Rand. También al aristotelismo.

“El mundo “fenomenal”, dijo Kant, no es real: la realidad, como la percibe la mente del hombre, es una distorsión. El mecanismo de distorsión es la facultad conceptual del hombre: los conceptos básicos del hombre (como tiempo, espacio, existencia) no se derivan de la experiencia de la realidad, sino que proceden de un sistema automático de filtros en su consciencia (denominados “categorías” y “formas de percepción”) que le imponen su propio diseño a la percepción que tiene el hombre del mundo exterior, haciendo que el hombre sea incapaz de percibir ese mundo exterior de forma diferente a como de hecho lo percibe. Esto demuestra, dice Kant, que los conceptos del hombre son sólo un espejismo, y además un espejismo colectivo, del cual nadie tiene el poder de escapar. Por lo tanto, la razón y la ciencia son “limitadas”, dijo Kant; son válidas mientras traten con este mundo, con un espejismo colectivo, permanente y predeterminado (y así es como el criterio para validar la razón fue cambiado de lo objetivo a lo colectivo), pero son impotentes para tratar con los asuntos fundamentales y metafísicos de la existencia, que pertenecen al mundo “noumenal”. El mundo “noumenal” es incognoscible; es el mundo de la realidad “verdadera”, de la verdad “superior”, y de las “cosas en sí mismas” o las “cosas como son” – lo que quiere decir: las cosas como no son percibidas por el hombre”, explicó Rand.

El noúmeno es un no – fenómeno, límite de la intuición o percepción, del propio conocimiento. Implica que no tiene sentido preguntarse si la realidad es más amplia que el alcance del conocimiento sensible, porque es una pregunta irrelevante.

“Los noúmenos no son cosas o entidades distintas a los fenómenos. No existen en el espacio ni en el tiempo ni pueden ser conceptualizados porque no hay intuiciones intelectuales, no pueden ser conocidos ni pensados ni siquiera cabe decir que existan fuera de la intuición”, señaló Solé.

Para Kant sería una pregunta irrelevante la siguiente: Si el universo se está expandiendo, ¿qué hay fuera del universo, es decir, dentro de qué se está expandiendo? La respuesta desarmada que ofrece un físico es un no universo en el sentido de límite del universo en expansión: el universo se expande en el no universo: el mundo fenomenal se expande en el mundo noumenal.

“La premisa implícita, pero no admitida, de los neomísticos de la filosofía moderna, es la noción de que sólo una consciencia inefable puede adquirir un conocimiento válido de la realidad, que el “verdadero” conocimiento tiene que carecer de causa, o sea, tiene que ser adquirido sin ningún medio de conocimiento. Todo el montaje del sistema de Kant, como si fuera un hipopótamo haciendo la danza del vientre, va dando sus volteos mientras se apoya en un solo punto: que el conocimiento del hombre no es válido porque su consciencia posee identidad”, polemiza Rand.

Rand explicó cómo las premisas que fue dejando Kant fueron recogida por los postkantianos para desarrollar las doctrinas de las ideologías como secularizaciones del idealismo alemán, que culminarían en las dos espantosas guerras mundiales.

“Filósofos posteriores aceptaron esencialmente el enfoque de Kant, pero lo llevaron un paso más adelante. Si, muchos argumentaron, la estructura de la mente es un dato bruto, que no puede ser explicado – como Kant había dicho – entonces no hay razón para que todos los hombres deban tener la misma estructura mental. No hay razón para que la humanidad no deba ser fragmentada en grupos que compitan entre sí, cada uno de ellos definido por su propio tipo de consciencia distintiva, cada uno luchando con los otros para capturar y controlar la realidad.

El primer movimiento a nivel mundial que pluralizó así la posición kantiana fue el marxismo, que propuso un subjetivismo social en términos de clases económicas compitiendo entre sí. En este tema, como en muchos otros, los nazis siguen los pasos de los marxistas, pero sustituyendo raza por clase”, detalló.

En tanto, el discípulo de Rand, Leonard Piekoff, agregó: “Kant, rodeado por la Ilustración, no desarrolló las implicaciones políticas de su filosofía. Sus seguidores, sin embargo, no tuvieron ningún problema en ver el asunto; a partir de las premisas que Kant suministró, Fichte, Hegel, Marx (y Bismarck) extrajeron la conclusión. Y así es como aparecen los dos movimientos más apasionadamente anti-libertad de la historia, el Comunismo y el Fascismo, junto con todos sus menores antecesores y condiscípulos estatistas del bienestar.

El estatismo moderno emanó, como tenía que hacerlo, de la “tierra de poetas y filósofos”. La razón no es la “depravación innata” de los alemanes, sino la naturaleza de su principal filósofo. Tanto se ha perdido tan rápido. En poquísimo tiempo, Occidente pasó de “la paz perpetua” a la guerra perpetua; del éxtasis de Víctor Hugo a la lengua en el trasero de Molly Bloom [personaje de Ulysses, de James Joyce]; de estar acostumbrado al progreso, a estar acostumbrado a Auschwitz”.

Ayn Rand es a Aristóteles lo que Kant es a Platón. Ambos lados de este duelo perenne, en su forma más pura, finalmente han quedado explícitos. La filosofía de Kant es platonismo sin paganismo. La filosofía de Ayn Rand es aristotelismo sin platonismo.

El autor es Magíster y Docente de la escuela de Periodismo de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá.

 

 

 

 

 

 

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