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Del aula a la empresa

Por: José Rolando González Chang | Publicado el: 01 octubre 2026



Durante muchos años, aprender contabilidad significó dominar cuentas, débitos, créditos, registros, balances y procedimientos. Estos conocimientos continúan siendo indispensables para la formación de un contador. Sin embargo, el mundo empresarial ha cambiado y la pregunta que debemos hacernos en las aulas universitarias es mucho más profunda: ¿estamos preparando estudiantes para aprobar una asignatura o para resolver los problemas contables que encontrarán cuando lleguen a una empresa?

Un estudiante puede obtener una excelente calificación realizando ejercicios contables estructurados, con datos perfectamente organizados y una respuesta esperada. Pero en una empresa difícilmente encontrará situaciones tan ordenadas. Allí los datos pueden estar incompletos, existir información contradictoria, aparecer problemas de liquidez, errores en registros, inventarios sin conciliar, clientes morosos o decisiones administrativas que requieren interpretar información financiera.

La empresa no entrega problemas de opción múltiple. Por eso, la enseñanza de la contabilidad necesita acercar progresivamente el aula a la realidad.

Existe una diferencia fundamental entre resolver un ejercicio y resolver un problema empresarial. En un ejercicio tradicional, el estudiante recibe los datos necesarios y debe aplicar un procedimiento conocido. En un problema real, primero debe determinar qué información necesita, identificar qué está sucediendo, evaluar alternativas y justificar una decisión. Esta diferencia es fundamental para desarrollar competencias profesionales.

La Federación Internacional de Contadores (IFAC, 2026) establece dentro de las competencias profesionales del contador capacidades relacionadas con la aplicación de principios contables, la elaboración y análisis de información financiera, la gestión de costos, la planificación y la toma de decisiones.

Esto significa que la formación contable no puede limitarse a enseñar cómo registrar una operación. También debe enseñar qué significa esa operación y qué consecuencias puede tener para una organización.

La transformación tecnológica también está modificando el perfil profesional. Los sistemas contables pueden automatizar numerosas tareas relacionadas con registros, conciliaciones, generación de reportes y procesamiento de información. La inteligencia artificial y la analítica de datos están ampliando todavía más estas posibilidades.

Esto no significa que el contador deje de ser necesario. Significa que el valor profesional se desplaza progresivamente desde la ejecución mecánica hacia la interpretación, el análisis, el juicio profesional y el asesoramiento para la toma de decisiones.

La International Federation of Accountants (IFAC, 2024) ha destacado la necesidad de que los profesionales contables desarrollen competencias que les permitan responder a los cambios tecnológicos y a las nuevas demandas de las organizaciones.

Por ello, si la tecnología puede procesar información con rapidez, la universidad debe fortalecer aquello que difícilmente puede reducirse a una simple automatización: la capacidad de analizar, cuestionar, comunicar y decidir.

Existe otro aspecto que merece atención: en muchas actividades académicas, el estudiante recibe información limpia y ordenada. La realidad empresarial es diferente.

Una factura puede estar mal elaborada. Un inventario puede presentar diferencias. Una cuenta bancaria puede no coincidir con los registros internos. Un proveedor puede reclamar un saldo que la empresa considera cancelado. Una transacción puede estar registrada en una cuenta incorrecta. ¿Debería el estudiante trabajar exclusivamente con información perfecta?

Probablemente no.

Los casos académicos deberían incorporar progresivamente información incompleta, inconsistencias y situaciones ambiguas que obliguen al futuro contador a investigar. Aprender a identificar un error es tan importante como aprender a registrar correctamente una operación.

El aprendizaje basado en problemas constituye una alternativa particularmente interesante para la educación contable. En lugar de comenzar con una explicación teórica y finalizar con ejercicios repetitivos, el profesor puede presentar una situación empresarial y convertirla en el punto de partida del aprendizaje.

En Panamá, esta discusión tiene particular importancia debido al peso de las micro, pequeñas y medianas empresas y del emprendimiento en la actividad económica. Los estudiantes necesitan conocer situaciones cercanas a su contexto: empresas familiares, pequeños comercios, negocios de alimentos, emprendimientos digitales, empresas de servicios, actividades informales en proceso de formalización y organizaciones que deben enfrentar problemas de liquidez, inventario, tributación y control interno.

Una formación contextualizada permite que el estudiante comprenda que la contabilidad no es una disciplina abstracta.

Detrás de cada registro existe una decisión.

Detrás de cada estado financiero existe una organización.

Y detrás de cada número puede existir un problema que necesita ser comprendido.

Esta transformación no significa eliminar la teoría. Significa utilizarla de otra manera. El profesor continúa siendo responsable de enseñar los fundamentos contables, pero también puede convertirse en facilitador, orientador y diseñador de experiencias de aprendizaje.

Los casos empresariales, simulaciones, proyectos, análisis de estados financieros, visitas empresariales, entrevistas con profesionales y resolución de problemas pueden acercar el aula al entorno laboral.

La educación superior debe desarrollar no solamente conocimientos técnicos, sino también capacidades de comunicación, pensamiento crítico, análisis y resolución de problemas. Estos elementos forman parte de las competencias profesionales que actualmente se esperan de los contadores (IFAC, 2026).

Tal vez uno de los mayores desafíos de la educación contable sea cambiar una pregunta que durante mucho tiempo ha dominado el aula: “¿Cuál es el resultado?”

En el mundo empresarial necesitamos agregar otras:

  • ¿Qué significa ese resultado?
  • ¿Por qué ocurrió?
  • ¿Qué riesgos existen?
  • ¿Qué alternativas tiene la empresa?
  • ¿Qué decisión recomendaría usted y por qué?

Ahí comienza verdaderamente el aprendizaje profesional.

La contabilidad no puede quedarse encerrada en los libros de texto. Debe entrar en las empresas, en los emprendimientos, en los problemas financieros y en las decisiones que afectan a las organizaciones.

El estudiante que aprende únicamente a cuadrar cifras puede saber contabilidad. Pero el estudiante que aprende a interpretar esas cifras, identificar problemas y proponer soluciones está comenzando a ejercer como profesional. La universidad tiene, por tanto, una responsabilidad que va más allá de enseñar contenidos: debe construir puentes entre el conocimiento y la realidad.

Porque cuando el estudiante abandona el aula, nadie le preguntará cuántos ejercicios resolvió correctamente.

Le preguntarán algo mucho más difícil:

“Tenemos este problema. ¿Qué nos dicen los números y qué debemos hacer?”

Y para responder esa pregunta, la contabilidad debe haber sido aprendida no solamente desde el libro, sino también desde la realidad.

Referencias

International Federation of Accountants. (2024). Technology and the future of the accounting profession. IFAC.

International Federation of Accountants. (2026). 2026 handbook of international education standards for professional accountants. IFAC.

International Federation of Accountants. (2026). IES 2: Initial professional development—Technical competence. IFAC.

Organisation for Economic Co-operation and Development. (2023). OECD skills outlook 2023: Skills for a resilient green and digital transition. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/27452f29-en

 

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