Guararé en América Latina: pionero del festival folclórico nacional
Guararé en América Latina: pionero del festival folclórico nacional
Cada septiembre, Guararé deja de ser solamente un pueblo de la provincia de Los Santos para convertirse en uno de los principales puntos de encuentro de las manifestaciones tradicionales de Panamá. Música, canto, décima, mejorana, tambor, acordeón, indumentarias, carretas, artesanías, gastronomía, investigación y delegaciones de distintas regiones confluyen durante varios días en torno a una celebración estrechamente vinculada con las fiestas patronales de la Virgen de las Mercedes.
El Festival Nacional de la Mejorana se celebra desde 1949, por iniciativa del folclorólogo Manuel F. Zárate. Desde sus primeras ediciones estuvo orientado a reunir y exaltar las expresiones tradicionales del país. Actualmente, el Sistema de Información Cultural del Ministerio de Cultura lo reconoce como una manifestación de alcance nacional en la que participan delegaciones invitadas, concursos musicales, investigación, estampas, carretas y otras expresiones de la diversidad cultural panameña (Ministerio de Cultura de Panamá, 2024).
La importancia de Guararé adquiere otra dimensión cuando el Festival se sitúa dentro de la historia latinoamericana de las grandes celebraciones institucionalizadas del folclore durante el siglo XX. La comparación permite advertir dos características. La Mejorana pertenece a una primera generación de grandes encuentros culturales y folclóricos latinoamericanos surgidos entre las décadas de 1930 y 1940. Además, dentro de los casos examinados, Guararé aparece como el festival periódico más temprano localizado que combina vocación nacional, representación de distintas regiones del país y diversidad de manifestaciones tradicionales.
Una primera generación de grandes celebraciones
En América Latina existían fiestas populares, religiosas y tradicionales mucho antes del siglo XX; algunas poseen orígenes coloniales o incluso prehispánicos. Entre las décadas de 1930 y 1940, sin embargo, comenzó a advertirse otro fenómeno: la creación o institucionalización de eventos destinados conscientemente a representar, preservar y proyectar públicamente el folclore y las identidades culturales.
Un ejemplo temprano es la Guelaguetza de Oaxaca, en México. Su configuración institucional contemporánea se remonta a 1932, cuando se organizó el denominado Homenaje Racial con motivo del cuarto centenario de la ciudad de Oaxaca. Desde entonces, la celebración se convirtió en un espacio anual con delegaciones procedentes de las distintas regiones oaxaqueñas (Secretaría de Cultura de México, 2019).
La Guelaguetza constituye uno de los grandes antecedentes latinoamericanos de este tipo de celebraciones. Su ámbito representativo, no obstante, es fundamentalmente regional: congrega expresiones de las ocho regiones del estado de Oaxaca —Cañada, Costa, Istmo, Mixteca, Papaloapan, Sierra Norte, Sierra Sur y Valles Centrales— y no fue concebida como una reunión de las manifestaciones tradicionales de todos los estados mexicanos (Secretaría de Cultura de México, 2019).
Otro antecedente se encuentra en Argentina. La Fiesta de la Vendimia de Mendoza fue institucionalizada en 1936, aunque existían celebraciones anteriores relacionadas con la cosecha de la vid. Su eje identitario es la cultura mendocina: la uva, el vino, el trabajo de productores y cosechadores y las distintas localidades de la provincia. El propio Gobierno de Mendoza la describe como una fiesta típicamente mendocina que celebra la transformación de la uva en vino mediante el trabajo de sus productores (Gobierno de Mendoza, 2023).
También en Argentina nació, en 1939, la Fiesta de la Tradición de San Antonio de Areco, considerada por el Gobierno argentino como la festividad criolla más antigua del país. Su primera edición reunió principalmente a terratenientes y gauchos en los alrededores de San Antonio de Areco, y su matriz cultural está estrechamente ligada al universo gauchesco y criollo (Ministerio de Turismo y Deportes de Argentina, 2022).
Estos casos son anteriores a Guararé y deben formar parte de cualquier comparación histórica seria. Ninguno, sin embargo, corresponde exactamente al formato que desarrollaría la Mejorana: la Guelaguetza representa primordialmente la diversidad interna de Oaxaca; la Vendimia gira alrededor de la identidad vitivinícola de Mendoza; y San Antonio de Areco tiene como núcleo histórico la tradición gauchesca.
Chile y la dimensión académica del folclore
En 1946, la Universidad de Chile desarrolló en Santiago la Semana del Folklore Chileno, organizada dentro de las actividades del Instituto de Investigaciones del Folklore Musical. Su relevancia radica en que muestra cómo, antes de 1950, el folclore comenzaba también a ocupar espacios académicos e institucionales en América Latina (Universidad de Chile, 1946).
Aquella Semana del Folklore, sin embargo, no constituyó el inicio de un festival nacional periódico semejante al modelo guarareño. La propia cronología de la Biblioteca Nacional de Chile sitúa en 1968 la primera versión del denominado Festival Nacional del Folklore, realizado inicialmente en Talagante y organizado por la Confederación Nacional de Conjuntos Folklóricos (Biblioteca Nacional de Chile, s. f.). Conviene, por tanto, distinguir entre actividad académica, acontecimiento extraordinario y festival periódico al comparar los casos latinoamericanos.
Venezuela, 1948: el antecedente nacional más cercano
Un año antes de la creación del Festival de la Mejorana ocurrió en Venezuela un acontecimiento particularmente importante. Entre el 17 y el 18 de febrero de 1948, Caracas acogió la Fiesta de la Tradición: Cantos y Danzas de Venezuela, organizada por el escritor e investigador Juan Liscano como parte de los actos relacionados con la toma de posesión del presidente Rómulo Gallegos. El historiador Reinaldo Rojas ha demostrado que aquel encuentro reunió, por primera vez, manifestaciones folclóricas de distintas regiones venezolanas y las presentó simbólicamente como parte de una cultura nacional (Rojas, 2018).
Por su concepción nacional y multirregional, la Fiesta de la Tradición venezolana constituye el antecedente latinoamericano más cercano localizado hasta ahora respecto de lo que ocurriría al año siguiente en Guararé. La diferencia es esencial: el acontecimiento venezolano de 1948 estuvo vinculado con una coyuntura extraordinaria y no dio origen entonces a una serie anual y permanente de festivales bajo ese mismo formato (Rojas, 2018). Esa distinción ayuda a precisar la singularidad panameña.
Guararé, 1949: de un acontecimiento a una institución periódica
En septiembre de 1949 se celebró en Guararé el primer Festival de la Mejorana. Manuel F. Zárate explicó posteriormente que la iniciativa había cristalizado la idea de reunir, en un «vasto escenario natural», grupos representativos de diferentes pueblos del interior para que mostraran sus artes y destrezas. También señaló que, desde aquella primera edición, los festivales continuaron celebrándose todos los años en septiembre (Zárate, 1962).
El testimonio resulta especialmente significativo porque procede del propio creador del Festival. No se trata solo de una interpretación retrospectiva: Zárate explicó que la intención era reunir en Guararé grupos representativos de distintos pueblos y diversas manifestaciones tradicionales.
Otra fuente panameña resume el proyecto de manera semejante. Sus conceptualizadores buscaban rescatar, exaltar y promover las tradiciones y la cultura popular, de modo que, en una misma fecha y en un mismo escenario, pudieran mostrarse diversas tradiciones de la cultura panameña (Ministerio de Educación de Panamá, s. f.).
Fuentes Ruiz (2020), desde el Centro Regional Universitario de Azuero de la Universidad de Panamá, señala que en 1949 comenzaron a presentarse en el Festival Nacional de la Mejorana representaciones folclóricas provenientes de todo el país. Asimismo, explica que las delegaciones que acompañaban las carretas participaban con música y cantos interpretados únicamente con instrumentos folclóricos panameños.
Aquí aparece la diferencia fundamental con varios de los antecedentes anteriores:
Guararé reunió periodicidad, alcance nacional, representación multirregional y diversidad de expresiones tradicionales.
No se trataba únicamente de exaltar una cosecha, una expresión regional, una tradición étnica particular o un solo género artístico. La aspiración era reunir manifestaciones procedentes de diferentes puntos de Panamá y repetir periódicamente ese encuentro.
¿El primero de América Latina en este formato?
A partir de la documentación examinada en distintos países de América Latina y de los antecedentes históricos localizados hasta la fecha, el Festival Nacional de la Mejorana, fundado en Guararé en 1949, puede ser reconocido como el festival folclórico periódico más temprano documentado que articuló, de manera sistemática, una representación de alcance nacional, la concurrencia de delegaciones procedentes de diversas regiones del país y la exhibición simultánea de múltiples manifestaciones tradicionales. La investigación realizada no ha identificado, hasta el momento, ningún antecedente latinoamericano anterior que reúna conjuntamente estas condiciones en un evento recurrente. En este sentido, Guararé se configura como el primer caso documentado en América Latina de un festival folclórico de formato nacional integrador, es decir, un encuentro periódico concebido para representar, en un mismo escenario y de forma continuada, la diversidad cultural de toda la nación.
La conclusión surge de comparar el festival de Guararé con los antecedentes de Oaxaca, Mendoza, San Antonio de Areco, Chile y Venezuela, así como con los festivales nacionales que aparecerían posteriormente. No significa que antes de 1949 no existieran fiestas folclóricas importantes, sino que, entre los casos documentados examinados, ninguno reúne antes de Guararé exactamente esa combinación de características de manera periódica (Gobierno de Mendoza, 2023.; Ministerio de Turismo y Deportes de Argentina, 2022; Rojas, 2018; Secretaría de Cultura de México, 2019; Universidad de Chile, 1946; Zárate, 1962).
El Festival Nacional de la Mejorana puede situarse así en dos momentos históricos simultáneamente: pertenece a la primera generación de grandes celebraciones latinoamericanas dedicadas institucionalmente al folclore y, a la vez, representa un formato pionero de festival nacional integrador.
Los festivales nacionales que vendrían después
La comparación con acontecimientos posteriores refuerza esa interpretación.
En Colombia, la primera versión del Festival Folclórico Colombiano de Ibagué tuvo lugar en 1959. Surgió en el contexto del departamento del Tolima y posteriormente incorporó representantes de diferentes departamentos colombianos (Festival Folclórico Colombiano, s. f.).
En Argentina nació, en 1961, el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, uno de los paralelos más interesantes con Guararé. Desde su primera edición, sus organizadores se propusieron crear un espectáculo de folclore nacional que combinara canto, música y danza procedentes de todo el país. Incorporó, además, un programa cultural con ateneo folclórico, seminarios, conferencias, artesanías y otras actividades (Fundación Konex, s. f.). Cosquín comparte, por tanto, elementos esenciales con el modelo nacional e integrador de la Mejorana, pero comenzó doce años después de Guararé.
En Brasil, el Festival do Folclore de Olímpia comenzó en 1965 por iniciativa del profesor y folclorista José Sant’Anna. Con el transcurso de los años adquirió proyección nacional y actualmente congrega grupos folclóricos y parafolclóricos procedentes de distintos estados y regiones de Brasil (Prefeitura da Estância Turística de Olímpia, s. f.).
En Chile, la cronología de Memoria Chilena, de la Biblioteca Nacional de Chile, sitúa en 1968 la primera versión del Festival Nacional del Folklore, realizada en Talagante y organizada por la Confederación Nacional de Conjuntos Folklóricos. El festival tendría posteriormente continuidad en San Bernardo, donde se celebró su primera edición en 1972 (Biblioteca Nacional de Chile, s. f.). En Guatemala, el Festival Folklórico Nacional de Cobán, hoy estrechamente asociado con Rab'in Ajaw y la representación de los pueblos originarios, se celebra desde 1969 (Vicente, 2026). En Uruguay, el Festival Nacional de Folclore de Durazno tuvo su primera edición en enero de 1973 (Correa Morales, 2016).
Vista en esta secuencia, la fecha de 1949 deja de ser solamente un dato de la historia cultural panameña. Adquiere dimensión continental.
De Guararé para Panamá
La evolución posterior confirmó aquella vocación nacional. En 2003, mediante la Ley 17, el Estado panameño declaró oficialmente al Festival Nacional de la Mejorana Fiesta de la Tradición Nacional. La norma ratificó los concursos destinados a preservar, promover, enseñar y divulgar las costumbres y tradiciones de Panamá; estableció facilidades para alojar a delegaciones procedentes de todo el país y contempló intercambios con agrupaciones culturales y folclóricas extranjeras (Ley 17 de 2003).
Es significativo que una idea nacida en un pueblo santeño en 1949 terminara recibiendo reconocimiento jurídico como celebración de la tradición nacional.
Guararé pertenece a aquella primera generación latinoamericana que comenzó a transformar el folclore en objeto de estudio, representación pública, transmisión y reconocimiento institucional. Su singularidad, sin embargo, va más allá de la antigüedad: dentro de la revisión comparativa realizada, aparece como el antecedente periódico más temprano de un festival de formato nacional, multirregional e integrador.
Cuando termina la Mejorana, cada manifestación regresa a su pueblo, su provincia, su comarca y su propia historia. Durante esos días de septiembre, Guararé se transforma en una casa común y cuna del folclore panameño. Y desde 1949, esa casa y esa cuna ocupan también un lugar que merece ser reconocido dentro de la historia de los grandes festivales folclóricos de América Latina.
El autor, es doctor en Ciencias de la Comunicación Social, profesor de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá y especialista en medios de comunicación y cultura. Ha dedicado parte de su vida a la promoción y preservación del patrimonio cultural panameño, tanto material como inmaterial, a través del audiovisual.


