Edith: encarnación del trabajo y la humildad
A sus 46 años, Edith Cortés de Barrios, trabajadora manual en la Escuela de Agua Buena, corregimiento de Los Santos, es un ejemplo de humildad, liderazgo y amor al prójimo.
Nacida en la ciudad de Panamá, especÃficamente en el corregimiento de Calidonia, pero con muchos años de residir en el interior, esta admirable mujer encarna los ideales que afloran en el alma de quienes enrumban sus proyectos por la senda de la lucha diaria, en aras de mejores dÃas para su familia y la comunidad.
Con nostalgia, recuerda la dura infancia que experimentó. Es la menor de seis hermanas y, desde muy temprano, el sufrimiento fue su compañero inseparable, ya que su madre murió cuando ella solo tenÃa siete años y conoció a su padre a los dieciséis.Â
EDUCACIÓN
Pese a las carencias económicas y las de afecto, que amenazaban con condenarla a una existencia sombrÃa, su determinación por ser alguien en la vida y servir a la sociedad es la herramienta principal que la ha mantenido a flote frente a las adversidades.Â
«Ceci», como cariñosamente es conocida, se educó con una de sus hermanas y con mucho sacrificio obtuvo el tÃtulo de Bachiller en Comercio con énfasis en Informática. La escasez de recursos ha frenado su deseo de ser una Técnica en Asistencia Odontológica, por lo que apela al espÃritu de solidaridad de las autoridades de la Universidad de Panamá, para buscar los mecanismos que le permitan cumplir este sueño, lo que le facilitarÃa una mejor calidad de vida a su familia, compuesta por su esposo y tres hijos.Â
Agradece profundamente el apoyo ofrecido por el Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH), a través del cual ha continuado preparándose, con cursos de Informática y, próximamente, con estudios de idioma Inglés, impartidos en esta institución gubernamental, regida por el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral.Â
Hoy,  gracias a su tesón, Edith asimila mejor la pobreza, ya que la ha vivido en carne propia. Sabe lo que es no tener prácticamente medios para sobrevivir, pero también conoce muy bien lo que es luchar «con uñas y dientes» para ser alguien y llevar el sustento a su hogar.Â
TRABAJO
Desde temprana edad, la habilidad de Edith para interactuar con las personas le fueron abriendo las puertas para laborar en casas de familia, restaurantes y hasta como despachadora en estaciones de combustible.
Siempre con una actitud positiva, ha aprovechado las oportunidades, ganándose con su sencillez el respeto y confianza de sus superiores, lo que le ha llevado a ser prácticamente una asistente del director del plantel educativo en el que labora.Â
Adora ser una trabajadora manual, principalmente por los niños con los que se relaciona en el desempeño de sus funciones, a los que define como «su mundo».Â
 «Aunque muchos consideren que ser un trabajador manual es sinónimo de mediocridad, no comparto esta posición, ya que cada dÃa aprendo cosas nuevas al encargarme del ornato y aseo, además de desempeñarme como cocinera, mensajera y hasta consejera del personal docente y educando», manifiesta.Â
Sin embargo, esta alegrÃa y disposición de servicio se ve turbada todos los años, al llegar el fin del periodo escolar, ya que, a pesar de contar con siete años de servicio y una evaluación excelente de su labor, no cuenta con una estabilidad laboral, teniendo que vivir en la zozobra de esperar una nueva contratación. Por ello, hace un llamado a las autoridades nacionales, con miras a lograr una permanencia.Â
EQUIDAD
En un mundo convulsionado por la escasez de valores, Edith confiesa: «se quita el sombrero» ante los hombres que asumen la responsabilidad de ser una figura paterna y materna.Â
Es importante, desde su punto de vista, que el hombre asuma su rol social de protección a las mujeres, respetando el derecho que tienen a ser ellas mismas y a recibir un trato igualitario en todos los aspectos.Considera que la cultura machista, que ha imperado tradicionalmente, ha causado que la mujer tome armas para defenderse, salir adelante y codearse con el sexo masculino en todas las áreas. Prueba de ello es que hoy es común observar féminas como conductoras, albañiles, mecánicos, ebanistas, y tantas otras funciones que anteriormente eran exclusivamente de hombres.Â
Para ella, cada dÃa es más necesaria la unidad familiar y que el hombre y la mujer, además de laborar, compartan las responsabilidades del hogar, ya que, la mayorÃa de las veces, el sexo femenino es etiquetado como el encargado de realizar los quehaceres, mientras que el sexo masculino solo es visto como proveedor.
Para cambiar esta realidad, propone el apoyo y cambio de actitud por parte del sexo masculino, tomando conciencia de la necesidad de brindar el verdadero lugar a la mujer, en cuanto a la igualdad salarial y de oportunidades, lo que beneficiarÃa a la sociedad en general.
LIDERAZGO
Edith es considerada como una lÃder comunitaria, debido a sus destrezas para lograr la unidad de los grupos que ha dirigido, tal como aconteció cuando se desempeñó como presidenta de la Asociación de Padres de Familia de la escuela, en la que nunca tomó decisiones por su cuenta, sino en base a las opiniones de los integrantes y lo que ellos decidieran que debÃa hacerse.
Para ella, la principal cualidad que debe tener un lÃder es saber escuchar y no tener preferencias, ya que, de cualquier opinión expresada, por muy absurda que sea, se desprenden enseñanzas buenas y malas que enriquecen nuestra experiencia.Â
Indica que sus vivencias le han ayudado a ser una persona de bien y ayudar siempre, con una voz de aliento, a quien lo necesita.
«Gracias a Dios tengo salud: cuento con mis manos, mis piernas, mi inteligencia, mi corazón y eso me basta», exclama, orgullosa de su origen y sus logros.Â
Lejos de las cosas materiales y banales, Edith predica con el ejemplo, demostrando que la felicidad no se encuentra definida por los triunfos o derrotas, sino por el aprendizaje que dejan nuestras experiencias y la actitud que asumimos para ayudarnos a ser un poquito mejor cada dÃa.


