La Guerra Contra la Contaminación.


Por: Yerenia Díaz. Estudiante de Periodismo | Publicado el: 17 septiembre 2020 Reportaje

La contaminación se ha convertido en una problemática y preocupación de la salud pública y el verdadero alcance del problema ha salido a la luz en los últimos diez años. Provocando fatídicos efectos en los pulmones las partículas en suspensión, el dióxido de nitrógeno, el ozono troposférico y el dióxido de azufre. Los casos de infarto, ictus y cáncer de pulmón han crecido en paralelo a los inquietantes niveles de sustancias contaminantes en las ciudades europeas.

Estudios recientes han puesto de relieve que la contaminación ?hasta ahora relacionada casi exclusivamente con las enfermedades respiratorias y el asma? también impacta sobre el cerebro. Está muy demostrado el efecto que [la contaminación] tiene sobre el aparato respiratorio y, especialmente, sobre el sistema vascular, pero se ha demostrado que también está ralentizando la actividad de nuestras neuronas.

La contaminación también tiene efectos en el crecimiento prenatal (los fetos pesan menos) e incrementa el riesgo de que haya complicaciones reproductivas. También se ha asociado a varios trastornos en la madre. Después de la exposición prenatal, también hay un efecto posnatal, que se ha visto en el desarrollo neuroconductual. El cerebro está creciendo a una velocidad menor de la esperada.

La exposición a altos niveles de partículas en suspensión en las madres embarazadas y en los niños de dos años puede aumentar, incluso, el riesgo de autismo, según concluye un estudio de la Universidad de Pittsburgh publicado por Science Daily, al igual que en la vida adulta ha aumentado el número de casos de demencia, alzhéimer y Parkinson.

Cada día se fabrican nuevas sustancias sintéticas que antes no existían: El mercurio o el plomo son sustancias de las que los romanos ya estaban altamente contaminados. Pero muchas las hemos creado nosotros. Algunas tienen una vida media larga y un papel de disruptor hormonal muy alto. Podemos encontrarlas en todos lados: en los plásticos, en los cosméticos, en la ropa, en los muebles. Eso explica que en nuestra sangre haya 300 sustancias químicas que no tenían nuestros abuelos.

Sabemos que los niveles de contaminación se deben principalmente al tráfico de vehículos diésel. «Tenemos que librar a las ciudades de los vehículos con esos motores contaminantes. Y, para hacerlo, tenemos que cambiar la manera en la que nos transportamos; la movilidad de las ciudades tiene que transformarse». «Sin embargo, a nivel mundial, el factor ambiental más dañino es la contaminación que se origina en el hogar de las víctimas».

El problema es especialmente grave en los países emergentes como China o India, en los que hay que añadir la polución industrial derivada de las fábricas, las centrales de carbón o la quema de madera. Kirk Smith, catedrático de la Universidad de California, lleva 40 años estudiando los efectos de cocinar con carbón y afirma que «encender un fuego así en la cocina es como quemar 400 cigarrillos por hora.

La explosión demográfica y el ritmo de urbanización anuncian un futuro en el que abundan las megalópolis y las grandes conurbaciones. No podemos dar la espalda a la revolución del transporte sostenible y a la transición hacia las energías renovables. De ser así, la contaminación nos envolverá en una nube de smog que no dejará títere con cabeza.


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