'Alzando Voces': El foro de la UP que expone las brechas de género en la justicia
En una histórica jornada de debate y reflexión, destacadas referentes de las ciencias jurídicas panameñas desglosaron las barreras invisibles y las transformaciones pendientes en las aulas universitarias y la administración de justicia. El evento cerró con un enérgico llamado a romper las estructuras patriarcales y las relaciones verticales en la educación superior.
Con el firme objetivo de visibilizar, cuestionar y redefinir el rol de la mujer dentro del ecosistema legal panameño, estudiantes de tercer año de la carrera de Derecho de la Universidad de Panamá llevaron a cabo una jornada académica organizada por el colectivo estudiantil "Alzando Voces". El espacio sirvió como plataforma de convergencia para que destacadas juristas, académicas y magistradas analizaran críticamente la evolución histórica, los hitos normativos y los techos de cristal que persisten en la abogacía de alta dirección.
El panorama estadístico: Una abrumadora mayoría estudiantil frente a un techo de cristal docente
La apertura del foro estuvo a cargo de la reconocida catedrática, la profesora Anayansi Turner, quien expuso una detallada radiografía estadística de la participación de las mujeres en las aulas y en las estructuras institucionales de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Los datos revelaron una asimetría estructural profunda: si bien el relevo generacional en la base es innegablemente femenino, las cúspides de toma de decisiones jerárquicas siguen monopolizadas por hombres.
De acuerdo con la profesora Turner, durante el primer semestre del año 2023, la facultad registró una matrícula de 1,947 mujeres (63%) frente a 1,137 varones (37%), consolidando un gran total de 3,084 estudiantes. Esta tendencia de ocupación femenina no es nueva; constituye un fenómeno sostenido que inició formalmente en 1996, año en que las mujeres superaron por primera vez el umbral del 50% de la matrícula en dicha unidad académica.
Sin embargo, la expositora denunció que esta proporción de «dos a uno» en el plano discente se invierte dramáticamente al evaluar la conformación del cuerpo de profesores. Turner detalló que, de un universo de 113 docentes en la Facultad de Derecho, 38 son mujeres (34%), mientras que 75 son varones (66%).
«Esta disparidad se traduce en un hito institucional de exclusión: en toda la historia republicana de nuestra facultad, jamás ha existido una decana, habiéndose registrado únicamente una vicedecana en sus registros históricos», subrayó la catedrática.
Trayectorias de impacto: «No entren a una audiencia pidiendo permiso para existir profesionalmente»
El panel principal contó con la participación de la Magíster Ana Matilde Gómez, quien aportó el valor de su experiencia histórica como la primera mujer en ocupar la Procuraduría General de la Nación en la historia del país, además de su trayectoria como diputada independiente y exdecana universitaria. Gómez aprovechó el auditorio para presentar aspectos de su más reciente obra literaria, “Contracorriente: una conversación necesaria”.
«No permitan que nadie reduzca su aspiración profesional al tamaño de los perfiles ajenos. No entren a un aula, a una oficina o a una audiencia pidiendo permiso para existir profesionalmente; entren preparadas, con seguridad en su capacidad de aportar, liderar y transformar el estado de las cosas». — Magíster Ana Matilde Gómez.
La exprocuradora enfatizó que la ciencia jurídica debe entenderse como un modelo de estructura mental sofisticado que faculta a las mujeres para el diseño de políticas de Estado, la alta gerencia pública y la gobernanza, trascendiendo el mero ejercicio del litigio tradicional. Exhortó, además, a crear una férrea columna vertebral ética que resista los embates de la corrupción y la mediocridad del entorno legal.
Transformación cultural e igualdad sustantiva
Por su parte, la Doctora Esmeralda Arosemena de Troitiño, exmagistrada de la Corte Suprema de Justicia y expresidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), aportó un profundo análisis retrospectivo sobre los hitos y conquistas normativas. Recordó, a manera de ejemplo, cómo el Código Civil de 1922 contenía normas que limitaban la capacidad civil y testimonial de las mujeres, tratándolas legalmente bajo figuras de tutela o incapacidad relativa.
Arosemena de Troitiño rememoró su propia transición académica desde las humanidades y la educación hacia las ciencias jurídicas, una decisión impulsada por el ferviente deseo de reformar integralmente las instituciones ligadas a la niñez, la adolescencia y la familia en el país. Bajo su gestión, se impulsaron proyectos de vanguardia como la creación del Tribunal Superior de Niñez y Adolescencia y la instauración de garantías procesales de defensa efectiva.
«La igualdad no quiere decir que somos igualitos o igualitas; somos biológica y culturalmente diferentes, y es precisamente esa diferencia la que el legislador y el administrador público deben atender mediante el análisis crítico y las políticas públicas diferenciadas. Solo así alcanzaremos una igualdad real, efectiva y sustantiva», puntualizó la excomisionada de la CIDH, indicando que el desafío más complejo de la actualidad radica en deconstruir los paradigmas culturales mediante la educación en valores equitativos desde la primera infancia.
Clausura y propuesta de futuro: Hacia un currículo desandrocéntrico y de horizontalidad académica
El cierre magistral del foro estuvo a cargo de la profesora María Antonieta Adames, quien pronunció una alocución cargada de memoria histórica, remembranzas y propuestas de reforma para la Universidad de Panamá. La docente recordó que a finales de la década de los noventa (1998-1999), la facultad articuló los primeros esfuerzos orientados a la creación de espacios de empoderamiento institucional para estudiantes, docentes y administrativas. «Hoy el mensaje es nítido e indiscutible: el contexto nacional nos exige retomar urgentemente esa bandera histórica», enfatizó.
María Antonieta Adames trajo a colación las conclusiones de una investigación de alta relevancia financiada en su momento por un programa de la Unión Europea, titulada «Análisis curricular desde la perspectiva de género en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá». A pesar del tiempo transcurrido, la catedrática expuso tres pilares críticos del estudio que mantienen total vigencia: Desigualdad y exclusión de origen, Jerarquización ideológica de las asignaturas y Desmantelamiento del androcentrismo:
«El proceso de aprendizaje no es, en ninguna circunstancia, un flujo unidireccional. Debemos sepultar las relaciones verticales entre profesores y alumnos para dar paso a relaciones de horizontalidad, debate constructivo y mutuo respeto. El conocimiento se produce de forma conjunta en el aula», concluyó la docente.


